¿Cómo comenzó su relación con el arte?
No lo sé. Desde muy pequeño tenía la esperanza de ser pintor. Pero sólo eso, la esperanza; y ninguna habilidad. Me fascinaba que alguien pudiera crear belleza con sus manos. Coleccionaba reproducciones de cuadros que recortaba de los cromos de las revistas. Ya en la adolescencia, comencé a relacionarme con artistas en La Habana. Todos mayores que yo. Iba a sus estudios, y me pasaba largas horas viéndolos trabajar. En Cuba, los artistas –al menos los que conozco, que no son pocos– crean escuchando música. Entonces, visitarlos era muy agradable, pues podíamos conversar, cambiar discos, hablar de arte.
Con el tiempo comencé a trabajar en medios de prensa, siempre en redacciones especializadas en cultura. Hacía mis primeros comentarios de exposiciones, mis primeras entrevistas a consagrados y emergentes. Y así, una cosa fue llevando a la otra. Cuando vine a ver, estaba coleccionando arte de mis contemporáneos. Unas veces les compraba –no sin sacrificio– sus obras; y otras se las cambiaba por trabajos de edición o curaduría, nunca de crítica. También me hacían regalos, pues pensaban que sus piezas iban a tener cierta visibilidad en mis paredes.
Las obras de mi modesta colección me acompañan. Me gusta mirarlas en la mañana, con la primera taza de café del día, cuando el barrio aún no se ha despertado a la vorágine y el ruido.
He curado exposiciones en Cuba, Colombia y México. Durante un tiempo fui editor jefe de la revista Arte Cubano.
Su sensibilidad también está relacionada con la poesía. ¿Cómo la vincula con las artes visuales?
Hubo un tiempo en que creí que la poesía era un sucedáneo de mi “vocación” artística. Después supe que no, que todo es expresión de un mismo temblor, sólo que usa cauces distintos. Poesía y creación son sinónimos, desde el principio de los tiempos.
Soy poeta no porque escriba versos, que los cometo; sino, sobre todo, porque la poesía es una posición ante el mundo, un prisma, una especie de secreción del espíritu. No me propuse ser poeta, me sobresalta que me tengan por tal. Pienso que en mí la necesidad de expresarme a través de la poesía es una fatalidad, algo que se iba a dar inexorablemente, un acto donde no prima la voluntad.
La poesía, como sabes, es como el crimen: no paga. Pero si provee emociones intensas. A ella le debo algunas novias, amistades profundas y duraderas y el haber participado en festivales de México, Nicaragua, Venezuela, Colombia, Argentina, Pakistán y Macedonia. En algunos de ellos, más de una vez. También la poesía me ha llevado de la mano a España, Canadá, Rusia, Moldavia, Estados Unidos, Vietnam y Filipinas.
La poesía, su búsqueda, su degustación, su promoción y su escritura, ha signado mi vida.
Usted ha nacido en Caracas. Su trabajo se ha afincado más en Cuba. Donde desarrolla su trabajo como poeta, guionista cinematográfico, dramaturgo, narrador, editor, periodista y curador de arte. ¿Regresó a Venezuela y también desplegó su actividad en ese país?
He escrito varios guiones para cine que nunca llegaron a filmarse. En cuanto a la dramaturgia, perpetré dos obras. Una de ellas, dedicada a los niños, tuvo una puesta en escena: su título, Las dos macetas de geranios, y habla de los malos entendidos que se dan en las familias por pensar los mayores que siempre tienen la razón.
Escribí un libro de relatos: Canta lo sentimental, que tiene ediciones en México, Cuba y España. Cuentos de habaneros contemporáneos, en la norma lingüística de los habaneros, sobre las circunstancias tan empecinadamente singulares que signan la vida cotidiana aquí.
Mi tiempo lo he dedicado, en lo fundamental, al periodismo, la edición, la poesía y, ocasionalmente, a la curaduría de arte. Soy un tipo afortunado. He trabajado siempre en proyectos que me apasionan.
He regresado a Venezuela en varias ocasiones. Impartí en Valencia, estado Carabobo, el seminario Cuba, la realidad a través de los ojos del cine, en 1991.
