Enrique Marty: Rubens y Goya se habían materializado en mi vida con una fuerza demoledora

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¿Cómo comenzó su relación con el arte?

 Siendo muy niño comencé a tener curiosidad por las pinturas de los antiguos maestros que veía en libros que encontraba. Creo que esta curiosidad puede venir de haber nacido y vivido en una ciudad como Salamanca, donde la historia esta presente por todas partes. Recuerdo ir a misa con mi padre y quedarme abstraído mirando una enorme y maravillosa pintura de José de Ribera que está en el altar. Pero creo que el punto de partida definitivo fue cuando tuve mi primer libro de Rubens, a los 6 o 7 años. Esto fue un shock, una revelación. El segundo libro, poco después, fue una edición comentada de Los Caprichos de Goya. Esa noche me puse literalmente enfermo por la impresión de que aquella maravilla existiera, con una especie de corte de digestión. Esa noche se desató una tormenta mientras soñaba con las imágenes alucinantes de Goya. Parecía que el mundo de Goya hubiera tomado forma en mi vida, en mi entorno. Rubens y Goya me obsesionaban, jugaba a representar los cuadros, me construía trajes y objetos que veía en las pinturas. Rubens y Goya se habían materializado en mi vida con una fuerza demoledora y partir de ahí, supe que sería artista, que nadie podría impedirlo.

 

Lo definen algunos críticos, como un artista incómodo, con todo lo que ello pueda contener. ¿Está de acuerdo con esa mirada sobre su obra?

En parte sí, pero no creo que mi obra sea siempre incomoda. Mas bien inquietante. Para mí es fundamental el concepto Unheimlich de Freud: dentro de un ámbito doméstico, lo ligeramente perturbador, algo que no debería estar allí, pero que una vez superado libera la catarsis. También me parece fundamental cuestionar precisamente qué es la realidad. ¿Es la realidad lo que percibimos con los sentidos? Puede que una pequeña parte sí, pero la mayor parte está escondida y no podemos verla ni oírla. Quizá sí podemos sentirla si estamos en un estado especial. Pero la realidad hay que ponerla entre comillas. En mi obra me gusta hostigarla, acorralarla y ponerla en evidencia.

Volviendo al concepto de incomodidad, podría poner sobre la mesa la pregunta de si es Van Eyck incomodo. Yo creo que sí. Para un espectador distraído, Van Eyck sería un adalid de la belleza, pero en una segunda mirada, mas atenta. Van Eyck nos muestra un mundo inquietante, incluso perturbador. Y podría ir mas allá. ¿Es Botticelli perturbador?, por poner como ejemplo un artista universalmente reconocido como bello e incluso tranquilizador. Nada mas lejos. De nuevo, mirando en profundidad a Botticelli, descubrimos lo inquietante por debajo. Lo que quiero decir con todo esto es que el arte, según mi concepción, debe ser inquietante, como mínimo. No entiendo ese tipo de arte en el que el artista se convierte en una especie de arqueólogo o un archivero amateur y se limita a clasificar cosas de forma bastante ingenua, muy lejos de los verdaderos trabajos científicos.

 

Declaró que: Como observador, estoy en un estado constante de tensión contra las supersticiones de la sociedad. ¿Siente que su obra parte desde ese lugar?

Sí, me defino como un observador. El 50% de mi trabajo es observar, y después volcar en mi obra mi visión sobre lo observado. Tiendo a observar la sociedad en conjunto, pero también a los individuos.  El microcosmos es una representación del macrocosmos y viceversa. Siempre digo que un patio de un colegio es una representación a pequeña escala de la política internacional. Y no puedo evitar ver ciertos actos, revestidos de gran gravedad, elecciones, presidentes, etc., como juegos, que pueden atraer graves consecuencias, pero juegos al fin y al cabo. Tiendo a ver el mundo como un absurdo en el sentido de que nada tiene sentido en sí mismo. Sólo tiene el sentido que nosotros le demos.

