Los enigmas de María

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“¿Por qué un libro más sobre María?” se pregunta el profesor Iván Padilla al comienzo de Jorge Isaacs y María ante el proceso de secularización en Colombia (1850-1886), estudio sistemático y riguroso sobre el significado literario, cultural e histórico de la obra maestra de Isaacs, publicado recientemente en la editorial de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia. Así, ya desde las primeras líneas, no solamente se aclara la motivación, sino que también se define el tono de la investigación, marcado profundamente por el dialogismo. El libro es concebido como un amplio diálogo con varios lectores de María -los del siglo XIX colombiano y latinoamericano y, desde luego, sobre todo con los lectores contemporáneos y sus prejuicios. Me limitaré a ilustrarlo con un solo ejemplo, extraído del primer capítulo, que versa sobre el género elegido por Isaacs y su relación con el romanticismo europeo:

 

Si para después de 1850, el arquetipo romántico de la lírica y la novela sentimental del primer romanticismo (exaltación de la naturaleza, bucolismo nostálgico, idilio amoroso, castos amores, etc.) había sido denunciado como kitsch […] ¿por qué Isaacs los retoma en María? ¿Por qué una novela que reúne tantos elementos kitsch se convierte no solo en un éxito literario, sino en la novela más representativa de la Hispanoamérica del momento? Al fusionarse con el costumbrismo local, ¿el romanticismo produce un nuevo tipo de escritura? En una nación en constitución, ¿cómo y por qué se impone una novela sin aparente sentido social? ¿Por qué el idilio amoroso representado en María se impone sobre el problemático sentido histórico-social expuesto en Manuela? Teniendo en cuenta la configuración del tiempo, del espacio y de los personajes en María, ¿se puede considerar la novela de Isaacs como la manifestación tardía del romanticismo europeo en América o como la expresión madura del romanticismo colombiano y, si nos atenemos a su favorable recepción, del latinoamericano? (50)

 

Para el lector no profesional, este libro es especialmente atractivo porque hace compatible la seriedad y profundidad de los planteamientos y el nivel académico del discurso con la formulación de preguntas inesperadas en el aula y en la academia. El autor lanza y contesta precisamente aquellas preguntas que suelen surgir fuera del aula, para cuestionar y poner en serios aprietos las verdades aparentemente más obvias e incontestables. Preguntas atrevidas, indiscretas, insidiosas, incómodas, preguntas secretas, casi inconfesables, como aquellas fulgurantes que suelen pasar por la mente de los lectores inquietos, y que raras veces alcanzan la verbalización. A su vez, el lector profesional se siente retado durante toda la lectura por un texto que incita permanentemente a polemizar y a cuestionar las verdades aceptadas y lo canónico bajo todas sus formas, tanto en el campo de la literatura, como en el de la crítica literaria. La seguridad con la cual el autor pone el dedo en la llaga, remueve los prejuicios del lector y detecta los lugares comunes de la crítica, descubriendo los puntos débiles de muchas lecturas anteriores, funciona como una especie de “estructura apelativa” (Iser, 1989, 133) del texto, que involucra al lector, tanto más si éste está dotado de espíritu crítico, lo inmiscuye en el diálogo con textos literarios, históricos, sociológicos, de crítica literaria, del presente y del pasado, lo constriñe a abandonar la pasividad y a tomar posición. De manera que el texto cobra vida y se incorpora enseguida a la experiencia vital y no solo libresca del lector, muy al contrario de lo que ocurre con el texto crítico pensado exclusivamente desde el punto de vista de la historia literaria y que suele permanecer letra muerta para el lector, excepto el especialista.

De hecho, junto a reflexiones teóricas fundamentales sobre el significado histórico y cultural (social, político, ético) de la obra literaria, provenientes del campo del estructuralismo checo, de la sociología de la literatura y, en general, de las estéticas sociológicas (Mukarovsky, Lukács, Goldmann, Bajtín, Macherey, Bourdieu), los planteamientos centrales de la teoría de la recepción (Escuela de Constanza  y especialmente Wolfgang Iser con El acto de leer. Teoría del efecto estético) representan los pilares del constructo teórico, sólido y a la vez creador, que propone este estudio. En la medida en la cual logra neutralizar el efecto de los tópicos (engendrados, muy a menudo, por el uso mecánico de categorías teóricas) que se interponen entre el lector actual y la obra, impidiendo que ésta lo siga apelando como lo hacía en la época de su producción, el ejercicio de lectura emprendido en el libro es muy afín al espíritu de la teoría de la recepción. Consiste en devolverle al lector actual el sentido de una María desempolvada, con toda su frescura y vitalidad de antaño, capaz todavía de tocar la sensibilidad del lector actual y de conectar directamente con su axiología, a pesar del siglo y medio que los separa.

