Traducción de Armando Pinto
1307 Park Avenue
Baltimore, Maryland
9 de marzo de 1935
Llegó el libro, resultó agradable verlo. Me gustó la forma en que fue levantado y pienso que el texto de la contracubierta es excelente, pero… ¡ay!, ¿es demasiado tarde para hacer algo con la camisa? Es horrible, unas seis personas me lo han dicho. No sé quién es Miss Doris Spiegal, pero es descorazonador pasar muchas horas tratando de que resulten encantadoras las criaturas de un libro y luego ver que alguien que dibuja igual que Scottie [la pequeña hija de Fitzgerald] cubra cinco pulgadas cuadradas con mamarrachadas que las hacen parecer como retrasadas mentales. La primera camisa era mucho mejor.
Esto suena ingrato en vista de lo problemático que siempre han sido mis libros, pero quiero que quede registrado el hecho de que últimamente he sido muy mal servido por su departamento de arte. Tomar una muy buena fotografía y corromperla hasta convertirla en un viejo desdentado en la contracubierta de Tender no fue nada bueno, pero creo que una cubierta como ésta tiene el efecto absolutamente opuesto al de las elegantes y atractivas cubiertas que Hill y Held dibujaban para mis libros. Siempre he creído que el cuidado con los títulos y la presentación es un factor real para su éxito.
He visto a Jim Boyd y hemos comido juntos varias veces. Es un compañero verdaderamente agradable.
Todavía dudo en enviarle esta carta pues sé cuántas cosas más importantes tiene usted en mente y lo ocupado que está esta temporada, pero la envió en caso de que sea una simple camisa y pueda hacerse algo con ella.
Siempre suyo,
P.S. Me alegra que Tom haya tenido buenas reseñas en Time y The new Yorker y le dedicaran un espacio proporcional al tiempo y el esfuerzo que implicó este volumen.
1307 Park Avenue
Baltimore, Maryland
11 de marzo de 1935
La segunda molestia para usted en dos días… pronto me convertiré en su autor más popular. (A propósito, tuvimos anoche un montón de Scribner aquí. Jim Boyd y Elizabeth vinieron a cenar y George Calverton cayó después. Su nombre salió a relucir con frecuencia y probablemente debió usted sentirse más inquieto que frente a una dedicatoria de Wolfe [la dedicatoria a la que se refiere decía: “A Maxwell Evarts Perkins: Un gran editor y un hombre honrado y valiente que se mantuvo al lado del escritor de este libro durante el tiempo de amarga desesperanza y duda y no lo dejo caer en la desesperación, el trabajo conocido como ‘Of Time and the River’ le es dedicado con la esperanza de que todo en él pueda de alguna forma valer la leal devoción y el paciente cuidado que un intrépido y firme amigo ha dado a cada parte de él, y sin el cual ninguna hubiera podido ser escrita.] Para prolongar este paréntesis indebidamente, lamento haber mencionado el libro de Tom. Espero en Dios no ser considerado como su adversario pues tiene buenas cosas, disfruté su lectura y me complace que sea formidable y pueda ser un puente para algo mejor. Sencillamente siento cierta desilusión, pero no quisiera, de ningún modo, que Tom se enterara de ella pues, como acostumbra reaccionar a la crítica, sé que nos convertiría en enemigos de por vida y podríamos hacernos un daño incalculable, así que por favor tenga cuidado cuando me cite. Esto en vista de que Calverton dijo que le escuchó a usted decir que no me gustó el libro. Se ha hecho cada vez más evidente para mí que la buena organización de un libro extenso o la percepción y juicio correcto en el momento de la revisión no compaginan con el licor. Un cuento puede escribirse bebiendo, pero para la novela necesitas la velocidad mental que te permita mantener el esquema completo en la cabeza y sacrificar sin misericordia los acontecimientos secundarios como hizo Ernest en Farewell to Arms. Si la mente reduce la velocidad de su paso, incluso un poco, vive una parte individual del libro y no el libro como un todo; la memoria se embota. No hubiera logrado nada si hubiera tenido que escribir la tercera parte de Tender is the Night enteramente bajo el alcohol. Si lo hubiera hecho totalmente sobrio creo que habría habido una gran diferencia. Incluso Ernest comentó que algunas secciones se incluyeron sin ninguna necesidad y como artista él está cerca de lo que yo considero una referencia final. Por supuesto, después de haber luchado con Tom Wolfe como lo hizo, todo esto es cosa sabida. Concluiré este enorme paréntesis con la noticia de que Elizabeth fue a Middleburg a ayudar a Miss White con la apertura de la casa que recién adquirió.)
Esta carta es el caso de la cola (el paréntesis) que mueve al perro. Aquí va el perro. Un hombre llamado John S. Martens me escribe para decirme que quiere traducir Tender is the Night o This Side of Paradise o The Great Gatsby al noruego. Le ha escrito a Scribners y encontrado el mismo muro de silencio que me ha recibido a mí cuando se trata de la publicación de mis libros en otros países. Estoy dispuesto a manejar los derechos continentales directamente pero no puedo hacerlo cuando no conozco ni siquiera el nombre del editor de mis libros, jamás recibo ejemplares de ellos ni alguna información al respecto. ¿No hay alguien en su oficina encargado de ver ese tipo de cosas? Realmente es muy importante para mí y, si escribiera un libro que tuviera un atractivo internacional, significaría una gran ventaja tener un pie de playa con los impresores y traductores en esos países. Todo lo que quiero de usted es la situación de The Great Gatsby en Escandinavia, Alemania, etc., y saber si puedo avanzar en ese aspecto y hacer yo mismo arreglos en el futuro.
Me gustaría recibir una docena más o menos de ejemplares de Taps at Reveille tan pronto como sea posible.
Siempre suyo,
P. S. No he bebido un trago durante casi seis semanas y sigo sin tener todavía la mínima tentación. Me siento bien a pesar de que los asuntos de negocios y la salud de Zelda nunca han estado peor.
1307 Park Avenue
Baltimore, Maryland
15 de abril de 1935
Querido Max:
No dice usted nada sobre Taps, asi que deduzco que no se ha hecho popular para nada. Espero que cuando menos pueda cubrir su costo y las correcciones. Hubo una reseña fabulosa en The Nation [de William Troy], ¿la vio usted?
Salí otra semana pero la historia no se repite y el viaje fue un desperdicio. Gracias por el mensaje de Ernest. También quiero verlo, siempre pienso en mi amistad con él como una de las grandes marcas de mi vida. Pero aún creo que esas cosas son perecederas, tal vez debido a que son excesivas y a que nosotros nunca nos volveremos a ver mucho. Aprecio lo que dijo sobre Tender is the Night.
Las cosas que pasan todo el tiempo me hacen pensar que no está destinada a morir tan rápidamente como los muchachos apresurados profetizaban. Sin embargo cometí muchos errores, el más grande de los cuales fue rechazar el subsidio del Literary Guild.
No he visto a Beth desde que regresé y la llamaré hoy mismo para saber si está aquí. Espero con ansias la primera entrega del libro de Ernest [Green Hills of Africa]. ¿Cuándo vendrá usted al sur? Zelda, después de una crisis terrible, está algo mejor. Yo, por supuesto, estoy alejado del alcohol, pero la vida se mueve con paso inseguro y hay menos progreso del que hubiera deseado con los cuentos medievales… con todo lo molesto de esta situación estos serán mis años más productivos. Simplemente tengo que arreglar algo para este verano que me devuelva a la vida otra vez, pero ¿qué será? no es de ningún modo evidente.
En 1929 escribí un cuento llamado “Outside the Cabinet Maker’s” que apareció en el Century Magazine. O lo perdí aquí o se lo envié a usted con la primera remesa de cuentos para Taps y no me lo regresó. ¿Puede ver si lo recibió usted? O ¿qué es o dónde está ahora la compañía Century y a quién debo dirigirme para conseguir un ejemplar de la revista?
Me pintaron un retrato fenomenal casi gratis y, en la siguiente vez que vaya a Nueva York, pasaré una mañana arrancando de sus archivos todas esas ridículas máscaras con las cuales ha estado usted difamándome durante la última década.
Acabo de encontrar otro párrafo completo en Taps, al principio de la página 384, que aparece en Tender is the Night. Yo lo había suprimido y escrito el párrafo bajo él para remplazarlo, pero los correctores se equivocaron y dejaron los dos.
Siempre suyo,
1307 Park Avenue
Baltimore, Maryland
17 de abril de 1935
Leer el cuento [Circus at Dawn] de Tom Wolfe en el último número de Modern Monthly me hace desear que él fuera la clase de persona con la que se pudiera hablar sobre su trabajo. Tiene todas sus faltas y todas sus virtudes. Me parece que con un poco de sentido del humor él podría ver los absurdos Dreiserianos como el de la gente del circo que “comió el bacalao, el robalo, la caballa, el halibut, las almejas y las ostras de las costas de Nueva Inglaterra, la tortuga de Maryland, los gordos bistecs, puercos y cereales del Medio Oeste”, etc., etc., hasta “la langosta rosada que busca a tientas su camino en el fondo del mar de América”. Y luego (después de uno de sus buenos párrafos que toca una nota que ampliará más tarde) señala que no dejan nada detrás excepto “el excremento del camello y el elefante en Illinois”. Unas páginas más adelante sus redundancias arruinan algunos párrafos (vea completo el último párrafo de la página 103) que pudieron haber sido magníficos. Yo simpatizo con su empleo de la repetición, de sus palabras joycianas, sus metáforas interminables, pero quisiera que hubiera visto la cara de disgusto de Edmund Wilson cuando una vez traté de intercalar parte de un soneto rimado disfrazado como prosa en medio de una novela. No sé cómo pudo hacer una revoltura como “con la magia del mondongo y el sonido del rápido revoloteo de las alas llegaron las prósperas parvadas endulzadas de miel” con buenas frases como “la exquisita lucidez del vibrante chasquear de la lengua, la suavidad de las gordas ciruelas”. Él, que tiene ese delicado e infinito poder de sugestión, no tiene absolutamente ningún derecho de hartar a la gente con comidas de puro caviar. Confío en Dios que no tome todas esas emasculadas alabanzas a su vitalidad demasiado en serio. Odiaría ver ese delicado talento convertido en uno de esos musculosos e inútiles gigantes que ve uno en el circo. Los atletas tienen que aprender su juego: no pueden limitarse a tensar sus músculos, si lo hacen pronto encontrarán que cuando se requiera que consigan un determinado efecto sólo serán capaces de lanzar la bala en el montón y no romper ningún récord. La metáfora es confusa pero creo que entenderá lo que quiero decir, y él lo haría también… salvo por su tendencia casi femenina de horrorizarse si piensa que alguien está a punto de poner la mano en su precioso talento. Creo que su falta de humildad es su rasgo más difícil, un rasgo que sólo puedo asociar con escritores de segunda o tercera clase. Recibió una pésima enseñanza de malos maestros y ahora odia aprender.