Las supersticiones de la sociedad son muchísimas. Ahora estamos en un momento en el que esto es algo muy patente. Asisto fascinado a la sociedad actual. A veces frotándome los ojos, porque no puedo creer lo que veo. El universo es fractal, todo está contenido en todo, cada parte es una representación del todo y el todo es una representación de cada parte. Y a veces me pregunto si la sociedad no será una representación de mí mismo y no seré yo un loco, y no al revés.

Volviendo al concepto de tensión, sí que creo que me encuentro en tensión física y mental frente a la sociedad. Y que utilizó la obra como una terapia para sobrellevarlo. Definitivamente para trascenderla, para dejarla atrás lo más lejos que pueda.

 

Usted es un artista que fusiona diferentes medios visuales. ¿Cómo plantea en su obra esas fusiones? 

Esto es algo que me parece fundamental. No solamente fusionar medios sino estilos y códigos de representación. Si hay algo que no me interesa es intentar mantener una línea estética repetitiva. Esto se hace muchas veces por motivos de mercado. Pero el arte es experimentación, hay que meterse en territorios desconocidos. Quizá a algunos artistas les funcione en su desarrollo el mantener una línea estética. Hay gente que incluso durante sesenta años han pintado prácticamente el mismo cuadro. Repito que esto quizás sea por mercado, o quizás por obsesión. Pero para mí este código no es válido. Si algo aprendí de Picasso es el huir de “estilo”. Picasso pintaba a la vez, en el mismo periodo, de formas muy distintas. Otra revelación importante para mí fue la exposición de Gerhard Richter en el Reina Sofía, creo que en el 91 o 92. En ella pude ver sus pinturas hiperrealistas expuestas al lado de los cuadros abstractos, hechos en el mismo año. Fue una epifanía ver que aquello se podía hacer, que había libertad para no tener que ceñirse a la cárcel del estilo. He cambiado muchas veces de códigos representativos, de formatos y de medios, y, curiosamente, todo el mundo me dice que tengo un estilo muy reconocible. ¿No es irónico?

 

Usted ha dicho: No tengo ninguna intención de provocar, pero sí de remover las entrañas. ¿Cuál sería el límite, si lo tiene, de ese remover entrañas? 

La cuestión es plantear preguntas mas que ofrecer respuestas. La ambigüedad es fundamental para que las escenas lleguen puras al espectador, que debe construir su propia historia. (Siempre digo que la interpretación de la obra por parte del espectador es tan valida como la mía). Una buena pregunta contiene la respuesta en sí misma. Esto es lo mismo que nos ocurre en nuestra existencia. Percibimos las cosas y nos hacemos preguntas. A veces nos censuramos nosotros mismos, y a veces lo hacen otros. Mi obra ha sido censurada muchas veces, en exposiciones. Censura moral, censura política. Por estas experiencias he llegado a la conclusión de que yo, personalmente, no debo censurarme nunca de entrada. Porque quizás ya vengan otros a hacerlo. Recuerdo momentos de gran absurdo referentes a esto. Cierta gente, esos de la línea fría, me da la sensación de que no han entendido nada. No se trata de una provocación, se trata de llegar a las últimas consecuencias.

 

También, afirmó: Lo que ve el espectador es lo que lleva dentro. ¿Usted entiende a su obra como un espejo?

 Cuando alguien me comenta algo de una obra mía, aprendo mucho sobre esa persona. Veo, sí, que la obra es un espejo. Todo el mundo tiende a proyectarse. Creo que el 90% de la psique humana es proyección, imitación incluso. David Lynch, un artista al que respeto muchísimo, habla de cómo pescar las ideas. Cómo las ideas están en algún lugar quizá en otra dimensión, una especie de mar metafórico de ideas que tú puedes pescar con la habilidad y las técnicas adecuadas. He llegado a pensar que las buenas ideas, las originales, no abundan, son muy pocas. En esta época actual vemos que las multitudes quieren parecerse a unos pocos, celebridades o deportistas. Me parece tristísimo querer parecerse a alguien. Quizá esto parezca una divagación respecto a la pregunta, pero creo que psicológicamente cada persona debe ser muy fuerte e individual, y prescindir de las teorías que nos dicen que debemos ser grupos, comunidades, etc.