El análisis que emprende el profesor Iván Padilla, lo amplía y profundiza hasta que adquiere las dimensiones y la autonomía de un libro, avanza en el sentido indicado por el gesto de Hans Robert Jauss cuando en un texto esencial, aparecido en español en 1989 (217-250), reivindicaba también la vigencia de una obra clásica y fundacional, esta vez para la cultura alemana: la Ifigenia de Goethe. En ambos casos, se someten a riguroso análisis los fenómenos de recepción y las mediaciones que, al interponerse entre la obra clásica y el lector contemporáneo, imposibilitan su encuentro directo y, por tanto, impiden que la obra actúe sobre el lector, desplegando su efecto estético. Al aniquilar el carácter problemático de la obra y de sus héroes, su sentido se banaliza y se priva precisamente de lo esencial, del valor estético. La obra se convierte así en peso muerto, queda en su materialidad pero no en su espiritualidad y llega a ser dócil materia disponible para estériles y aburridísimos análisis formales y temáticos, incapaces de sustentar y explicar el carácter de obra fundacional, de pieza emblemática de la literatura nacional, de valor inestimable para la identidad y la cultura nacionales. Se crea así la falsa sensación de que el significado de la obra está definitivamente anticuado, caduco, perdido para siempre, o bien condenado fatalmente a permanecer enclaustrado en el panteón de los clásicos, lo que al fin de cuentas vendría a ser lo mismo. Más allá de todas las diferencias engendradas por los contextos particulares, este mismo fenómeno se dio tanto en el caso de Ifigenia de Goethe, como en el de María de Isaacs.

Jauss inicia su planteamiento sobre la Ifigenia de Goethe ubicando un problema actual de recepción[1]. El fenómeno amerita una investigación a fondo y conduce al autor a lanzar varias hipótesis[2]. Jauss analiza cómo los contextos, las conexiones y las categorías teóricas invocados por un manual para la orientación de los profesores de literatura alemana, supuestamente hecho para acercar a los alumnos al texto clásico, cumplen en realidad el papel contrario: alejan definitivamente al joven lector contemporáneo de la Ifigenia de Goethe convertida en “lectura obligatoria” e institucionalizada por los manuales de literatura. Finalmente, llega a proponer un examen crítico de toda la historia de la recepción de esta obra clásica, con el fin de “abolir las normas de ese canon para liberar a la pieza clásica de su falsa pátina y permitir su retorno a la actualidad” (1989, 218).

No es otro el proceder del profesor Padilla en su libro sobre María, investigación que emprende a raíz de la observación de un fenómeno actual de recepción:

 

mi experiencia docente en la Universidad Nacional de Colombia me ha enseñado que, de un tiempo para acá, nuestros estudiantes vienen de sus colegios sin haber leído esta novela y muchos se van con este vacío. Incluso en los cursos dedicados al siglo XIX colombiano, María es ignorada o leída de un día para otro, rápidamente resumida y comentada, pero no analizada. Por lo general, por comentarios hechos de paso en cursos panorámicos o por lectura de resúmenes, los estudiantes tienen la idea de que se trata de una novela aburrida y pasada de moda, cuyo idilio amoroso y sus situaciones han perdido validez y, por lo tanto, no comunican nada al lector de hoy en día. En la medida que para muchos leer la obra de Isaacs no ofrece ningún interés, resulta difícil luchar contra estos prejuicios y, ante todo, cuesta mucho motivar a los estudiantes para que entren en un análisis sistemático del texto (2016: 17).

 

Huelga destacar el carácter pionero de este tipo de investigaciones en Colombia y lo oportuno que resulta este planteamiento en el campo de la crítica colombianista y latinoamericanista.

Volviendo ahora a la pregunta inicial, el presente estudio, lejos de ser un libro más sobre el tema, a pesar de abordar un tema clásico, es plenamente contemporáneo al rescatar un clásico, empresa muy oportuna en una época como la nuestra, que suele leer mal a los clásicos. Jorge Isaacs y María ante el proceso de secularización en Colombia (1850-1886) es un replanteamiento novedoso, a base de una relectura contemporánea digna de este nombre y una aparición editorial fuera de serie que cuestiona sistemáticamente el lugar común allá donde más anida: en los planteamientos consagrados (aunque no siempre inspirados), que el autor desacraliza, somete a discusión, interpela y cuestiona sin ambages. Además, categorías como “obra clásica” o “romanticismo” parecen ser verdaderos imanes que atraen, o focos alrededor de los que gravitan, una cantidad de tópicos.

