Las geodas poéticas de Jorge Ortega

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Foto de Jorge Ortega (2021) - por Pascual Borzelli

A la memoria de José de Jesús Ortega Luévano (1943-2020)

 

 

1. Vestíbulo de piedra

 

  1. El mundo resuena dos veces

Conocí a Jorge Ortega (Mexicali, Baja California, 1972) en las calles de Comitán, entre las paredes coloniales y los faroles prestos a la impronta de su smartphone, en el marco del encuentro de literatura Carruaje de Pájaros de 2014. Unas tras otras, las capturas del poeta y ensayista mexicano consolidaban un banco de imágenes, que luego, en algún lugar ⸺¿un poema?⸺ sería expuesto, asegurando con ello la sustancia intacta de tales epifanías. Ignoro si efectivamente descargó aquel grato paseo nocturno en una composición, pero esa sensación quedó en mí. Jorge Ortega es un observador tenaz. El clic de su dedo al cortar un verso físico, tangible, en la noche comiteca imantaba en tiempo real su apreciación del sitio: renglones acomodados con parsimonia en el chip del dispositivo, galería que bien pudiera filtrarse en la modulación intimista o la descripción plural de la experiencia. Quizá la vida de Jorge Ortega está sincronizada con su manera de escribir, lo que trasluce con honestidad el preciso acento en los motivos de su obra lírica, su pincelada personal, el pulso inequívoco de su oído, un trazo suave que ordena, en paralelo, el agudo enjambre de su pensamiento poético. Porque escribir y pensar en torno a la poesía exige una doble inmersión en uno mismo, donde el mundo resuena dos veces.

 

  1. En acecho de geodas poéticas

En la página 12 del libro de texto gratuito de Español Lecturas figuran tres poemas que intentan formular una suerte de arte poética para familiarizar al alumno con lo que sería el poema u otras azarosas concepciones de la supervivencia. Destaca la definición de verso del poeta Eduardo Lizalde: “Una víbora de agua que brilla unos instantes / y se esconde en un pliegue inesperado”. Relacioné de inmediato estas líneas con el título de la reciente antología bilingüe publicada en Italia que compila tres estaciones del trabajo poético de Jorge Ortega: Luce sotto le pietreLuz bajo las piedras⸺. Me refiero, sí, a la “víbora de agua que brilla unos instantes / y se esconde en un pliegue inesperado” igual que la luz bajo las piedras. En Leer y escribir en la escuela (2003), la profesora Delia Lerner establece que “Un texto evoca otros textos, un título evoca otros títulos”. Las circunstancias por las que se crea poesía se cruza a veces con las causas por las que leemos, con la ilusión de interpretarlo, nuestro muy complejo alrededor. Lerner lo plantea del siguiente modo, a través de una puntualización que esboza indirectamente un arte poética sobre los ambientes de aprendizaje escolar:

 

Lo necesario es hacer […] una comunidad de lectores que acuden a los textos buscando respuesta para los problemas que necesitan resolver, tratando de encontrar información para comprender mejor algún aspecto del mundo que es objeto de sus preocupaciones, buscando elementos para defender una posición con la que están comprometidos o para rebatir otra que considera peligrosa o injusta, deseando conocer otros modos de vida, identificarse con otros autores y personajes o diferenciarse de ellos […] descubrir otras formas de utilizar el lenguaje para crear nuevos sentidos.

 

El acervo poético de Jorge Ortega posee un idéntico carácter didáctico, un guiño universal a elementos que traspasan fronteras, que no abrevian un gajo de terreno, aferrados a una idea local de verbalización, sino que invitan a explorar con paciencia de geólogo los cimientos de la palabra para urdir un verso exacto en una temporalidad inexacta. Como aduce Delia Lerner, la escritura y la lectura rastrean argumentos para apropiarse de una estética, reivindicarla o refutar alguna, en lo que atañe a los dilemas de la poesía, con el propósito de “identificarse con otros autores y personajes o diferenciarse de ellos” y, en conclusión, “descubrir otras formas de utilizar el lenguaje para crear nuevos sentidos [poéticos]”.