Hay otro lado de él que encuentro sospechoso, pero es algo que nadie habría podido enseñarle o decirle. Su incapacidad para sentir la pasión de otras personas, ¿el valor lírico de la aventura amorosa de Eugene Gant con el universo es que dura de toda la saga? Dios, quisiera que pudiera disciplinarse y planear realmente una novela.
Le escribí a usted el otro día y el único otro punto de esta carta es que he hecho un plan cuidadoso de la novela medieval como un todo (tentativamente llamada Philippe, Count of Darkness, confidencial.) incluida la planeación de las partes que puedo vender y las que no. Pienso que podría publicarla usted, ya sea a finales de la primavera del 36 o a principios del otoño del mismo año. Esto depende por completo de cómo marchen los asuntos de dinero este año. Podrá alcanzar unas 90 000 palabras y será una novela en todos sentidos, con los capítulos irreconocibles como tales. Éste es mi único plan. Quisiera tener esa gran masa de manuscritos en reserva como Wolfe y Hemingway pero temo que este ganso ha sido desplumado a fondo. Un joven ha dramatizado Tender is the Night y espero que algo pueda resultar de ello. En un par de semanas estaré en Nueva York un día y una noche.
Siempre suyo,
Después. Fui a N. Y. como usted sabe, pero sólo un día. No pensé que me gustaría Cape ese día. Siento que no se encontraran usted y Nora Flynn. No hay noticias por aquí… Creo que Beth partirá pronto.
1307 Park Avenue
Baltimore, Maryland
11 de mayo de 1935
Fue bueno verlo a usted, pero estoy de un ánimo pendenciero con Tom Wolfe. Sencillamente no alcanzo a ver todavía un signo de realización allí, pero puedo ver que usted está muy cerca del libro y no le agrada su actitud.
Cerraré la casa y saldré durante un par de meses. Le mandaré una dirección cuando tenga alguna.
¿Encontró usted la copia de “Outside the Cabinet-Maker’s”
Me gustaría ver a Ernest pero parece demasiado lejos y no quisiera verlo excepto bajo las circunstancias más favorables, pues no pienso que yo sea últimamente la más placentera compañía. [Perkins le había escrito el 6 de mayo que Hemingway, quien estaba recuperándose de una herida de bala en la pierna, había invitado a Fitzgerald a visitarlo en Bimini.] Zelda está muy mal y mi mal humor de algún modo lo refleja.
Katy Dos Passos estuvo aquí y en su versión la bala rebotó en un lado del bote, pero supongo que cuando la leyenda de Ernest se aproxima a la de Bunyan podría haber rebotado en la luna, así que da lo mismo.
Recibí una linda carta de Jim Boyd Coincide conmigo respecto a Clara pero no sobre la débil escritura del final. Es muy probable que lo vea este verano.
Siempre suyo,
Hotel Stafford
Baltimore, Maryland
[circa 25 de junio de 1935]
Querido Max:
Siento que le debo una explicación: primero, en cuanto a la salud. Recibí lo que implicaba casi una sentencia de muerte hace unos tres meses. Fue justo antes de que lo viera la última vez, por ello, creo, me metí en aquella tonta disputa con usted sobre Tom Wolfe, lo cual he lamentado desde entonces. Me sentía bastante contrariado y probablemente celoso, así que olvide lo que dije esa noche. Usted sabe que siempre he pensado que hay suficiente espacio en América para más de un buen escritor, y debe admitir que yo no era el mismo.
Como sea, lo que más me contrarió fue que sucediera dos meses después de que la cuestión del licor pareciera por fin bajo control y estuviera casi reconciliado; me sentía simplemente enfadado y molesto por el arbitrario cambio de plan. (Nunca me sentí conmovido hasta hace quince días cuando supe que la Gran Representación no iba a tener éxito. Fue una lástima después de los magníficos ensayos que no puede uno evitar sentirse conmovido y apenado por uno mismo.)
Segundo. Fui a Baltimore por cinco días para ver a Zelda, quien parece desamparada, y mandé a Scottie al campamento. Tenía 24 horas sin nada qué hacer y fui a N. Y. a ver una mujer por la que siento mucho cariño. Es una larga y peculiar historia… una entre una curiosa serie de relaciones que ocurren en la vida del hombre. Como sea, ella tuvo que renunciar en el último minuto a su fin de semana para verme y era imposible dejarla para verlo a usted.
Debo poner a Scottie en el tren en diez minutos a toda prisa,
Siempre suyo,
Quisiera que Struthers decidiera un nombre, yo lo llamaría de cualquier modo ¡excepto Katherine!
Cambridge Arms,
Baltimore, Maryland
24 de octubre de 1935
Gracias nuevamente [Perkins había depositado el 18 de octubre 300 dólares en la cuenta de Fitzgerald.] No he acabado ninguno de los dos cuentos pero sabrá de uno este fin de semana y del otro a comienzos de la siguiente.
¿Ha recibido alguna sugerencia sobre las series del Red Book? Tengo ahora casi 30 000 palabras (en los cuatro cuentos escritos) pero Balmer del Red Book es evasivo sobre si quiere alguno más. ¿Cuánto podría pagar Scribner’s en efectivo por el resto de los cuentos? ¿Leyó usted, y le gustaron, los dos últimos? El cuarto aún no se publica. Sé que es una idea descabellada y, aunque el material fuera adecuado para Scribner’s, no tendría usted la ventaja de publicarlo por entregas desde el principio, pero su ventaja sería, por supuesto, hacerme terminar el libro.
El plan original era tener un libro de más de 100 000 palabras, pero suponga que en su lugar publicara dos libros de 60 000 palabras cada uno sobre mi noble Philippe, el primero de ellos sobre su juventud. Ese libro, ve usted, estaría medio terminado.
Todo esto suena a improvisación, pero no logro ver cómo en los siguientes seis meses puedo conseguir suficiente dinero para continuar con el tema medieval a menos que sea subsidiado por la publicación por entregas. ¿Tiene alguna idea?
Siempre suyo,
1 East 34th Street
Baltimore, Maryland
17 de marzo de 1936
Un muchacho llamado Vincent McHugh me escribió para pedirme que lo recomiende con usted. Ordinariamente ya no hago este tipo de cosas pero él ha sido una especie de desconocido protégé mío durante algún tiempo. Él publicó un libro notable llamado Sing Before Breakfast y mostraba un temperamento muy definido. No le aseguro que sea una personalidad con la fuerza de Ernest, Caldwell, Cantwell o los hombres que previamente le he recomendado, no obstante quisiera que consiguiera su libro anterior Sing Before Breakfast, publicado por Simon and Schuster en 1933, y lo examinara junto con lo que tiene que ofrecerle antes de tomar una decisión.
Sé que, debido a su experiencia con Tom Boyd, enfatiza mucho la vitalidad, pero recuerde que una gran parte del trabajo en este mundo ha sido hecho por hombres enfermos y por gente que a primera vista no tiene vitalidad pero que de pronto da grandes muestras de ella. Nunca he visto a este joven pero parece potencialmente capaz de grandes esfuerzos.
Las cosas están tranquilas aquí. Esta tarde espero noticias sobre un cuento del Saturday Evening Post, el cual si tiene éxito continuará como una serie.
Mis mejores deseos como siempre,
1 East 34th Street
Baltimore, Maryland
25 de marzo de 1936
Querido Max:
En relación a la carta adjunta de Simon and Schuster [Simon and Schuster expresó su interés en publicar los artículos biográficos que Fitzgerald estaba publicando en Esquire] ¿recuerda usted mi propuesta de hace algunos años de reunir mis trabajos ajenos a la ficción definitivamente autobiográficos —“How to Live on $36 000 a Year”, etc., “My Relations with Ring Lardner”, un artículo del Post llamado “A Hundred False Starts”, sobre hoteles en los que me quedé con Zelda y media docena de otros más y convertirlos en libro?—. En ese momento no le gustó la idea y, a menos de que se reunieran en un libro y se les proporcionara la clase de fuerza que tuvo la autobiografía de Gertrude Stein [The Autobiography of Alice B. Toklas], estoy consciente de que no habría dinero en él. Algunos de ellos estarán inevitablemente caducos, pero hay muchos y el interés en esta serie del Esquire ha sido tan grande que pienso que podría usted reconsiderar el asunto por la posibilidad de que pueda proporcionar dinero. Si no le gusta la idea, ¿qué pensaría si Simon and Schuster lo intenta?
No quiero dedicarle tiempo hasta que esté absolutamente seguro de su publicación y, por supuesto, preferiría mantener, como sabe usted, mi identificación con Scribner, pero en vista del éxito del libro de Gertrude Stein y el de Seabrook [tal vez Asylum, en el que el autor narra sus experiencias en un hospital mental para alcohólicos] podría resultar beneficioso.