 

Usted realizó un homenaje a un gran poeta, Artaud. ¿Por qué ese poeta? ¿Qué tanto se siente vinculado a ese mundo poético donde El doble es protagonista?

No me siento muy ligado a la poesía, pero si a Artaud al que considero un gran artista por encima de otras definiciones. Comparto con él el hecho de tener una imaginación muy desbocada. Artaud intentaba controlar su imaginación, que le llevó a la locura. Esto es curioso, porque la imaginación es lo más importante que tiene el ser humano. Para que algo exista primero tiene que ser imaginado. La imaginación es creación y no hay que confundirlo con la fantasía. La fantasía es dejar la mente suelta, perdida en pensamientos incontrolados. La imaginación es pura creación, si puedes imaginar algo ya está hecho.  Artaud creó símbolos que encuentro tan poderosos que me da la sensación de que si los menciono se pueden hacer presentes y el doble es una de ellas.

 

¿Qué puede decirnos de su obra La Familia y la elección del ese formato espacial? ¿Cómo se generó?

En aquella época estaba trabajando en pintura al oleo sobre tabla basada en fotografías Polaroid. El proceso era simple, hacía montones de fotografías de mi entorno más cercano con una cámara polaroid, y fui focalizando en la familia. La familia como ente me resulta fascinante.  Todo el mundo tiene una familia, es lo primero que heredamos. Puede que haya gente que no llegue a conocerla, pero aún así la tiene en algún lugar. Según vas creciendo te encuentras con una sucesión de personas que son tu familia y que se va ampliando.  Si juntamos la familia política esto se va extendiendo y esta familia, la familia heredada, no es algo con lo que necesariamente te tengas que llevar bien. Sólo es algo impuesto. No es que yo me llevara mal con mi familia, pero mi familia, tanto la paterna como la materna, son muy particulares. Mucho más que una familia “estándar”. Sería muy largo hablar aquí sobre la familia, ya lo he hecho muchas veces en mi obra, en textos, en entrevistas. El caso es que la primera vez que expuse en conjunto esta serie de la familia, que fue en el Reina Sofía, comisariado por Rafael Doctor, llegamos a la conclusión de que la forma perfecta de hacerlo era como un gabinete. Un enorme álbum familiar en el que el espectador se viera abrumado por cientos de cuadros representando gente que no conocen, pero que por la ley invariable de la proyección de la que hablaba antes, verían reflejados en su propia familia. Como arquetipo, la familia es poderosa, es casi como un arma, y a veces parece un arma arrojadiza. Hay familias que se matan en Navidad, familias que se destruyen por herencias. Antes hablaba del patio del colegio como símbolo en pequeño de la política internacional. Una familia también lo es, las relaciones familiares marcan todo el espectro posible.

 

Alguien dijo de su obra: muestra una siniestra y, a menudo, violenta cotidianeidad que da cuenta de un mundo contemporáneo filtrado por su grotesca y curiosamente realista mirada. ¿Usted también cree que su obra es deliberadamente siniestra y violenta?

 Siniestra sí, pero no con el sentido que en español se le da a esa palabra sino en el sentido freudiano de ella.  El Unheimlich, como decía antes: lo inesperado, extraño, perturbador que ocurre en un lugar generalmente doméstico, o por lo menos familiar o controlado, y que después de superado da lugar a un sentimiento de catarsis. Cuando superas el susto viene la tranquilidad, es una especie de camino iniciático, de camino del héroe. Siempre pongo el ejemplo de que si vas al castillo de Drácula lo más fácil es que allí te ocurra algo terrorífico. Eso no sería siniestro en el sentido freudiano. Pero sí si te ocurre en tu casa, o en una piscina a pleno sol. Por eso me gusta trabajar también con el arquetipo de las ferias, el circo, lugares “divertidos”, donde uno casi se siente obligado a ser feliz, pero que en realidad son siniestros.

Respecto a la violencia, sí que la represento. Está presente en mi trabajo tanto como lo está en el mundo, o quizá mucho menos.

 

¿Qué puede decirnos de su video Holy Mother, donde su madre es la protagonista?