En gran parte este libro singular se debe a la posición privilegiada que tiene su autor para abordar los enigmas de María. Especialista en la literatura francesa y universal, buen conocedor del romanticismo francés y de sus teóricos, el profesor Iván Padilla se interesa sobre todo en aquellas propuestas que abordan el romanticismo como actitud vital inscrita en la historia, como reacción ante una transformación social traumática (P. Barbéris, N. Elías, G. Gusdorf). Con tales supuestos y sin ignorar el análisis textual, el autor logra superar el habitual interés de la crítica anterior en lo puramente retórico, formal o temático y concibe la estructura de la novela en el sentido de Mukarovsky, como energía, fuerza dinámica que permea todos los niveles de la obra y los articula a través de la evaluación que propone. Consciente de que el romanticismo en María, “además de gesto estético y formal, es ético y moral” (130), el autor advierte:

La visión romántica del mundo no reduce la realidad a una suma de elementos y eventos puntuales en interacción de acuerdo con leyes mecanicistas, por el contrario, propone un sistema de relaciones con una suprarrealidad en la cual los seres y todas las cosas del mundo, de lo terrestre, son símbolos de una transhumanidad, formas de humanidad auténtica. De aquí que el gesto romántico aparezca como acceso a la plenitud humana, como prolongación del ser, como dimensión ontológica suprema (130).

Esta concepción permite acceder al significado histórico de la novela María, ver más allá de su forma de “idilio kitsch”, que si bien deudora de la retórica del romanticismo aristocrático francés (Chateaubriand, Lamartine, Vigny), también es portadora de una auténtica evaluación del momento histórico convulso que vive Isaacs: plasma “el rechazo de un mundo pseudo-moderno que en su proceso de implementación impide vivir y encontrarle sentido a la existencia” (130). Por paradójico que parezca, según insiste el profesor Iván Padilla, es necesario hacer una lectura histórica incluso de la deliberada renuncia de Isaacs a referirse de manera directa y precisa a sucesos y personajes de la época, razón por la cual muchos críticos incluyeron a María en la categoría del idilio. La paradoja es aparente, desde luego, porque desde que se acepta el estatuto de auténtica obra literaria de María y, además su merecido lugar en el canon literario, tal como lo defiende el autor, la paradoja se disuelve de por sí, dando paso, más bien, a la verdad que se sobreentiende. Así,

 

[…] es preciso considerar como un gesto intencional, crítico, propio de la escritura de Isaacs, la ubicación del idilio de Efraín y María en un espacio geográfico y en una temporalidad bien definidos (Republica de Nueva Granada, provincia del Cauca antes de 1852), pero al margen de sucesos abrumadores o personajes históricos (169).

Este mismo gesto, esta elección de Isaacs, representa una evaluación de la realidad histórica a través de la forma de la novela y, por tanto, necesita ser interpretada y no confundida con un hecho anecdótico, teniendo bien presente que “al evadir los hechos sociohistóricos, María no se ubica contra, sino en la historia” (169-170).

 

Aparte del buen conocimiento del romanticismo francés, el autor queda aventajado sobre otros latinoamericanistas consagrados que abordaron el tema por el hecho de ser también colombianista y especialista precisamente en el siglo XIX colombiano. En 2008, el profesor Iván Padilla publicó un estudio titulado El debate de la hispanidad en Colombia en el siglo XIX. Lectura de la Historia de la literatura en Nueva Granada de José María Vergara y Vergara. Toda esta experiencia anterior le confiere sólidas bases para desvelar el vínculo profundo de María con El Genio del cristianismo de Chateaubriand. Convencido de que la verdadera razón por la que Isaacs elige este libro como intertexto y modelo narrativo va mucho más allá de las necesidades retóricas o de las posibilidades formales que pone a disposición un género, el profesor Iván Padilla toma distancia de muchas otras propuestas críticas, entre ellas la que va respaldada por el prestigio académico de una latinoamericanista de la talla de Françoise Perus:

Condicionada por la lectura de Chateaubriand, Perus busca en María la semblanza del conflicto entre cristianismo y racionalismo, propio del contexto francés del siglo XVIII, pero, resulta obvio que este no tiene valor histórico en Colombia […] En Colombia, el conflicto es de naturaleza distinta. Privar al sentimiento religioso de este sentido histórico en María lo reduce a un cliché de la retórica romántica, sin peso axiológico y, por lo tanto, a una representación literaria o estetización gratuita del cristianismo católico (170).