Siempre suyo,
1 East 34th Street
Baltimore, Maryland
2 de abril de 1936
Querido Max:
Su carta realmente evade la cuestión, porque una cosa sería reunir esos artículos y otra escribir un libro. La lista incluiría lo siguiente;
1. Una corta autobiografía que escribí para el Saturday Evening Post “Who’s Who an How.”
-
Un artículo sobre Princeton para el College Humor.
-
Un artículo sobre tener 25 años para el American.
-
“How to Live on Practically Nothing a Year” para el Post.
-
“How to Live on $36 000 a Year” para el Post.
-
“Imagination and a Few Mothers” para el Ladies Home Journal.
-
“Wait Till You Have Children of Your Own” para el Woman’s Home Companion.
-
“How to Waste Material” para Bookman.
-
“One Hundred False Starts” para el Post.
-
“Ring Lardner”, New republic.
-
“A Short Autobiography” para el New Yorker.
-
“Girls Believe in Girls” Liberty.
-
“My Lost City” Cosmopolitan (todavía sin publicar pero muy bueno, creo.)
14 “Show Mr. And Mrs. F to” Esquire.
15 “Echoes from the Jazz Age.”
16 Los tres artículos del derrumbe para Esquire [“The Crack-up”, “Pasting it Together” y “Handle With Care”.]
Esto totalizarían 60 000 palabras. Los revisaría y establecería ciertas ligas, tal vez una especie de textos telegráficos entre cada artículo.
No sé si el libro tendría o no la coherencia que lo hiciera venderse.
La diferencia residiría en si la gente piensa que hay material auténtico ahí dentro o es una colección ensamblada. Sucede que una buena parte de estos artículos son intensamente personales, es decir, mientras un periodista tiene que encontrar algo sobre qué escribir sus artículos diarios o semanales, yo he escrito artículos enteramente bajo el ímpetu que viene de dentro. De hecho me siento menos culpable con la no-ficción que con la ficción. Déjeme agregar, sin embargo, que si tuviera tiempo de convertir esto en un libro rescrito antes que en un libro revisado preferiría dedicar ese tiempo a terminar Philippe. Sencillamente no puedo permitirme hacerlo antes de salir de este abismo de deudas. Mientras tanto ¿qué piensa usted? Necesito consejo en este asunto. [Perkins contestó que no sería aconsejable publicarlo si no se unificaba como libro de memorias.]
Siempre suyo,
Cambridge Arms,
Charles Street,
Baltimore, Maryland
13 de junio de 1936
Querido Max:
Me alegra que coincida usted conmigo sobre la publicación de Tender is the Night por la Modern Library. No hubo intención de preguntarles a ellos antes de hacérselo saber a usted y creo que ambas cartas han salido del correo al mismo tiempo.
Sin embargo, el tema me ha recordado la idea sobre la que le escribí el mes pasado: la posibilidad de recoger mis artículos en un libro, incluso unificarlos como una autobiografía. La nueva serie para Esquire parece haber conmovido lo suficiente a Gringrich para escribirme que el que aparece en el número de agosto (llamado “Afternoon of An Autor”) es lo mejor que ha publicado en seis años de publicar su plana. Todavía creo que si se me ocurre un título atractivo el libro tendría posibilidades. Incluiría en buena medida el material que le sugerí antes más estas nuevas piezas del Esquire, y esperaría hacer cierta cantidad de trabajo en las pruebas. Por favor reconsidere el asunto y hágamelo saber.
Mis planes para el verano aún son vagos, pero siempre puede usted localizarme a través de la dirección de Cambridge Arms.
Mis mejores deseos como siempre,
Asheville, N. C.
19 de septiembre de 1936
Querido Max:
Éste es el segundo día en el que tengo un minuto para ponerme al corriente con la correspondencia. Probablemente Harold Ober le ha proporcionado un panorama general de lo que me ha pasado, pero lo resumiré:
Me rompí la clavícula mientras buceaba —nada heroico, pero demasiado para que los músculos reunieran la energía de una simple zambullida—. Al principio los doctores pensaron que debía tener tuberculosis en los huesos, pero los rayos x mostraron que no era nada por el estilo, así que (como los lanzadores ocasionales que se luxan el brazo por un esfuerzo para el que no se prepararon) fue dejado colgar durante veinticuatro horas por un mal diagnóstico de un joven interno; después los rayos x mostraron la fractura y me colocaron un complicado enyesado.
Casi me había adaptado a él cuando caí en el cuarto de baño al intentar alcanzar la luz, y permanecí en el piso hasta que atrapé una forma suave de artritis llamada “myotosis” que me mantuvo en la cama cinco semanas más. Durante este tiempo hubo crisis domésticas: mi madre enfermó y murió, hice todo lo posible por estar ahí pero no pude. He estado a dos kilómetros y medio de mi mujer todo el verano [Zelda estaba internada en un sanatorio] y la he visto media docena de veces. Todo lo que realicé durante el verano fue un cuento, no muy bueno, y dos artículos para el Esquire, ninguno de los dos muy buenos.
Probablemente ha visto a Harold Ober y le habrá dicho que Scottie logró una beca para una escuela muy cara a la que yo quería que fuera [la escuela de Miss Ethel Walker en Simsbury. Connecticut]. Fuera de esto no tengo buenas noticias, excepto que heredé de mi madre algún dinero, no lo que yo esperaba, pero por lo menos $20 000 en efectivo y bonos que se materializarán en seis meses —por alguna razón desconozco el motivo de que requieran ese tiempo. Voy a emplear una parte, junto con el producto del último cuento y del que estoy en trance de terminar, para pagar mis facturas y tomarme dos o tres meses para descansar en grande. Tengo que admitir que ya no tengo la vitalidad que tenía hace cinco años.
Siento que debo decirle algo que al principio pensé dejar por la paz: le escribí a Ernest a propósito de su cuento y le pedí, en los términos más comedidos, que no use mi nombre en futuros trabajos de ficción [En “The Snows of Kilimanjaro” publicado en Squire en agosto, Hemingway hace que su héroe reflexione sobre los americanos ricos: “Recordó al pobre Scott Fitzgerald y su romántica admiración por ellos y cómo había escrito un cuento que comenzaba ‘Los ricos son muy diferentes de ti y de mí’ y alguien le contestó ‘Sí tienen más dinero’, pero no le hizo gracia a Scott. Él creía que la de los ricos era una raza especial y, cuando descubrió que no era así lo afectó tanto como el resto de las cosas que lo afectaron.”] En respuesta me escribió una carta loca [Gringrich describió la carta como “brutal”], diciéndome lo grande que era como escritor y cuánto amaba a sus hijos, pero reconocería no tener razón—“si yo perduraba”—, lo que él ponía en duda. Haberle contestado habría sido como jugar con un petardo encendido.
De algún modo amo a ese hombre, no importa lo que diga o haga, pero un solo golpe más y tendría que emplear mi poder con la pandilla para ponerlo quieto. Con sus primeros libros nadie pudo lastimarlo pero ha perdido la cabeza por completo y cuanto más embotado está más parece un boxeador aturdido por los golpes peleando en las películas.
Ninguna noticia especial, excepto la monótona rutina de la enfermedad. Scottie está emocionada con la boda.
Suyo como siempre,
Grove Park Inn
Asheville, North Carolina
16 de octubre de 1936
Querido Max:
Como le dije en el telegrama, un adelanto sobre la herencia de mi madre por un amigo hace innecesario que me aproveche más de usted.
No me agrada la idea del libro biográfico. Tengo planeada una novela o, más debiera decir, maquinada, lo que encaja mejor con las circunstancias, pero ni esta herencia ni el panorama de la situación financiera hace que piense en emprenderlo. Se trata de una novela ciertamente tan larga como Tender is the Night y, conociendo mi hábito de las correcciones y revisiones interminables, comprenderá usted que la imagino para dentro de dos años. Salvo por un oportuno descanso, puede ver lo difícil que sería para mí dominar el tiempo libre de dos años para terminarlo. Durante todo un año he estado contando con tal descanso en forma de una compra por Hollywood de Tender o que Grisman consiga que Kirkland o alguien más haga una buena adaptación teatral. (Sé que no me gustaría el trabajo y sé que Davis, quien tendría razones para emprenderla después del éxito de Gatsby, rehusó pues con su instinto dramático vio que la historia no estaba construida tan dramáticamente como Gatsby y no se prestaría tan fácilmente a la adaptación.) Así que digamos que ninguna buena interrupción accidental puede ser tomada en cuenta. No puedo imaginar ninguna forma práctica de emprender ese trabajo. Si tiene usted alguna sugerencia será bienvenida, pero no existe ninguna posibilidad de que mis gastos se reduzcan a menos de 18 000 dólares al año durante los dos siguientes, con la hospitalización de Zelda, el pago de los seguros, etc. Y tampoco es probable que con el relativo fracaso financiero de Tender is the Night pueda recibir un adelanto de unos 36 000 dólares. El plan actual, como más o menos lo he formulado, parece continuar indefinidamente con la escritura para el Post o ir a Hollywood otra vez. Pero cada ida a Hollywood, a pesar del enorme salario, me ha hecho retroceder financiera y artísticamente. Mis sentimientos contra el libro autobiográfico son:
Primero: que cierta gente piensa que esos artículos del Esquire [conocidos como The Crack-UP] me causaron un daño innegable y evidentemente formarían parte de un libro así concebido. Mi idea del invierno pasado (de que podía reunir los artículos que había escrito) se desvaneció a la luz de la desaprobación de usted y ciertamente, cuando tantos libros se han construido a partir de material misceláneo y ya explotado, como sería en mi caso, no pueden esperarse ventas considerables. Si yo fuera Negley Farson [periodista y escritor de libros autobiográficos de aventuras] y hubiera pasado por las revoluciones y el pánico de los últimos quince años sería otra historia, o si estuviera preparado en estos momentos para “contar todo” habría alguna posibilidad de éxito, pero en este momento resultaría una medida adoptada in extremis, una especie de pausa en mi carrera.