Esta obra forma parte de un conjunto en la que, dentro de la familia, mi madre es la protagonista absoluta. Mi madre era una persona muy especial en muchos sentidos, con un fuerte sentido histriónico, un gran exhibicionismo, y una gran capacidad para la actuación, para el drama, pero en realidad no era consciente de ello. Ella creaba estos dramas y después esperaba a ver qué pasaba. Este video es uno de tantos en los que quería intentar entender a mi madre. Una psicomagia antes de que la psicomagia existiera: crear acciones simbólicas que recordaban el absurdo propio de la cotidianidad en una caricatura brutal y desde luego descarnada.

 

¿Cómo organizó su abundante retrospectiva, que reunía 20 años de trabajo: Terapia de grupo, Acto de Fe, Sala Oscura?

Mano a mano con el comisario Paco Barragán. Cuando hablamos de hacer una retrospectiva, la idea me provocó cierto rechazo. No creo mucho en las retrospectivas, por lo menos en lo que a mi trabajo se refiere. Porque, aunque mis trabajos sí que están ordenados en el tiempo, considero que tengo una sola obra dividida en muchos fragmentos, en muchos medios, en muchos formatos, y dilatada en el tiempo. Así que el concepto de recurrir a piezas más antiguas en un diálogo directo con piezas nuevas es algo que hago de forma habitual, por esto me resultaba extraña la idea de la retrospectiva. Así que Paco desarrolló muy brillantemente la idea de estos tres conceptos, los del título de la exposición, en los que se organizó la obra de una forma transversal, prescindiendo de cronologías. Sí que fue un compendio de obra desde el comienzo hasta la más reciente, pero no se podía diferenciar cuál es el periodo de cada obra. Incluso recurrí a los cuadros que había pintado de niño, desde los 8 hasta los 13 años más o menos, y los hice dialogar con obras recientes. No porque piense que sean grandes cuadros, pero sí porque han sido parte del proceso.

 

¿Cuál es su relación con las curadurías? 

Creo que debe haber o debe generarse un vínculo importante entre el curador y el artista. Por esto que no puedo trabajar con cualquier curador. Los proyectos salen mucho mejor cuando hay incluso una relación de amistad, de complicidad. Algunos de los mejores momentos los he pasado montando exposiciones con curadores amigos que entienden la obra, que la respetan, y que también aportan su propia visión. No me interesa nada el curador que quiere adaptar la obra a su propia teoría de forma dictatorial. Uno me llegó a decir en cierta ocasión que no importaba lo que el artista pensara de su propia obra, sino que lo importante era lo que el curador pensaba. Estaba claro que no íbamos a entendernos.

 

Seguramente si no hiciera arte sería un psicópata, pero un psicópata al estilo de Nietzsche, un tío inaguantable en el trato. ¿Cuánto influye una personalidad como Nietzsche en su obra? 

Nietzsche es importante para mí, no sólo como filósofo sino como persona. Sobre todo me interesan muchísimo sus últimos tres años antes de caer en la locura. Los años que pasó en Turín. He dicho que cayó en la locura, pero quién sabe si su afasia se debió a que entró en el estado de Nirvana y ya no tenía nada que decir, no tenía por qué relacionarse con nadie. La obra de Nietzsche no se puede leer entera. Diría que leer un solo libro de Nietzsche es demasiado trabajo para una vida. Uno puede leer muy pocas palabras seguidas de Nietzsche son demasiado profundas. Tengo una espina clavada. Hace ya muchos años intenté aprender a hablar alemán para leer a Nietzsche sin traducir, motivado por dos traducciones muy distintas del mismo libro que cayeron en mis manos. Después de unos meses lo dejé cobardemente. Debería haber seguido. Me abrumó la idea de que para manejar el alemán como para leer a Nietzsche debía emplear años y años, pero ahora ya sería capaz de hacerlo. Bueno, no suelo arrepentirme de nada, esto lo digo de una forma un poco dramática. El caso es que me interesa sobremanera el periodo turinés de Nietzsche. He estado en Turín muchas veces, he visitado la casa en la que Nietzsche se hospedó, en la que escribió su Ecce Homo. Incluso he hecho muchas veces el recorrido que imagino que Nietzsche hizo cuando se bajó de la estación y encontró esa casa en la que le alquilaron una habitación, he caminado mucho por Turín yo solo dando vueltas como él mismo hacía, como los flaneurs franceses vagando sin rumbo. Turín es una ciudad metafísica. De Chirico la representa muy bien, y De Chirico se consideraba un pintor nietzscheano.