 

El sentimiento religioso y la justa ponderación de su importancia en el universo de María, problemática central en la segunda parte del libro, es la clave que marca la diferencia entre las dos lecturas: mientras que para Françoise Perus María es una novela sin conflicto y sin héroe problemático, en la nueva interpretación que propone el profesor Iván Padilla se cuestiona este tipo de lectura, a pesar de que cuenta con una amplia aceptación:

 

[…] en la medida que el personaje de la novela colombiana (¿latinoamericana?) evoluciona en otro tipo de escritura, en problemáticas distintas a la de sus modelos europeos, resulta obvio que Efraín no obedezca al modelo del “héroe problemático” de la novela de aprendizaje (Perus, 104) o al del héroe romántico afectado por el mentado mal del siglo. […] Aunque, en mi concepto, Efraín se aproxima al tercer tipo de héroe identificado por Lukács, no puede ser analizado con los mismos criterios puesto que no evoluciona en una sociedad burguesa (171-172).

 

Después de una detallada y convincente argumentación, el autor concluye:

 

De este modo, en la medida que María figura como un personaje pasivo, ajeno a la Historia, y considerando que el verdadero protagonista es Efraín, en María tenemos un héroe que se enfrenta a un mundo degradado: un mundo dividido por cuestiones político-religiosas. El hecho de que el ethos del personaje no experimente una evolución ni contradicciones aparentes y solo dé cuenta de la nostalgia, la melancolía y el vacío producidos por la pérdida de la mujer amada y de un espacio armonioso, no nos autoriza a afirmar que María sea una novela sin conflicto y por lo tanto sin héroe problemático. De ser así, perdería su esencia de novela” (174).

 

He aquí solamente uno de los numerosos ejemplos de reevaluación de las propuestas ya canónicas contenidos en este libro. El buen conocimiento del siglo XIX colombiano, con su campo literario emergente en medio de conflictos históricos, morales, sociales, políticos relacionados con el tema central de la identidad nacional, confiere al profesor Iván Padilla la ventaja de descifrar el repertorio (Iser, 1987, 91) de la novela, como nadie lo había hecho antes. De esta manera logra hacer un aporte sustancioso a las lecturas propuestas por latinoamericanistas reconocidos que ya habían abordado esta novela (Mc Grady,  Sommer, Williams, Menton, Mejía-Duque, Zanetti, etc). Se permite discrepar sobre asuntos esenciales, argumentando sus diferencias, detecta los despistes de la crítica anterior y polemiza con sus autores, cuestiona los puntos flojos de muchas interpretaciones, pero también reconoce y pondera sus aciertos.

Por supuesto, esta autonomía de criterio no sería posible sin una sólida y amplia formación teórica, desde la cual el profesor Iván Padilla reevalúa las categorías teóricas empleadas hasta ahora para valorar la novela de Isaacs, y sobre todo el uso que se hizo de las mismas. En este sentido, el autor del libro no sólo critica, sino que también propone una notable elaboración conceptual: en función de las particularidades del contexto enfocado, matiza, adapta, crea a continuación de las propuestas de los teóricos que selecciona. La reinterpretación de la categoría lukacsiana de “héroe problemático” ilustra de manera esclarecedora su proceder creador y cuestionador a la hora de aproximarse a la teoría y de apropiarse de las diferentes categorías:

En mi opinión, tanto la idea de “héroe problemático” como la de “sociedad degradada” son amplias, no constituyen realidades universales y, por lo tanto, pueden ser adaptadas para explicar diversos problemas. Es necesario tener en cuenta que Lukács elabora su concepto convencido de que el desarrollo de la novela coincide con el de la sociedad burguesa, entendida como “degradada” porque niega lo sagrado como valor trascendente y rechaza la idea del devenir histórico como algo orientado hacia la unidad de la humanidad: así, la novela incluye un héroe problemático, puesto que busca valores que él cree auténticos cuando estos mismos se han degradado en un universo sin autenticidad. […] En la Colombia del siglo XIX, aunque los privilegios y poderes de la clase terrateniente se fracturen, la clase comerciante no constituye una burguesía capaz de generar una clase, un pensamiento, una verdadera revolución: su conocimiento del ideario liberal y burgués es tan teórico y libresco que solo alcanza para avivar el interés personal, pero no para remplazar el sentido aristocrático de nociones y categorías sociales como honor, casta, raza, señor, hidalguía, entre otras, presentes en María y aún vigentes en el país hacia el medio siglo” (172-173).