A propósito, disfruté la lectura de General Grant’s Last Stand [de Horace Green] y comprendí sus particulares razones para enviármelo. Es innecesario comparar las diferencias en fuerza y carácter entre el general Grant y yo, el número de palabras que él podía escribir en un año y el campo absolutamente virgen que explotó con la experiencia de cuatro años de vida bajo las más dramáticas circunstancias. La actitud que he sido capaz de adoptar en mis libros se basa por completo en un territorio de referencia completamente diferente con los temas predominantemente basados en problemas de sicología personal. Si se sienta usted a escribir 3000 palabras en un día, eso significará inevitablemente que al día siguiente escriba 500.
Ciertamente tengo una novela más, pero podría permanecer entre los libros no escritos de este mundo. Esas ideas locas, como mandar a mi hija a una escuela pública, poner a mi esposa en un asilo mental público, me han sido propuestas por amigos íntimos, pero romperían algo dentro de mí que haría añicos la delicada punta de lápiz de un punto de vista. Me he puesto por completo en este lugar y no sé cuál es el siguiente paso.
Iré a Nueva York alrededor del Día de Acción de Gracias por un día o dos y podríamos discutir las formas y los medios. Este eclipse general de ambición, determinación y fortaleza, todas ellas cualidades de las que me he enorgullecido, son ridículas y, debo admitir, obscenas.
De cualquier modo gracias por su empeño en ayudarme. Dele las gracias de mi parte a Charlie y dígale que la tarea que menciona sólo está en espera de que enderece mis asuntos. ¡Dios mío, estar endeudado es algo espantoso!
Suyo,
Tuve noticias de Mrs. Rawlings y la iré a ver.
[Oak Hall Hotel]
[Tryon, North Carolina]
[Febrero de 1937]
Querido Max:
Gracias por su nota y su asombroso informe. Qué extrañas se han convertido últimamente las enormes sumas de 10 000 dólares —recuerdo haber rechazado esa cantidad del College Humor por la publicación por entregas de The Great Gatsby.
Bueno, mi año más bajo y menos productivo en general desde 1926 ha terminado. Ese año hice un cuento y dos capítulos de una novela, es decir, dos capítulos que posteriormente usé. Y el cuento era terrible. El año pasado, aunque guardé cama cuatro meses, vendí cuatro cuentos y ocho piezas a Esquire. Una pobre muestra, Dios lo sabe. Este año ha comenzado lentamente también. Cierta maldita falta de interés y tedio, cuando debería tener todos los motivos para querer trabajar así fuera para no pensar. No he bebido un trago desde que dejé el Norte (casi seis semanas, ni siquiera cerveza) y si bien me siento un poco mejor de los nervios, no regresa la vieja exuberancia. Pienso honradamente que todos los campeones de boxeo, actores, escritores que viven de su propio desempeño deberían tener managers durante sus mejores años. Lo efímero del talento se hace evidente cuando se esconde muy lejos de nosotros, tan “distinto” que parece que debiera tener un mejor custodio que el pobre individuo en quien se alberga y es dejado con la cuenta. Mi principal logro últimamente ha sido reducir los gastos de Zelda y los míos al mínimo. Mi falla principal es mi inhabilidad para vislumbrar un futuro factible. Hollywood por el dinero, tiene mucho en contra, los cuentos se me han agotado a menos que surja una nueva fuente de material, una novela lleva tiempo y dinero. Estoy pensando en apartar algunas horas para extraer alguna obra de teatro, el siempre llamativo espejismo. A los 40 uno cuenta cuidadosamente la vitalidad y los recursos que le quedan, y una obra de teatro debiera entrar en la dos. La novela y la autobiografía tendrán que esperar hasta que supere la carga de la deuda.
Más que suficiente de mis asuntos. Escríbame sobre Ernest y Tom y de alguien nuevo y si Ring todavía vende y sobre John Fox y The House of Mirth, ¿o soy el único best seller que no vende?
La cuenta, lo sé, no incluye mi deuda personal con usted. Por favor, ¿Cuánto es?
No sé nada de Brookfield. Jamás oí hablar de él pero hay muchas escuelas allí. Alguien me preguntó sobre Oldfields donde fue Mrs Simpson y no supe nada de eso. Por favor, escríbame. Usted es casi el único amigo que no considera conveniente incorporar una lección moral, en especial después del asunto Crack-Up. De hecho he oído de gente en Sing Sing y Joliet que me conforta y aconseja.
Su amigo siempre,
[Oak Hall Hotel]
[Tryon, North Carolina]
[antes del 19 de marzo de 1937]
Querido Max:
Gracias por el libro, no pienso que sea muy bueno pero tampoco apuesto por Sheean o Negley Farson. Ernesto debe escribir ahora un libro fenomenal sobre España: una auténtica crónica de Richard Harding Davis, o mejor. (Quiero decir, no la triste jocosidad de los pasajes sobre P. O. M. [Poor Old Mama, llamaba Hemingway a su esposa Pauline] ni una mera lista de matanzas.) Y hablando de Ernest, le conté a usted que cuando le escribí pidiéndole que me sacara de su cuento me contestó, de mala gana, que lo haría. De hecho, su respuesta fue tan desagradable que resulta muy difícil creer que siga sintiendo amistad por mí. En cualquier caso, si el cuento saliera conmigo todavía en él, recuerde que él estuvo de acuerdo en quitarme [Hemingway cambió el nombre de Fitzgerald por el de Julian].
Por el momento parece que iré a Hollywood por un rato, espero que resulte. Me alegró recibir noticias de Tom Wolfe aunque no entendí lo de su casera. ¿De qué se trata?
Siempre suyo,
Escríbame otra vez, no tengo noticias. Sobrio desde enero y físicamente en buena forma.
[Oak Hall Hotel]
[Tryon, North Carolina]
[antes del 20 de mayo de 1937]
Querido Max:
Gracias por su carta… y el préstamo. Espero que Ober pueda pagarle en pocas semanas.
Todo sereno por aquí, y estaría contento de quedarme indefinidamente salvo que para los cuentos un cambio de escenario es mejor. Me parece que he vivido por años en sepulcros; una experiencia real como el primer viaje a Laudon County resulta por lo general en un cuento. En cuanto pueda, quisiera viajar un poco. Es bueno no tener que preocuparme de Scottie con todo lo que la amo. Quiero conocer a otra gente. (Lo hago constantemente, pero parecieran volver las mismas personas una y otra vez y no es muy agradable).
Su amigo siempre,
Gracias por las palabras sobre Ernest. Creo que protesta demasiado. [Perkins le había escrito a Fitzgerald sobre Hemingway: “Sus sentimientos son diferentes de lo que usted parece sospechar. Creo que tuvo la extraña idea de que si le daba ‘una sacudida’ sería bueno para usted.”]
[The Garden of Allah Hotel]
[Hollywood, California]
[antes del 19 de julio de 1937]
Querido Max:
Gracias por su carta, estaba a punto de escribirle. Sin duda Harold le ha dicho que tengo un buen salario aquí, aunque hasta que no haya pagado mis deudas y acumulado un poco de seguridad de modo que mi “catástrofe de los cuarenta” no se repita, no me jactaré, ni siquiera hablaré de ello. El dinero, como alguien, creo que Charlie Scribner, me recomendó hace años, es administrado por Harold. Lamento que la parte de Scribner alcance sólo 2 500 dólares o algo así el primer año, será así sólo mientras le pago a Harold, quien, como usted, es un individuo. El segundo año será mejor.
Hay cláusulas en el contrato que permiten ciertos periodos fuera pero posponen un libro por un buen tiempo.
Ernest llegó como una tromba. Puso a Ernst Lubitsch el gran director en su lugar al rehusar que su retrato fuera embellecido y rehecho a la Hollywood por él en varias fiestas cocteleras. Creo que estaba en un estado de tensión nerviosa que casi tenía algo de religioso. Recibió 1000 dólares frescos de lo que ganó Miriam Hopkins en la mesa de juego. El rumor dice que fueron $14 000 en una noche.
Todos son muy amables conmigo, sorprendidos y aliviados de que no beba. Soy más feliz de lo que he sido durante años.
Su amigo siempre,
[The Garden of Allah Hotel]
[Hollywood, California]
[antes del 24 de agosto de 1937]
He oído todas las versiones posibles [de una pelea, que efectivamente tuvo lugar, entre Hemingway y Max Eastman en la oficina de Scribner], excepto que Eastman voló a Shanghái con Pauline. ¿Andaba Ernest de juerga? ¿Qué pasó? Me siento sumamente compungido por él después de mi última experiencia con los bastardos de los periódicos. ¿Pero está actuando estúpidamente o ellos están políticamente tras él? Todo se reduce a una gran indiscreción o a verdadera persecución.
Gracias por el reporte de mis “regalías”. Difícilmente pertenezco ya a la nobleza en esa línea. Todo marcha bien aquí. Por fin Scottie está disfrutando de su joven vida, cenando con Crawford, Shearer, etc., charlando con Fred Astaire y sus otros héroes. Estoy orgulloso de ella. ¡Y una nieta, Max! [Perkins acababa de convertirse en abuelo.] ¿Le gustarían cien más?
Su amigo siempre,
Darrow, 3 de septiembre de 1937
Querido Max:
Gracias por su larga y completa carta. [Perkins le contó en detalle el altercado entre Hemingway y Eastman que tuvo lugar en su oficina] Guardaré el secreto como mi vida.