En dos ocasiones desarrollé en Maracaibo cursos de escritura de guiones cinematográficos (de 80 horas cada uno), en 2003 y 2007, coordinados por Fundacine. Caracas y Maracaibo son dos ciudades a las que siempre quisiera volver. Soy caraqueño de nacimiento, pero marabino por adopción, pues los primeros años los pasé en esa ciudad lacustre. En Maracaibo tuve alumnos brillantísimos, algunos de ellos hoy figuras del cine venezolano. Mantengo una relación de amistad con muchos de ellos, a pesar de la distancia y de los años. Creo que en ambos talleres nos divertimos mucho, y eso siempre se agradece.
Usted ha declarado que hoy no hay en Cuba, lo que llamó: una gran cabeza coronada y menciona a poetas como Lezama, Eliseo Diego, Guillen, por ello define a la actual poesía como: Coral. ¿Qué lugar le da a esa definición?
Decía León Felipe que el viento (puede leerse aquí el tiempo) es el que sella el buen pan, el buen vino y el poema eterno. Hay nombres muy buenos en la actual poesía cubana, puede que con el paso de los años algunos de ellos ejerzan un magisterio indiscutible, y reciban la sanción unánime de la crítica, pero aún, desde mi punto de vista, no puede vaticinarse cuál. Entre mis contemporáneos, me parecen destacables, Reina María Rodríguez, Delfín Prats y Ramón Fernández-Larrea. También los suicidas Ángel Escobar y Raúl Hernández Novás. El primero se lanzó de un edificio, impulsado por la esquizofrenia, y el segundo se disparó a la cabeza, cercado por el hambre, durante la crisis económica bautizada eufemísticamente como Período Especial.
Se escribe mucha poesía buena en Cuba. Esto no es nuevo. Algo misterioso tiene este país que, con una población relativamente pequeña, cuenta, en diferentes artes, con figuras como Wifredo Lam (pintura), Alicia Alonso (ballet), José Raúl Capablanca (ajedrez), Alejo Carpentier (novelista), Leo Brawer y Brindis de Sala (ambos, músicos), José Lezama Lima, Gastón Baquero, Fina García Marruz, Eliseo Diego y Nicolás Guillén (todos, poetas).
Usted ha sido editor jefe de las revistas Cine cubano entre los años 1987 y 1992. ¿Qué puede decirnos de esa experiencia, donde el cine de Cuba fue relevado en profundidad en esa publicación?
Cine Cubano era parte de mis tareas en el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos. Tenía a mi cargo el Centro de Promoción y estudio del Cine “Saúl Yelín”, que, junto con la Cinemateca de Cuba, era una de las instituciones encargadas de conformar y proyectar nacional e internacionalmente las estrategias de posicionamiento del cine cubano. La revista pertenecía al CPECSY, donde también se preparaban los programas televisivos semanales 24 x Segundo e Historia del Cine, de mucha audiencia en su momento. También fui, por algunos años, el director de Prensa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.
Cine Cubano, que continúa saliendo, pese a las vicisitudes económicas de todo tipo, es la revista latinoamericana de su especialidad más antigua que aún está activa.
¿Cómo ve al cine cubano hoy?
Como todo el país. Muy deprimido. La crisis económica actual ha ocasionado la reducción drástica de la producción y el éxodo de artistas y técnicos del giro. Hay un contencioso entre un grupo de cineastas, emergentes algunos y prominentes otros, y la institución que rige la producción, exhibición y exportación del cine nacional. La Asamblea de Cineastas Cubanos, que así se han constituido, pide un mayor margen de libertades creativas y la desaparición de la censura estatal, que existe desde antiguo.
Usted ha escrito guiones para los directores Enrique Colina, Arturo Sotto (Cuba), Gerardo Herrero, Patxi Barco (España) y Claudio del Punta (Italia), algunos en colaboración con Leonardo Padura y Lucía López Coll. ¿Cómo se encara un trabajo en colaboración de este tipo?