Dicho lo anterior, surgen distintas hipótesis de lo que es el poema: rangos conceptuales que distancian su piso de la realidad, apelando a un discurso sustentado en lo disímil que acrecienta brechas de interlocución con las comunidades de lectores que apenas inician su interacción con el poema; expresiones fincadas en la tradición que supuran verticalmente un legado rígido sobre el magisterio de lo poético; articulaciones que construyen y acercan de manera ecléctica distintos indicios poéticos para resonar en el imaginario de lo múltiple.

En su volumen de ensayo El ancla y el arado. Apuntes sobre poesía iberoamericana y otras afinidades (2014), Jorge Ortega menciona que “El poema es un síntoma de la insuficiencia del silencio o del margen de error del lenguaje humano, por lo que la poesía no se distingue muy estrictamente por su virtuosismo sino por la raíz de anomalía que la provoca […] El poema es, en la mejor de las situaciones, un pie de página, una apostilla, una acotación a la realidad que nos jalona y en la que nos consumimos”. Ahí radica pues el magma del cual estamos conformados: la antípoda o la aproximación, las influencias o la negación de nuestras influencias. En fin, larga perduración al poema.

 

  1. Luce sotto le pietre: Luz bajo las piedras

El poeta y traductor italiano Alessio Brandolini nombró con tentativa geológica el prólogo de la antología poética de Jorge Ortega Luce sotto le pietre: “Il magma del silenzio”. El 4 de octubre de 2021 me reuní con el polígrafo, también traductor y geólogo Jorge Bustamante García, después de cuantiosas semanas de encierro debido a la tercera ola del coronavirus que tuvo su epicentro en la capital moreliana. Cuando revisó el ejemplar de Luce sotto le pietre, además de respirar la buena factura de la edición y leer unos pasajes, se detuvo en el título del prefacio y dijo: “La poesía es esto, Armando, existe más allá del ruido, la detonación flamante, la ebullición hirviente del interior de la Tierra… Deviene el silencio absoluto en el que se forma milimétricamente el magma. Antes del ajetreo de esta cafetería hubo, hace millones de años, un silencio extraordinario que nunca imaginó las anomalías del ser humano. Ese es el origen de la poesía”. Y así empieza Luce sotto le pietre, rememorando el fundamento de las cosas, el del fragor y el sosiego. Jorge Bustamante García me habló del libro Piedras, de Roger Caillois, que incluye un proemio de E. M. Cioran. Mientras radicó en el país albiceleste, Caillois fue un marginado en el ámbito de la literatura argentina, ya que Borges no terminó de aceptarlo. No obstante, Marguerite Yourcenar firmó un texto sobre Caillois denominado “El hombre que amaba las piedras”, difundido en 1980 y reproducido décadas más tarde, en 2003, en la Gaceta de la Universidad Veracruzana en versión de Emma Calatayud disponible en la internet. En su estudio, Yourcenar comenta de Caillois: “Él sabía que el secreto en materia de poesía sólo tiene valor cuando se guarda por razones profundas, casi involuntarias, y no cuando es un procedimiento para sorprender al lector, y que la rebelión contra la evidencia suele acompañarse de una rebelión contra la razón”. Hay por consiguiente un estrecho nexo entre las “razones profundas” que esgrime Yourcenar sobre Caillois y, vinculadas de modo asíncrono, el apartado preliminar de Luce sotto le pietre de Jorge Ortega: Devoción por la piedra. Transcribo un fragmento del poema “Filmina VI” elaborado con la arcilla más sensible:

 

Mi padre camina sin mí por una calle que desconozco.

El mar entre nosotros como una dictadura.

La memoria es lo último que sucumbe, el recurrente fotograma de un instante carcomido por el fulgor de las epifanías

 

Alessio Brandolini, Jorge Bustamante García, Roger Caillois, Marguerite Yourcenar y Jorge Ortega certifican perfectamente la temperatura poética del magma del silencio.