Me divertí mucho con su descripción, pero lo que transpira es que Ernest hizo exactamente la estupidez que yo sabía que haría cuando anduviera por ahí. El hecho de que perdiera el control solamente un minuto no minimiza el hecho de que escogiera precisamente el peor minuto para hacerlo. Su prudencia debió estar en el punto más bajo o no se hubiera confiado nuevamente a los reporteros en el bote.
Está viviendo tan en su propio mundo que sería imposible ayudarlo aunque me sintiera cercano a él en este momento, lo cual no sucede. Sin embargo lo estimo tanto que me disgusto cuando algo le pasa y me siento personalmente avergonzado de que haya sido posible que los imbéciles pudiesen insultarlo y herirlo. Después de todo uno pensaría que un hombre que ha llegado a la posición de ser prácticamente el más eminente escritor de su país podría ahorrarse ese dolor.
Todo marcha bien, sin escribir nada excepto en retratos.
Siempre su amigo,
El libro de Schulberg [They Cried a Little de Sonya Schulberg] está en todos los aparadores de aquí.
[The Garden of Allah Hotel]
[Hollywood, California]
[4 de marzo de 1938]
Querido Max:
Lamento haberlo visto por tan poco tiempo mientras estuve en Nueva York, y que no hubiéramos tenido realmente tiempo de hablar
Mi pequeña borrachera duró sólo tres días y no he tomado una sola gota desde entonces. Hubo otra en septiembre, igualmente de tres días. Salvo por esas ocasiones, no había bebido desde enero del año pasado. ¿No es espantoso que los alcohólicos reformados tengamos que prologar todo explicando nuestra posición en ese asunto?
La carta adjunta es el complemento de una conversación de hace tiempo. Muestra claramente cómo interpretó mucha gente el golpe que Ernest me propinó en “Snows of K.” Cuando le reclamé, prometió en una carta que no lo reproduciría cuando se publicara como libro. Por supuesto, después apareció en la colección de O’Brien [The Best Short Stories of 1937], pero comprendo que no podía evitarlo. Sin embargo, si usted publica una colección suya este otoño, no olvide su promesa de omitir mi nombre. Fue algo infame, y con cualquiera que no hubiera sido Ernest, me hubiera inclinado por devolver el golpe. ¿Cómo pudo pensar que eso fortalecería su cuento si yo me había convertido en esa despreciable criatura? Es injustificable desde cualquier punto que se le vea.
Nada nuevo aquí. Estoy escribiendo una nueva película de Crawford, llamada Infidelity. Aunque se basa en un cuento de revista, prácticamente es un original. Me gusta el trabajo, y tengo un productor mejor que el anterior —Hunt Stromberg—, una especie de Thalberg sin el alcance de Thalberg pero con su intenso poder de trabajo y absorción en el oficio.
Entretanto estoy llenando un cuaderno con material que podría ser de un interés más inmediato para usted, pero por favor no mencione para nada que tengo algún plan. Tender is the Night estuvo colgada demasiado tiempo y le presentaré mi siguiente aventura sin preparación ni fanfarrias.
Lamento lo de Tom Wolfe. [Wolfe había dejado Scribners para irse a Harper’s.] No lo entiendo. Lo siento por él y, en otro sentido, lo siento por usted, pues sé del gran afecto que le tiene.
Es probable que lo vea a usted por Pascuas.
Saludos a Louise.
Siempre suyo,
Todo lo de “The Snows” es confidencial.
[The Garden of Allah Hotel]
[Hollywood, California]
[23 de abril de 1938]
PERSONAL Y CONFIDENCIAL
Querido Max:
Recibí sus dos cartas y aprecio su amplitud pues, por el momento, experimento mucho lo californiano y, en consecuencia, he perdido el contacto con Nueva York.
El libro de Marjorie Rawlings me fascinó [The Yearling]. Creo que es aún mejor que South Moon Under y envidio la facilidad con la que construye las escenas de acción, como la tremendamente complicada secuencia de la cacería, la cual yo hubiera delimitado con anticipación, lo que probablemente la hubiera hecho parecer afectada. La suya simplemente fluye; los personajes siguen pensando, hablando, y sintiendo sin detenerse, y uno piensa, habla y siente con ellos.
En cuanto Ernest, estoy fascinado por lo que me cuenta usted de la obra de teatro [The Fifth Column], conmovido de que me recordara en sus premonitorias últimas palabras [Hemingway tenía el presentimiento de que no volvería de España a donde había partido], y fascinado como siempre por la byroniana intensidad de este hombre. Los Angeles Times publicó dos de sus artículos, pero ninguno de los últimos tres días, y mantengo la esperanza de que ningún proyectil desviado de algún Krupp haya derribado a nuestro más valioso ciudadano. En el correo de ayer llegó una carta del exquisitamente discreto colega suyo Whitney Darrow, o Darrow Whitney, o como quiera que se llame. Nunca me ha agrado mucho ese hombre desde que insistió en vender This Side of Paradise en un dólar cincuenta, lo que me costó unos cinco mil dólares; no me resultó más agradable el otro día cuando fui a una casa y vi que alguien leía Great Modern Short Stories de la Modern Library con un pobre trabajo mío llamado “At Your Age” al lado de “Youth” de Conrad y “The Killers”, de Ernest, porque Darrow Whitney tenía envidia del copyright.
Su carta me informa que This Side of Paradise ha sido descatalogado. Lo cual, después de 18 años, no me sorprende (después de echarle una ojeada creo que después de Dorian Gray es uno de los libros más divertidos por su desatada falsedad, pero aquí y allá encuentro páginas sumamente vivas y reales): sé que para la generación más joven leer sobre las batallas que nos absorbían entonces y nos parecían sorprendentes resulta demasiado remoto. Para conservarlos, metería un par de abortos para darle color (y tal vez lo haría si tuviera la edad y escribiera otra vez). Sin embargo, quisiera saber qué significa “descatalogado”, ¿Quiere decir que puedo hacer mis propios acuerdos con él? Es decir, si algún editor está interesado en reeditarlo ¿podría avanzar yo mismo, o se convertiría de pronto otra vez en una propiedad valiosa para Darrow Whitney?
Una vez tuve la idea de que Bennet Cerf lo publicara en la Modern Library con un nuevo prefacio. Pero veo en su carta una sugerencia de publicar un libro ómnibus con Paradise, Gatsby y Tender. ¿Qué tan remota es esa idea y por qué debemos olvidarnos de ella? Si voy a estar dos años aquí, como es probable, no me parece conveniente dejar que mi nombre se pierda de vista como sucedió entre Gatsby y Tender, sobre todo ahora que no voy a escribir ni siquiera los cuentos del Post.
He vuelto a la idea de expandir los cuentos sobre Philippe, el caballero de la edad oscura, pero no sé cuándo encontraré tiempo para eso, pues este asombroso negocio pasa zumbando como un rayo y luego, mientras él se prepara, lo deja a uno esperando con una sensación de desaliento, de tener el seguro echado, sin ánimo de emprender ninguna otra cosa. Es, como puede usted imaginar, una extraña conglomeración de unos cuantos hombres agotados haciendo las películas, y más abajo una deprimente multitud de impostores y escritores a sueldo. La consecuencia es que uno de cada dos hombres es un charlatán, nadie confía en nadie y se desperdicia una enorme cantidad de tiempo debido a la desconfianza.
Las relaciones, no sólo con usted sino con Harold y con Lorimer del Saturday Evening Post han sido tan placenteras que incluso trabajando con la gente más agradable de la industria, Eddie Knopf y Hunt Stromberg, siento esa falta de confianza.
Los tiempos difíciles extirpan a muchos incompetentes, pero ellos pululan de vuelta. Herman Mankiewicz, un hombre arruinado que no ha escrito dos páginas seguidas en dos años, fue finalmente echado por la Metro, ¡y de inmediato recogido por Columbia! Es un compañero simpático que todo mundo quiere y ha sido brillante, pero es contratado porque todos sienten lástima por su mujer, lo cual lo convierte en un obstáculo para hacer buenas películas. Total inflexibilidad con los desamparados, combinada con ultra sentimentalismo. ¡Jesús, qué combinación!
Aún me siento a oscuras con Tom Wolfe, temeroso por él; no imagino verlo marchar solo, pero tampoco puedo verlo a usted sacrificándose en esa lucha constante. Qué momentos ha tenido usted con sus hijos, Max: Ernest en España, yo en Hollywood. Tom convertido artísticamente en un montañés.
Hágame saber su respuesta sobre This Side of Paradise. La carta de Darrow Whitney o Whitney Darrow fue tan sutilmente desagradable que me hace pensar que se sintió personalmente complacido de que el libro fuera descatalogado. Basta de comprar todos los ejemplares de segunda mano. Podría decirle usted que si lo piensa mejor haga lo mismo. Yo tengo un ejemplar en algún lado, pero quisiera un par extra.
Con el afecto de siempre,
Metro-Goldwyn-Mayer Corporation
Culver City, California
29 de septiembre de 1938
Querido Max:
Quiero escribirle sobre Tom como si fuera usted un pariente suyo, pues sé cuán profundamente debió haberlo conmovido su muerte [Thomas Wolfe murió el 15 de septiembre], lo mucho que estaba usted comprometido con su carrera literaria y el afecto que tenía por él. Desconozco los detalles. Poco después de que me dijera en su carta que él estaba en Seattle, leí en el periódico que estaba enfermo cuando partió al Este. Eso me preocupó y me pareció una experiencia triste, dolorosa y solitaria, si bien algo que, con su gran vitalidad, podría de algún modo dominar y superar, y luego el final en Baltimore y su vital, vibrante cuerpo en reposo por fin. Hay un gran silencio después de su partida, incluso mayor que el posterior a la muerte de Ring, quien estuvo agonizando durante tanto tiempo.