Los guiones llegaron junto con el Período especial, como una alternativa para sanear mi magra economía. Con la caída del llamado Campo Socialista, se extendió la idea de que el gobierno cubano tendría forzosamente que “deponer las armas”. Fueron años muy duros, de grandísimos sacrificios para la población, que se vio aquejada por enfermedades hasta el momento inexistentes en el país, como la neuritis periférica, provocadas por la baja ingesta de proteínas y calorías.
Muchos productores de cine vieron en nuestra penuria un filón temático, y acudieron en bandada a buscar historias que se pudieran contar con bajísimos costos, aprovechando las capacidades artísticas y técnicas de la industria cinematográfica del país, prácticamente colapsada.
Leonardo Padura me invitó a trabajar con él en la adaptación cinematográfica de sus novelas, ya muy exitosas por entonces, que los productores españoles andaban goloseando. Mi función consistía en convertir sus novelas en guiones; es decir, en pasarlas de un lenguaje a otro, teniendo en cuenta que la narrativa se da en la cabeza del lector, mientras que el cine se disfruta, además, a través de varios sentidos, como la vista y el oído. Yo podaba lo que no funcionaría en cine, le daba un carácter coloquial a los diálogos y organizaba el material narrativo en escenas y secuencias. Llegado a ese punto, intervenían él y Lucía. Trabajábamos sobre el guion, sin tener en cuenta ya el texto narrativo, conscientes que una versión cinematográfica es, en alguna medida, una traición al original.
Para Enrique Colina y para Claudio del Punta escribí en solitario. Enrique amaba a los perros. Hice para él los guiones de cinco cuentos donde los protagonistas eran perros. Perros que no hablaban ni tenían ninguna capacidad fantástica, pero que de un modo u otro desencadenaban la acción. Ese proyecto se llamó Perra vida.
Con Arturo Sotto tuve un proyecto de documental llamado Ellos son, sobre músicos cubanos que en otros tiempos fueron muy famosos y que en esa época, a pesar de no estar retirados, ya nadie recordaba. No pasó de la etapa investigativa por falta de presupuesto.
Con Claudio del Punta partí de ideas suyas, que luego convertí en historias que llevaba al tratamiento de guion. Creo que alguno de esos proyectos llegó a la pantalla sin mi crédito. No terminamos amigos.
En una entrevista conversando Usted con Magaly Espinosa ella le dijo: La crítica de arte se sustenta en formas de conocimiento en las que tiene un peso esencial la sensibilidad. ¿Hoy, ese punto de vista, no está dejado un poco al margen, focalizándose en términos más técnicos y hasta fríos?
Cualquier extremo es pernicioso. La crítica impresionista y esa otra crítica que aquí llamamos metatrancosa (de metatranca, neologismo cubano que sirve para designar la indigestión categorial y de tecnicismos, muchas veces expresión de poca sustancia), son igualmente insuficientes. Para mí está claro que la crítica artística y literaria es una actividad científica que demanda una sensibilidad especial. El argumento de que los críticos de cine, de literatura y de cualquiera de las artes son artistas frustrados, es una falacia. No soy panadero, no hacer pan, pero no se me escapa cuando está ácido, o ha quedado demasiado expuesto al fuego… No hay que ser gallina para saber cuando un huevo está culeco.
Usted escribe en On Cuba News y ha ganado el Premio de la Crítica 2020. ¿Hay critica literaria en los medios cubanos, teniendo distancia con las corporaciones que, con publicidades dominan los espacios gráficos y digitales?
OnCuba News en un medio norteamericano acreditado en Cuba. Como su nombre lo indica, se especializa en temas cubanos. El Premio de la Crítica lo recibí por el poemario Ángel con ala rota, publicado por Ediciones Matanzas.
Los medios nacionales son oficiales, pertenecen al estado, son escasos y con pocos recursos. La prensa alternativa es perseguida y penada. Ni en una ni en otra la crítica tiene un papel considerable. Durante mucho tiempo se habló de la indigencia de la crítica cubana. Cuando se acuñó el término, ni siquiera se vislumbraba que el panorama podría llegar a ser más sombrío.
Para el premio de la crítica las editoriales ponen a consideración de un jurado de especialistas sus catálogos, con lo publicado ese año. Se otorga por votación directa. El premio consiste en la reedición del título en cuestión y el abono de los derechos al autor. Eso no siempre se cumple. De nuevo, la falta de papel…
¿Cómo entiende usted y encara la curaduría?