 

  1. Intermedio de luz

  1. Tríada de la Ciudad Eterna

 

Luce sotto le pietre se articula de dos secciones con piezas de las colecciones Devoción por la piedra (2011 y 2016) y Guía de forasteros (2014), y de una senda de poemas inéditos de título homónimo al del repertorio: Luz bajo las piedras. Las tres divisiones ofrecen un entramado sísmico de intensidad mudable, piezas en verso y prosa, giros coloquiales y usos formales que remiten a un pretérito líquido y fluctuante. Citando declaraciones de nuestro poeta, reverbera un influjo que va desde “la condición barroca […] hasta otras piedras” preciosas “en cuya austeridad” Jorge Ortega ha “templado” su “dicción”. A la par, despunta una “saturación de registros” en la tercia de ases con miras a un relativo ayer y por supuesto el presente ⸺en ocasiones dislocado o entero, rebosante⸺, sin olvidar ⸺invocando un poema en prosa del autor bajacaliforniano⸺ “el banquete de las cenizas, esa provincia sin banderas en la que los senderos” poéticos “se intersectan antes de arañar el cielo […] y nos guían al pórtico de otro comienzo”. Esta aparente “saturación de registros” atestigua un temperamento forjado en un bagaje literario de amplio espectro, transversal, que domina con habilidad la gran gama de tonos poliédricos del poema en castellano y otros idiomas, aparte de los estímulos del día a día que consiguen constituir una carpeta de experiencias vitales hacia el núcleo de las piedras-poemas de corte fino recogidas en el conjunto. En resumen, una tríada de texturas que unifica tres fondos lumínicos: la luz vertida en la proclividad del individuo ante lo fugaz y su fuego taimado por la incertidumbre; la continua enunciación de cartografías universales alojadas en el puerto de un pasado; y el tránsito errante de la revelación en segmentos breves donde el sonido y la quietud se complementan. Tres columnas romanas, tres columnas temáticas alternadas de modo sucesivo que el poeta mexicalense Jorge Ortega consensó y proyectó con el curador Alessio Brandolini para su antología poética italiana.

  

  1. Todas las calzadas llevan a Roma

 En una entrevista divulgada en 2018 por el suplemento cultural La Gualdra, de La Jornada Zacatecas, le pregunté a Jorge Ortega sobre los copiosos atajos del poema, a lo que respondió:

La poesía es el común denominador de todas las artes. Tanto la música como la arquitectura, atravesando por la pintura, el cine, la danza o la escultura, aspiran inevitablemente a lo poético o a los estados de sublimación o extrañamiento que suscita la poesía como postura estética y experiencia humana. En este sentido, todas las calzadas de la creación artística conducen a la Roma del poema o contienen de entrada su germen, el de la intencionalidad poética como un ejemplo de plenitud consumada. Ahora bien, la poesía en tanto que destino literario carece de causa lógica, es una marca de nacimiento. Por mera fatalidad, está en uno antes de que cobremos noción del mundo, predisponiendo nuestra receptividad. Como la rosa sin por qué de Angelus Silesius, florece porque florece.

 

  1. Conversación con Jorge Ortega tres años más tarde (2021)

8.1 Has visitado países de Asia, te doctoraste en España, y en la actualidad promueves una antología poética en Italia que te asocia directamente con ese país. En tu itinerario por distintas geopoéticas, ¿cómo influye la poesía mexicana en esas otras latitudes? 

De un tiempo a esta parte, el interés mundial en la poesía de América Latina ha ido al alza. En un principio, ese interés tendió a circunscribirse a los autores hispanoparlantes, pero en el último lustro se ha extendido felizmente, a través del español, a las lenguas originarias. Este escenario permite entrever un fenómeno no antes visto: el declive de las tradiciones poéticas nacionales y el ascenso de las tradiciones idiomáticas que más allá de los límites territoriales animan a estrechar afinidades por encima de las fronteras políticas, cerrando filas en torno a la naturaleza ecuménica y expansiva de la comunicación poética. En dicho contexto, la poesía concebida en México viaja en la cresta de una ola que no cesa de romper en variadas orillas continentales, tanto en Europa como en Extremo Oriente y Oceanía, y claro, en América del Norte, regiones que auspician tradiciones poéticas milenarias o de más reciente andadura con las que la poesía de América Latina ha dispuesto una dinámica de vasos comunicantes en virtud de la traducción, e igual del diálogo genuino alrededor de las implicaciones humanas y los dones netamente intrínsecos de la expresión poética: musicalidad, sugestión plástica, rapto escénico o histriónico.