Quisiera saber más sobre el asunto. Usted, como su ejecutor literario, está más en control de su destino literario, aunque parezca extraño, que cuando estaba vivo. No supongo que su “millón de palabras” termine su gran plan, pero no estoy muy seguro que eso importe pues el plan puede haber sido algo mutante y progresivo. Las partes más valiosas de Tom eran las partes más líricas o, más bien, esos momentos en que su lirismo estaban mejor combinado con sus poderes de observación, esas finas mezclas como la del viaje por el Hudson en Of Time and the River. Tengo curiosidad por saber cómo eran sus últimos trabajos, si había perdido el rumbo o tal vez lo había vuelto a encontrar.
Con profunda simpatía por usted y la familia de Tom. ¿Cree usted que sea buena idea escribirles una carta?, ¿y a quién debo dirigirla?
Su amigo siempre,
P. S: Estoy encantado con lo del niño de Zippy [una de las dos hijas de Perkins]. ¿Cuál de sus hijas fue a Vassar? Habla usted vagamente de un plan de Hemingway, pero me deja en la oscuridad. Estoy contento de que me haya sacado de “The Snows”. Gracias por The Captain’s Chair [Novela de Richard Flaherty.] También por las noticias sobre Elizabeth.
Metro-Goldwyn-Mayer Corporation
Culver City, California
24 de diciembre de 1938
Querido Max:
Desde la descatalogación de Paradise y el éxito (¿o es lo mismo?) de The Fifth Column he comenzado a sentirme algo abandonado. ¿No se está dejando que mi fama se evapore? Quiero decir, lo que queda de ella. Todavía soy un personaje para mucha gente y el número de veces que veo mi nombre en el Time o el New Yorker, etc., hace que me pregunte si debe dejarse que desaparezca sin darle importancia, cuando hay monumentos de dos pisos para colegas como Farrell y Steinbeck.
Creo que algo debe publicarse esta primavera. Usted tiene un plan para las tres novelas y yo tengo otro, para más adelante, de un libro grande; la recesión ha terminado por ahora y tengo la ambición natural de ver mi obra accesible a otra generación. Obviamente, Bennet Cerf no va a hacer nada por Tender y me parece que esas cosas necesitan una chispa de sus propios editores. No fue hace mucho que Tender estuvo entre las doce mejores de una mala temporada y tuvo una oferta del Literary Guild, así que tiene más probabilidad que, digamos, Callaghan. Cualquiera de los dos libros de los que hablo tendría una gran probabilidad de cubrir los gastos. Una generación completa no ha leído jamás This Side of Paradise. (A menudo pienso que si Frank Bunn, en Princeton, hubiera tenido unas pocas docenas de ejemplares en sus estantes cada septiembre para Navidad hubiera vendido todo.)
Pero estoy interesado en Tender en especial. El libro no está muerto. El fondo de su atractivo permanece. Constantemente encuentro gente que tiene el mismo vínculo con él como otros lo tienen con Gatsby y Paradise, gente que se identifica con Dick River. Su gran falta es que el verdadero comienzo —el joven psiquiatra en Suiza— está escondido en mitad del libro. Si las páginas 151-212 fueran sacadas del lugar en que se encuentran ahora y puestas al principio, el mejoramiento de su atractivo sería enorme. De hecho, error fue señalado por una docena de reseñistas. Para darle forma a ese cambio, requeriría por supuesto de cambios en media docena de páginas más. Y como usted sugiere, un libro ómnibus debería tener un prefacio o más prefacios, además del glosario que propongo de inexactitudes y equivocaciones de This Side of Paradise. Esto último podría atraer alguna divertida atención.
La otra idea es ésta:
Una gran colección que abriría con Philippe, completamente rescrito y fundido en una noveleta de 30 000 palabras. La colección consistiría en:
-
Philippe.
-
Preguerra (Basil y Josephine).
-
“May day”.
-
La Era del Jazz (una docena de los mejores cuentos de jazz).
-
Una docena de otros, incluyendo “Babylon”.
La razón para utilizar Philippe: de alguna forma se completa con el cuarto cuento (el cual debe usted leer) y, a pesar de cierta confusión en la escritura, es uno de los mejores personajes que he “dibujado”. Debe ser un libro extenso —pero, sea o no renovado mi contrato con la M-G-M, voy a trabajar otro año más de forma independiente aquí para ahorrar algún dinero, y luego haré mi novela moderna—. Así que literalmente pasarán años antes de volver a Philippe de nuevo, si es que lo hago.
Trabajando aquí puedo encontrar tiempo para rescribir Philippe como contemplo y podría terminarlo a principios de febrero. Los demás cuentos entrarían en la colección sin cambios. A diferencia de Ernest, no quisiera meter todos los cuentos de los cuatro libros pero si añadir cuatro o cinco nunca publicados antes.
Estoy desesperadamente ansioso con estos dos proyectos. Creo que las novelas deben salir primero, salvo que hubiese factores que usted no me ha dicho. Pienso que sería una pena posponerlo. No vendería desaforadamente al principio y a menos que haga usted un gesto de confianza, veo mi fama morir por falta de nutrientes. Si pudiera usted ver las fichas de mis libros en las bibliotecas públicas de aquí, hasta hoy continuamente demandados en Los Angeles, vería que no he tenido nunca amplia distribución en algunas partes del país. Cuando This Side of Paradise estuvo en primer lugar en la lista mensual del The Bookman, ni siquiera aparecía registrado en los estados del oeste.
Puede imaginar lo desagradable que me resulta echarme flores como ahora pero se debe a la profunda convicción de que algo debe hacerse, si se hace enseguida sobre mi reputación literaria, siempre suponiendo que tengo alguna.
Su amigo siempre,
Metro-Goldwyn-Mayer Corporation
Culver City, California
4 de enero de 1939
Querido Max:
Su carta me ha confundido. Nunca entendí que era la Modern Library la que estaba considerando publicar mis tres libros en un volumen gigante. Creí que era una iniciativa suya. Si ellos no muestran ningún entusiasmo por publicar Tender no veo cómo podrían tener interés en publicar uno gigante. Usted habló de él el año pasado como algo que sólo la recesión le impedía llevarlo a cabo.
Lo que no me gusta es el factor descatalogado. En un segundo discutiré el tema de Philippe con usted, pero primero permítame decirle que yo preferiría tener This Side of Paradise impreso, aunque fuera en la edición barata de American Mercury, que totalmente descatalogado. Veo que ellos acaban de publicar Indelible, de Elliot Paul. ¿Qué cree usted que pensarían sobre este asunto?
Sobre Philippe. Cuando le escribí a usted, había imaginado otro año de trabajo constante aquí. Ahora, si bien es posible que permanezca en la costa un año más, es más probable que el trabajo sea de película en película con la perspectiva de tomarme tres o cuatro meses del año, incluso más, para el trabajo literario. Philippe me interesa. Temo, sin embargo, que tenga que ser sostenido por algo más sustancial. Tendría que escribir 10 000 o 15 000 palabras más para convertirlo en un libro del tamaño de Gatsby y no estoy seguro de que tendría verdadera unidad. Recordará que al comienzo el plan era tremendamente ambicioso: iba a tener al joven Philippe buscando su fortuna, a Philippe maduro participando en la fundación de Francia como nación por los capetos, a Philippe como hombre mayor participando en la consolidación del sistema feudal. Habría cubierto un periodo de unos sesenta años, de 880 d. C. a 950. La investigación requerida para las dos últimas partes sería enorme y el libro habría sido (o será) una pieza de gran auto complacencia, aunque admito que la autocomplacencia a menudo rinde dividendos inesperados.
Con todo, si periodos de tres o cuatro meses fueran posibles el año próximo y después, haría muy bien una novela moderna. Una de esas novelas que sólo pueden ser escritas en el momento y cuando está uno lleno con la idea, como Tender tuvo que haberse escrito en su concepción original, todo situado en la Riviera. Creo que sería un trabajo más rápido escribir una novela como esa de entre 50 000 y 60 000 palabras de extensión que hacer una revisión completa de Philippe y agregarle unas 15 000 palabras. En todo caso, decidiré en el lapso de un mes y le daré a conocer mi decisión.
Gracias por su carta. Quisiera que me enviara una copia del artículo de Tom Wolfe, pues nunca vi nada aquí. John [Peale Bishop] escribió también sobre mí en el Virgina Quarterly.
Su amigo siempre,
P. S.:Espero que Jane y Scottie se vean mucho si Scottie se queda ahí [ambas estudiaban en Vassar], pero sospecho que tiene tendencia a ser una chica guerrista y ha sido puesta a prueba. Espero que sobreviva este febrero.
5521 Amestoy Avenue
Encino, California
25 de febrero de 1939
Querido Max:
Lamento haberlo visto tan brevemente pero tuve el presentimiento de que usted quería hablar de algo con su hija y que yo estaba estorbando. Qué linda es, parecía un poco atemorizada por mí por alguna razón, o tal vez era uno de mis días conscientes.
Una de las cosas que pretendía decirle era lo mucho que disfruté el libro Cantigny de Evarts, quien entiendo que es primo suyo ¿No es así? Me pareció muy vivaz. Me recordó uno de los mejores cuentos de Tom Boyd de Point of Honor, aunque su actitud era satisfactoriamente diferente.
No dudo que ha usted hablado con Harold en relación con el asunto del seguro. Por supuesto, él piensa que soy irreflexivo, pero creo que sería moralmente destructivo continuar aquí más tiempo en calidad de trabajador de fábrica. Las condiciones de la industria son un tanto paradójicas: “Te traemos aquí por tu individualidad, pero mientras estés aquí insistimos en que hagas todo lo necesario para ocultarla.”