Como un servicio al autor y a su obra de cara al público, no exento de creatividad. El curador investiga, arma una dramaturgia, ayuda al artista –si está vivo– a exponerse. Es una acción crítica en última instancia. De la misma forma que la unión de dos elementos da como resultado un tercero (pienso en la metáfora), el modo de ordenar las obras en una exhibición debe tener un valor significante. He trabajado con artistas que admiro y quiero. Las más de las veces me han escogido ellos. Han sido experiencias muy gratificantes, porque no pierdo de vista que el curador nunca será la estrella del show.
¿Las redes son un medio de difusión o un gran carrusel que gira y gira y nadie o pocos da cuenta del trabajo de otros artistas?
Las redes son una herramienta. En otro lugar las he comparado con un martillo, que lo mismo sirve para hacer una cuna que para aplastar un cráneo. Hay críticos que hacen un muy buen uso de sus redes. El ejemplo más próximo sería el sitio El Señor Corchea, que lleva la teórica y crítica cubana Elvia Rosa Castro.
Usted Como Onetti, es un voraz lector de novelas policiales. ¿Qué le aportan a su mundo creativo?
Nunca he pensado esta afición de lector en términos de lo que pudiera aportarme. Estudié filología, y durante años hice reseñas de libros en diversas publicaciones. Imaginarás la cantidad de libros que he tenido que leer por obligación. Leo sólo lo que me entretiene, que no debe confundirse con lo superficial o efímero. Las novelas son buenas o malas, sin importar el subgénero a que pertenezcan.
Odio la expresión “experiencia libresca” por safia. La lectura es una experiencia humana tan intensa y rica como cualquier otra. Supongo que, atenido a esto, las toneladas de libros policiales que me he pasado por los ojos algún efecto habrán tenido en mí. No sé cuál será. Por lo pronto, no me he convertido ni en delincuente ni en policía ni en asesino. Puedo jurarlo.
Usted ha dicho: Como lector, abandona lo que encuentra aburrido, previsible, mal escrito o tramposo, y también lo que ofende su sensibilidad. ¿Qué sería tramposo y qué ofende su sensibilidad?
Tramposo: lo que no se atiene a la verdad artística que el autor debe crear para que el lector interrumpa por un rato su incredulidad. Antes, en Cuba, cuando un espectador veía una película que faltaba a la lógica intrínseca de la obra, decía que era un paquete, expresión que se usaba también para referirse a la mentira. El paquete no era que Superman volara, si no que sus super poderes no estuvieran justificados dramatúrgicamente.
Ofende mi sensibilidad la exclusión de todo tipo, las ideas supremacistas, la humillación del otro, la exacerbación de los peores instintos de los seres humanos, la falta de libertades democráticas, y un largo etcétera. No quiere esto decir que una novela no deba tratar la discriminación racial o las ideas fascistas. Lo que es inadmisible para mí es que intente validar esos horrores.
¿Cómo ve a las artes visuales hoy en Cuba?
Abundante, diversa. Es difícil agarrarle el tranco. Todas las semanas hay inauguraciones de muestras personales o colectivas de interés. Arte abstracto, figurativo, conceptual, instalativo. Mucho joven talentoso buscando su lugar. Algunos maestros que aún viven en el país, creativos y llenos de vigor.
¿En qué proyecto se encuentra?
Estoy enfrascado en…vivir. Primera vez que asumo esa actividad como proyecto. Tengo la sensación de que el tiempo se me angosta, y que me quedan muchas cosas por hacer. Termino un libro de poemas que lucha por encontrar su nombre. Trabajo en un proyecto expositivo con el artista cubano Rafael Zarza, todo un maestro. Mantengo mi columna semanal en OnCuba. Voy al gimnasio a buscar un poco de masa muscular. Viajo fuera de la Isla siempre que puedo. México y España son mis destinos favoritos. Veo cine a razón de una película por día. Intento jugarle cabeza a los cortes diarios de fluido eléctrico. Respondo cuestionarios de 15 preguntas. Y poco más.