 

8.2 En el espejo de correspondencias ante la heterogeneidad de la poesía mexicana y frente a la “saturación de registros” que has referido en afirmaciones, ¿qué papel juega en tu bibliografía Luce sotto le pietre? 

Luce sotto le pietre es la cornisa de mi trabajo poético de la última década. El arco histórico de la selección abarca de 2011, año de la publicación de mi libro Devoción por la piedra, hasta 2020, primer año de la pandemia y en el cual se escriben los diez poemas inéditos que integran el tercer bloque del índice y que ya dan cuenta del impacto del Covid-19 en la rutina particular y la interacción colectiva. La segunda escala se aglutina de poemas de Guía de forasteros, alumbrado en 2014. Se trata, en suma, de un tríptico antológico que es a la vez un epítome de los poemas más significativos que, a juicio del curador y traductor, el también poeta Alessio Brandolini, compuse durante un decenio. Cabe subrayar que Luce sotto le pietre es mi primera antología poética y que sale a la luz no en México sino en el extranjero, Italia, a cuya poesía me une la admiración, el afecto y la gratitud por su poderosa ascendencia en mi formación como poeta y lector. Asimismo, veo en Luce sotto le pietre una quintaesencia de dos libros míos que han merecido especial acogida y generado notable repercusión dentro y fuera de México, Devoción por la piedra y Guía de forasteros, que encarnan y condensan experiencias cruciales en medio del camino de la vida ⸺los 35, recordando a Dante⸺ y un cambio de rumbo en mi poética hacia un decir que sin distanciarse de lo sensorial y matérico, lo cotidiano y emotivo, lanza sobre el mundo una ojeada de mayor hondura reflexiva y alcance filosófico, atemperando el gesto neobarroco que la crítica había advertido en mi creación anterior y que vino a culminar en Ajedrez de polvo, de 2003, y Estado del tiempo, de 2005, publicados en Buenos Aires y Madrid, respectivamente.

 

8.3 Tras un arduo andar, una trayectoria robustecida y un pensamiento poético cabal, ¿qué planes tendrías en mente?

Debo confesar que este muestrario italiano, Luce sotto le pietre, es apenas la punta del iceberg de mi obra lírica toda, pues se ocupa de compendiar únicamente un tramo de diez años de mi quehacer poético, la tercera parte de lo transcurrido desde la aparición de mi primer libro, Crepitaciones de junio, de 1992. Me gusta entonces sopesar la posibilidad de una antología poética que sintetice las dos terceras partes restantes de mi recorrido como poeta, ahora que en 2022 se cumplen seis lustros de mi debut como autor público. No obstante, debo reconocer que, para compartir las facetas evolutivas de esa obra a la que aludo, lo más atrevido sea contemplar en un futuro, amén de una antología, una primera edición de mi poesía completa. Sólo un ejercicio de tamaña magnitud me facilitaría a mí y a los demás visualizar la cordillera de cañadas, valles y picos que encubre la totalidad de los poemas que he engendrado a partir de su horizonte de pesquisas afanosas y eventuales hallazgos. Después de tanto peregrinar, este paisaje absoluto será, virtual o impreso, el mejor tablero de orientación.

 

  1. Que esta trilogía lumínica de roca perdure como la remota memoria del magma:

 

Jorge Ortega, Luce sotto le pietre, edición bilingüe español-italiano, traducción y curaduría de Alessio Brandolini, Edizioni Fili d´Aquilone, Roma, Italia, 2020, 160 pp.

 

Fotos de Comitán, Chiapas, del poeta Jorge Ortega.