La originalidad del trabajo de elaboración conceptual conduce finalmente a la conversión de los tópicos en ideas y categorías viables. Al pasar por este filtro, se vuelven flexibles, cobran nueva vida: se transforman en instrumentos idóneos para iluminar el caso de la novela María en el siglo XIX colombiano. Pierden aquella rigidez del lugar común que tenían las valoraciones, a primera vista indiscutibles, pero que en realidad carecen de sustancia y son maniqueas, oposiciones tajantes pero engañosas del tipo “María vs. Manuela”, “el idilio vs. la novela social”. El autor pone al descubierto el espejismo que producen tales visiones reductoras y esquemáticas, deformando la realidad. Demuestra que, de hecho, desde posiciones diferentes y sensibilidades distintas, optando por prácticas literarias disímiles, ambos novelistas decimonónicos, tanto Jorge Isaacs como Eugenio Díaz, enfocan aspectos diferentes de la misma realidad, evalúan la misma cultura, reaccionan ante los mismos conflictos sociales, políticos, morales:

 

Resulta ingenuo oponer estos dos autores, ubicarlos en bandos políticos distintos y atribuirle al autor de Manuela valores socialistas y liberales y al de María tradicionistas y conservadores, o viceversa […] En mi concepto, estas dos novelas sobresalen en el panorama literario del siglo XIX colombiano precisamente porque, a diferencia de otros intentos, evitan convertirse en portavoces de las convicciones políticas e ideológicas de cualquiera de los partidos. […] Por tal motivo, considero que en su análisis urge deshacerse de la tendencia, como han hecho Williams (51) y Menton (46), entre otros, a clasificarlos obedeciendo a la lógica del bipartidismo reinante en la época. Sin duda alguna, las dos novelas se relacionan con las prácticas ideológicas del momento, pero es necesario evitar ver en ellas la reproducción de esta o aquella ideología y, más bien, observar cómo, a través de un distanciamiento crítico expresado de manera dialéctica y compleja, la manipulación del material verbal, de los aspectos formales y axiológicos se convierte en toma de posición en el campo social e ideológico (141).

 

El interés que el autor demuestra en los estudios que indagan la dimensión cultural (social, histórica, política, ética, filosófica) de fenómenos de ruptura como la modernidad y la posmodernidad y su impacto en sociedades periféricas respecto a Occidente contribuye, desde luego, a la finura de su análisis. Bien asimiladas y oportunamente evocadas, sus lecturas de N. García Canclini, F. Cruz Kronfly, A. Rama, R. Jaramillo Vélez aportan indiscutiblemente a la comprensión matizada del cambio social y mental plasmado en María, al igual que la experiencia de investigación adquirida durante la escritura de su anterior estudio, publicado en 2010: Milan Kundera y el totalitarismo kitsch. Dictadura de conciencias y demagogia de sentimientos.

En conclusión, a través de una demostración de una coherencia magistral, en su último libro sobre Maria de Jorge Isaacs, el profesor Iván Padilla recupera desde un enfoque sociocultural la dimensión histórica del significado de la novela, ilumina fenómenos y procesos que seguían sin explicar y, no en último lugar, invita con su ejemplo a una lectura creadora, situándose en la posición del lector de hoy. En la medida en que devuelve a la obra clásica su capacidad de actualizarse en cada acto de lectura, librándola del cliché, la crítica es creadora, partícipe del proceso de producción literaria, lo cual quizás constituya su más alta misión y su razón de ser más noble.

 

Vicente Padilla Chasing, Jorge Isaacs y María ante el proceso de secularización en Colombia (1850-1886), Universidad. Nacional de Colombia, Bogotá, 244p.

 

 

[1] “Nadie puede hoy ignorar cómo se ha debilitado el prestigio de esta obra, cuando ha sido considerada como el Evangelio del humanismo alemán (Gundolf) y cuando ha iniciado a generaciones de bachilleres en el espíritu del clasicismo de Weimar. Figura en el primer lugar de los “libros de lectura obligada” que son rechazados por los alumnos del último curso, como recientemente ha confirmado una encuesta en Alemania Federal.”(1989, 217)

[2] “El rechazo comprobado en los estudiantes alemanes, ¿no será simplemente imputable a una mala utilización de la obra, convertida en texto de lectura obligatoria y materia de ejercicios? ¿o se trata, más bien, de la impregnación, por cierto tardía, de un canon estético sacrosanto, impregnado de la cultura burguesa y el neohumanismo del siglo XIX?” (1989, 218)