Tengo varios planes, y en un día o dos me embarcaré en uno de ellos. Es maravilloso estar escribiendo otra vez y no remendando. Sabe usted que en Gone with the Wind tenía prohibido emplear palabras que no fueran las de Margaret Mitchell; es decir, cuando había que inventar nuevas frases ¡tenía uno que hojear el libro como si fueran las Escrituras y extraer frases suyas que cubrieran la situación!
Mis mejores deseos como siempre,
P. S. Estoy sorprendido, por supuesto, de que el libro de Tom Wolfe diga lo que me dice usted. Estoy seguro de que si viviera y quisiera hacer un retrato de usted, le habría dado por lo menos el tono correcto y no haría de usted un villano. [Wolfe retrató no muy halagadoramente a Perkins, como Foxhall Edwards, en The Web and the Rock y en You can’t Go Home Again.] Es asombroso, sin embargo, lo que la gente puede hacer. El sarcástico giro en contra mía de Ernest siempre me pareció que era insustancialmente infantil, al grado de que en realidad nunca sentí resentimiento. La posición de usted, en el caso de Wolfe, es por cierto extremadamente irónica.
5521 Amestoy Avenue
Encino, California
22 de mayo de 1939
Querido Max:
Acabo de recibir una carta de Charlie Scribner, una carta muy amable que aprecio y contestaré. Parece estar convencido de que la novela fuera sobre Hollywood y tengo terror de que esa desinformación pueda ser trasmitida a las columnas literarias. Si di esa impresión ésta es enteramente falsa: dije que la novela era sobre algunas cosas que me han pasado a mí durante los dos últimos años. Definitivamente, no es sobre Hollywood (y si así fuera, sería la última impresión que quisiera dar. [The Last Tycon era, en efecto, sobre Hollywood, pero Fitzgerald temía ser despedido si eso se sabía.]
Sin embargo, está progresando muy bien, con la salvedad de que he estado confinado en la cama durante algunas semanas por un leve retorno de mi antiguo mal. Fue bonito verlo, a pesar de la brevedad, en especial el último día. Cogí el avión a las cuatro y treinta y viajé sin contratiempos al oeste.
He llegado a querer este rincón de California donde permaneceré todo el verano. Las fechas para una novela son, como usted sabe, inciertas, pero estoy bosquejando ésta de modo que, a diferencia de Tender, pueda dejarla durante un mes y luego retomarla exactamente, objetiva y emocionalmente, en el mismo punto.
Quisiera darle más noticias, pero lo que he visto últimamente es sólo lo que uno puede ver desde la ventana. Saludos para todos, y por favor corrija esa impresión que Charlie parece tener.
Su amigo siempre,
5521 Amestoy Avenue
Encino, California
20 de octubre de 1939
Querido Max:
Recibí su telegrama, pero mientras tanto descubrí que la propuesta de Collier’s era menos liberal de lo que esperaba. Quieren pagar $15 000 por el folletín. Sin embargo (sin tomar medidas como no cumplir con mis impuestos, dejar mi póliza de seguros, sacar a Scottie del colegio y meter a Zelda a un asilo público) ni podría durar ni cuatro meses con eso. Ciertas deudas se han acumulado de modo tal que la mayor parte de los $15 000 ha sido, por decirlo así, gastada ya. Una contracción de mis propios gastos al mínimo, es decir un cuarto en una pensión, el abandono de cualquier atención médica (aún veo al médico una vez por semana), podría dejarme al final no solamente sin un centavo sino incluso más endeudado de lo que estoy ahora. Por supuesto, tal vez al final tendría una posesión. ¡Pero creí que iba a tener una posesión cuando terminé Tender is the Night! Por otra parte, si, por decirlo así, quiebro, por lo menos no tendré demasiado peso sobre la cabeza.
No obstante, si Collier’s pagara más, eso podría dar el necesario margen de seguridad, más $2 000 en la mano cuando acabe la novela en febrero. Estoy casi seguro de que si no estuviera en este aprieto, Collier’s no creería que $20 000 es un precio exorbitante por el folletín.
La siguiente complicación, la del dinero con el cual comenzar para cubrir las primeras diez mil palabras, era algo que yo esperaba pudiera usted resolver. No tiene ningún objetivo recurrir a Harold. Al final yo tendría que pagar el pato dándole una parte de un contrato en el que él no ha intervenido para nada. Es un estúpido cabeza dura y tiene una idea errónea de cómo vivo; además, ha convertido en su deber el deprimirme piadosamente cada vez que tiene la oportunidad. No quiera que sepa nada del tema de la novela.
Entretanto he vendido en los últimos meses diez cuentos a Squire, en la generosa cantidad de $250.00 cada uno. Sólo dos de ellos fueron ofrecidos a otra revista, pues cuando eres pobre vendes las cosas por un cuarto de su valor para realizar la venta rápidamente: de otro modo no habría subastadores.
¿Ha hablado usted con Charlie Scribner o reflexionado más sobre el asunto? Si llega a alguna decisión que pudiera ser favorable, ¿podría hacérmela saber mediante una carta nocturna? Adjunto una carta a Kenneth Littauer la cual lo pondrá al corriente de la situación hasta este momento.
Siempre suyo,
5521 Amestoy Avenue
Encino, California
20 de noviembre de 1939
Querido Max:
De esta semana dependen muchas cosas. Estoy casi decido a mostrarle [a Littauer, editor de Colliers] las primeras nueve o diez mil palabras y creo que existe un cincuenta por ciento de probabilidad de que las acepte como o de que no. El material es definitivamente “fuerte”. En cuanto sepa algo de él se lo haré saber a usted.
Por supuesto, si él me respalda será un salvavidas, pero no estoy de ningún modo seguro de que volveré a ser un escritor popular. Esta parte del libro, sin embargo, será una buena prueba. Gracias por su carta.
Siempre suyo,
5521 Amestoy Avenue
Encino, California
19 de diciembre de 1939
Querido Max:
La opinión sobre la novela parece medio buena y medio mala. En resumen, a unas cuatro o cinco personas de aquí les gusta mucho; a Leland le gusta y a usted le gusta. Colliers, sin embargo, parece indiferente aunque les gusta el esbozo. Mi plan es seguir adelante y hacerlo lo más rápido posible. Si pudiera interesar a alguna revista, sería, por supuesto, una inmensa ayuda pero hoy una carta del Post parece indicar que no es su tipo de material. El plan ha cambiado un poco desde que escribí el boceto, pero en esencia sigue siendo como la conoce usted.
Su ofrecimiento de prestarme otros mil dólares es lo más amable que he oído. Llega en el momento más oportuno. Lo primero es la renta de este mes y del pasado y voy a tomarme la libertad de darle a mi casera una letra de cambio por $205.00 a cargo de usted el 2 de enero. Esto, y los $150.00 que usted ya me envió, suman $355.00 ¿puede decirme cuándo estarán disponibles los otros $645.00?
No estoy tan terriblemente en deuda como entre 1935 y 37, pero sí muy molesto. Como mi salud está mejorando definitivamente y puedo hacer algún trabajo intermitente en los estudios entre un capítulo y otro de la novela, en lugar de estar infructuosamente a sueldo de Esquire, creo que para primavera habré llegado a algún lado.
Max, es usted muy bondadoso. Cuando Harold renunció al cuestionable honor de ser mi banquero, me sentí completamente paralizado financieramente sin saber qué era el dinero y de dónde venía. Siempre parecía venir un poco más de algún lado, pero ya no es así. Como sea, muchas gracias.
Su amigo siempre,
5521 Amestoy Avenue
Encino, California
21 de febrero de 1940
Querido Max:
Gracias por enviarme la cesión de “Babylon” Todavía no recibo el dinero que será algo así como $800.00, demasiado poco a como son los precios de Hollywood. Sin embargo me dará la oportunidad de intentar otro cuento y si ése o el que acabo de terminar encuentra un hogar, podré escribir algunos capítulos de la novela. Mientras tanto las cosas no se mueven aquí en forma de película, pero uno hace ciertos ajustes.
Me alegra que John Bishop esté de buen humor. Los asuntos del mundo nunca le preocupan mucho en realidad. Ese hecho hace que me llene de envidia. Yo no puedo ver hacia delante otra cosa que no sea acabar este libro y sostener a Scottie en Vassar. Lo demás no luce más brillante de lo que ha sido durante mucho tiempo. El mayor privilegio sería ser capaz de realizar un trabajo tan absorbente que uno pudiera olvidar los problemas del exterior y de casa.
Lo mantendré informado.
Siempre suyo,
C/O Phil Berg Agency
9484 Wilshire Boulevard
Beverly Hills, California
20 de mayo de 1940
Querido Máx:
Le estaba debiendo una carta decente desde hace varios meses. Primero, la de arriba es mi dirección aunque en este momento estoy a la caza de un pequeño departamento. Estoy en la última semana del trabajo de una película de ocho semanas por la que recibiré $2300.00 No podré pagarle nada de esa suma ni al gobierno, pero es algo, pues se trata de mi propia película Babylon Revisited y puede ponerme en la fila otra vez. No pude alcanzar el grado como guionista a sueldo Eso, como cualquier otra cosa requiere de cierto experimentado virtuosismo.
¡La radio acaba de anunciar la caída de Saint Quentin! ¡Dios mío! Qué sentido tiene que le haya telegrafiado que André Chamson tiene un éxito cuando la guerra ha pasado a otra etapa convirtiendo su libro en un viejo chiste de una tranquila época ya desaparecida.