 

Sus esculturas tienen, en muchos casos, una presentación teatral. ¿Es influencia de Artaud, del teatro del absurdo, de Beckett? 

En parte sí, pero ese sentido teatral viene también del Renacimiento y del Barroco. La idea de la obra de arte total, la idea de las esculturas que conviven con las pinturas y que a la vez conviven con el espectador y con el espacio. También de Tadeusz Kantor y de cómo hace convivir sus esculturas con los actores, incluso las esculturas son actores. Se suele decir que la obra de arte total es la ópera. Yo creo que la obra de arte total es una catedral. Ahí está todo.

 

Ahora nos aflige el enorme problema de la corrección política que es una forma de censura cruel y sanguinaria porque es una censura que no viene de un poder dictatorial evidente, sino de supuestos buenos sentimientos. Esto deja muy poco espacio al pensamiento crítico, que es fundamental. ¿En qué medida lo social y lo político dialogan en su obra?

Respecto a este problema que plantea he decidido practicar una dieta mental estricta. Hace mucho tiempo que no veo la televisión, ahora tampoco leo la prensa, ni la radio, ni veo noticias en ningún otro medio. Igual que podemos intentar mantener nuestro cuerpo libre de tóxicos es muy importante mantener el cerebro libre de tóxicos. Tengo la sensación de que hay un gran interés en los medios de comunicación en contaminar la mente de las personas. En realidad, lo social y lo político cada vez me importan menos, y creo que se debe a una huida de estas corrientes de pensamiento. Cada vez me interesa más el mundo interior.

 

Una artista a la que usted le ha realizado un homenaje es Ana Curra. Artista que es un símbolo del Punk y de la maravillosa movida madrileña de los años 80. ¿Cómo conecto lo musical de Ana Curra con las artes visuales?

 Ana es una especie de heroína para mí. Su grupo Parálisis Permanente es uno de mis favoritos. Además, me apetecía mucho rescatar un género que hoy no se trata, por lo menos seriamente, en el arte contemporáneo: el monumento. Quería hacer un monumento de verdad, auténtico, un monumento a alguien que se lo merece. Me gusta mucho la idea de retomar los géneros históricos del arte, y el monumento a Ana me pareció la oportunidad perfecta. Representarla como una diosa bellísima en la forma de una escultura griega o etrusca de bronce o de oro. Hay tanta gente que no se lo merece, que tiene monumentos, que me apetece hacer monumentos a la gente que sí lo merece, y Ana es una de ellas.

 

Usted en su obra hace como una revisión del arte clásico. ¿Cómo los relaciona en su obra? 

El arte clásico, hoy en día, me parece más contemporáneo que el propio arte contemporáneo. Todo viene de ahí y todo va a parar ahí. Estoy recorriendo el mundo para ver en persona las obras que considero que debo ver, o que no puedo limitarme a conocerlas solamente por reproducciones. Acabo de volver de Mantua, donde he visto a Mantegna y a Giulio Romano en unos frescos maravillosos. La pintura al fresco cada vez me interesa más, no para practicarla, sino como espectador. La pintura al fresco es pura instalación, se encuentra in situ, adaptándose a las formas de la construcción, donde a veces ocupa esquinas, a veces techos, a veces lugares angostos. Me imagino a los pintores retorcidos pintando en condiciones nefastas. Es fascinante.

 

En su obra ¿existe un caos moviéndose dentro de un orden?

Existe el caos moviéndose dentro de un orden y el orden dentro del caos. Como decía antes,

Todo es psicológico, si hay orden dentro, hay orden fuera.

 

¿En qué proyecto se encuentra?

Aparte de varias exposiciones colectivas y proyectos editoriales, estoy trabajando para una exposición en Amberes de la que todavía no puedo hablar mucho hasta que el proyecto se haga público. Esto es lo más inmediato.