Quisiera tener algún libro disponible. Hace un año aproximadamente Scottie les dijo a sus amigos que yo era escritor y descubrieron que no había ningún libro en existencia. Ciertamente no es culpa de ustedes. Usted (y Gerald Murphy [Gerald Murphy y su esposa Sara se convirtieron en amigos de Fitzgerald desde que se conocieron en el sur de Francia]) ha sido un amigo en todas las malas temporadas durante estos cinco años. Es divertido ver lo que son los amigos: el golpe de Ernest en “The Snows”, el artículo del mediocre John Bishop en el Virginia Quarterly (una bonita recompensa por los diez años que he estado intentando colocarlo literariamente) y la repentina deserción de Harold en el peor momento, los ha convertido en menos que amigos. Alguna vez creí en la amistad, creía que podía (si no siempre) hacer a la gente feliz y que eso era más agradable que cualquier otra cosa. Ahora incluso eso parece un sueño del paraíso de vodevil barato, una parodia en la cual uno es el eterno cándido.
Profesionalmente, el siguiente paso, lo sé, debo darlo yo. ¿Una edición de 25 centavos mantendría a Gatsby frente a los ojos del público, o el libro es impopular? ¿Ha tenido su oportunidad? ¿Una reimpresión popular en esa colección con un prefacio, no mío sino de uno de sus admiradores —podría escoger a alguno—, lo convertiría en favorito de los salones de clases, de los profesores, de los amantes de la prosa en inglés, de alguien? ¡Pero morir completa e injustamente después de haber dado tanto! Incluso ahora poco de lo que se publica de ficción en América no lleva un leve sello mío. En alguna medida yo fui un original. Recuerdo que tuvimos uno de nuestros pocos e insignificantes desacuerdos cuando dije que nadie a quien le gustara “When Lilacs Last” de Tom Wolfe podría ser muy original. Desde entonces he cambiado mi punto de vista sobre él. Me gusta “Only the Dead” y “Arthur, Garfield, etc., hasta el final. ¿Y dónde estamos Tom, yo y el resto cuando robespierres psicológicos desfilan por las letras americanas llevando a melodramas como Christ in Concrete [de Pietro Di Donato] a la sima, y los muchachos leen a Steinbeck como alguna vez leyeron a Mencken? No he perdido la fe. La gente comprará mi nuevo libro y espero no volver a cometer los mismos errores que con Tender. Cuénteme algo nuevo si tiene usted tiempo. ¿Dónde anda Ernest y qué está haciendo?
Cariños a todo ustedes, de todas las generaciones.
1403 laurel Avenue
Hollywood, California
(nueva dirección)
6 de junio de 1940
Esta carta debió haberse pasado en limpio pero por el momento no tengo con qué. [Esta nota de Fitzgerald aparece sobre el saludo.]
Querido Max:
Gracias por su larga y amable carta y por el libro [Decisive Battles: Their Influence Upon History and Civilization de J. F. C. Fuller], ¿o le di ya las gracias por el libro? Me sentí fascinado no solamente por la excelente descripción de las batallas (aunque los exagerados prejuicios del autor y la necesidad de condensarlas hace que algunas parezcan fuera de foco), sino por la curiosa nota filosófica que parece recorrerlo a partir de la discusión sobre Farsalia.
La nota era evocativa, exultante y tonta, pero hasta que encontré el nombre Spengler su psicología se hizo clara para mí. Hasta entonces había pensado: ¡qué amplitud de miras para un militar! Luego la verdad se hizo evidente. El pobre viejo Spengler ha engendrado nazis que lo harán revolcarse en su tumba, y Fuller añade su propia distorsión. Spengler creía que el mundo occidental estaba muerto y no creía en nada más que eso. Aunque tenía ciertas ideas sobre un posible renacimiento eslavo, éste no incluía a Alemania, a la que ligaba con la decadencia del resto de Europa occidental. Y la flor más bella de todas resultó ser la batalla de Vittorio Veneto y la subida de Mussolini —la revolcada de Spengler en su tumba debe haber sido como la de las hélices de un aeroplano.
En los últimos cuatro capítulos Fuller comienza a parecer ridículo. Me pregunto cómo se sentirá ahora que el admirable Mr. Franco está a punto de cañonear Gibraltar. Esto, por supuesto, no empaña el interés del libro, en especial la parte de la época de Napoleón. ¿Leyó usted alguna vez a Splengler, específicamente el segundo volumen? Yo lo leí el mismo verano en que escribí The Great Gatsby y no creo haberme librado de él. Él y Marx son los únicos filósofos modernos que todavía parecen tener sentido en esta horrible confusión, quiero decir, tener sentido por sí mismos y no en manos de sus distorsionadores. Incluso Lenin parece mejor político que filósofo. Spengler, por otro lado, profetizó el gobierno de las bandas, “los pueblos jóvenes hambrientos de botín” y, más específicamente, “el mundo como botín” como una idea, una idea sustitutiva dominante.
Max, ¿Qué pasa con los derechos cuando un libro es descatalogado? Por ejemplo, en el caso de Flappers. Para los derechos de una posible película y cosas por el estilo, ¿debo renovar la propiedad intelectual? No tengo la menor idea.
¿Qué piensa Ernest de lo que está sucediendo? ¿Está enojado o tiene una actitud filosófica? Los aliados están completamente derrotados, algo así es cierto, y lo lamento por mucha gente. Como le escribí a Scottie, muchos de sus amigos probablemente morirán en los pantanos de Bolivia. Ella, de paso, está muy bien ahora…
Dígame lo que sepa sobre el asunto del copyright [Perkins contestó que el copyright mantenía su vigencia aunque el libro estuviera descatalogado] y me interesa tener aunque sea un indicio de la actitud de Ernest.
Su amigo siempre,
1403 Laurel Avenue
Hollywood, California
15 de agosto de 1940
Querido Max:
Supongo que los peregrinos están cruzando el país en estos momentos. [Jane, la hija de Perkins, y cuatro de sus amigos habían visitado a Fitzgerald en el transcurso de su recorrido motorizado por el país.] No alcancé a verlos otra vez, pero no había nada en los estudios esa semana que los atrajera, es decir, nada que hubiera podido arreglar yo pues Sheila no estaba. [Sheila Graham, columnista de Hollywood y quien se había convertido en una constante acompañante de Fitzgerald.] A menos que alguien los acompañe, los guías simplemente les muestran la parte exterior de los estudios lo cual no es divertido. Como de costumbre, yo estuve en cama todo el tiempo que estuvieron en California, salvo el día que me levante para comer con ellos. Me alegra que Jane y los demás se hayan hecho una idea de cómo son las cosas realmente.
Terminé el trabajo para Shirley Temple. Trabajar las últimas semanas sin paga fue un riesgo. Pero posiblemente pueda producir suficiente dinero para volver a la novela.
Me siento un poco perdido aquí. ¿Qué dice la gente en el Este? ¿Por qué los aislacionistas no son asaltados y colgados en los postes de luz? Todo parece muy misterioso desde aquí, como si la gente viviera en un sueño. ¿Qué pasa con Ernest? ¿Qué piensa? Lo único alentador es la pelea que están dando los británicos.
Su amigo siempre,
1403 N. Laurel Avenue
Hollywood, California
14 de octubre de 1940
Querido Max:
Estoy terminando un trabajo con la Twentieth Century y después espero volver a la novela. Quisiera poder trabajar en ella de manera constante de aquí al primero de febrero. Parece que sería esperar demasiado pues sólo sería posible si el productor vende la historia de Shirley Temple por una suma decente.
[…]
Será extraño pensar en Ernest casado con una mujer realmente atractiva. Pienso que el modelo será algo diferente al de sus creaciones a la Pigmalión. Pienso que el libro de Bunny Wilson es magnífico [To the Finland Station] y que recibió un trato sucio de ese resbaladizo y superficial Fadiman y la reseña más bien estúpida de Malcolm Cowley debió habérsela guardado. Parece que esperaban un estallido de profecías al estilo de Vincent Sheehan. ¿Dios mío, por qué no comenzó por la Filosofía de la Historia? Ahí es donde comenzó Marx. La mayoría de estos ignorantes bastardos creen que Das Kapital es una especie de refutación de Adam Smith.
Su amigo siempre,
[1403 North Laurel Avenue]
[Hollywood, California]
[13 de diciembre de 1940]
Querido Max:
Gracias por su carta. La novela progresa, de hecho progresa con rapidez. Sin embargo, hagamos como que no existe hasta que esté a punto de terminarla. Lo que no quiero es que se convierta en “una leyenda antes de ser escrita”, lo cual creo que es lo que dijo Wheelock [John Hall Wheelock, editor de Scribners] sobre Tender is the Night. Mientras tanto, regréseme los capítulos que le envié pues ahora no tienen validez, deben ser completamente rescritos, etc. La idea esencial es la misma y sigue siendo, así lo espero, un secreto.
Budd Schulberg, un muchachito muy agradable e inteligente de aquí [era hijo de un productor de cine], publicará en enero una novela sobre Hollywood en Random House. [What makes Sammy Run?] No está mal pero no toca mi material para nada. He leído la novela de Ernest y la mayor parte de la de Tom Wolfe [You Can’t Go Home Again] y he estado rumiando un buen rato sobre qué es esta profesión. El fracaso de Tom Wolfe en explicar por qué usted y él se separan estropea su libro pero hay grandes cosas en él. El retrato de los Jack (¿quiénes son?) y de Emily Vanderbilt son magníficos.
Nadie señala cómo Saroyan ha sido influido por Franz Kafka. Kafka fue un extraordinario escritor judío que murió en 1936. Nunca tendrá un público amplio, pero El proceso y América son dos libros que a los escritores les es imposible olvidar.
Éste es el primer día libre que he tomado en varios meses y sólo quería decirle que el libro sigue su marcha y que, comparativamente hablando, todo va bien.
Su amigo siempre,
P. S. ¿Por cuánto vendería usted las planchas de This Side of Paradise? Creo que tiene la oportunidad de una nueva vida.
[Siete días después de escribir esta carta F. S. Fitzgerald murió.]


























