Pobre Rutebeuf

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A primer golpe de vista es así como medio chueco y venido a menos, con un cierto aire de desolación y fuerza torpe, una especie de troll o cíclope mal avenido, y durante un instante infinitesimal jugué con varios nombres que recorrían referencias desde un homeless bajo los puentes de Brooklyn hasta Pantagruel, pasando por Polifemo y varios más, pero la verdad es que supe desde el momento de verlo quién era, quién tenía que ser, quién no tenía más remedio que ser.

Lo que no sabía entonces era que me obligaría a volver a traducir la canción. ¿Por quinta, sexta, séptima oportunidad? Supongo que debo haberla escuchado alguna vez cuando era un bebé, pero en mi primer recuerdo tendría cuatro o cinco años porque ya podía leer las tapas de los discos. Ahora les llaman vinilos o elepés, pero para mí serán siempre discos, a secas. Este era de Odeon, y tenía una fotografía en blanco y negro, y letras en blanco y rojo. Allí Léo Albert Charles Antoine Ferré se llamaba solo Léo Ferré, y cantaba algo incomprensible pero profundamente conmovedor para mí (mamá y papá se emocionaban mucho más visiblemente cuando oían Ni dieu ni maitre -esta no en disco sino en un cassette grabado creo que por Marcelo Pasternak y que incluía también La solitude y Avec le temps-, y la cantaban fuerte y levantaban el puño izquierdo en el estribillo, a mí me daban entre risa y ganas de esconderlos de pura vergüenza, como al resto de la familia cuando hacían cosas como vociferar en italiano, en mi infancia el italiano era una lengua que sólo se usaba para vociferar y gesticular profusamente, ahora los extraño mucho).

La canción de Léo Ferré dice así:

Pauvre Rutebeuf

Que sont mes amis devenus

Que j’avais de si près tenus

Et tant aimés

Ils ont été trop clairsemés

Je crois le vent les a ôtés

L’amour est morte

Ce sont amis que vent emporte

Et il ventait devant ma porte

Les emporta

Avec le temps qu’arbre défeuille

Quand il ne reste en branche feuille

Qui n’aille à terre

Avec pauvreté qui m’atterre

Qui de partout me fait la guerre

Au temps d’hiver

Ne convient pas que vous raconte

Comment je me suis mis à honte

En quelle manière

Que sont mes amis devenus

Que j’avais de si près tenus

Et tant aimés

Ils ont été trop clairsemés

Je crois le vent les a ôtés

L’amour est morte

Le mal ne sait pas seul venir

Tout ce qui m’était à venir

M’est avenu

Pauvre sens et pauvre mémoire

M’a Dieu donné le roi de gloire

Et pauvres rentes

Et droit au cul quand bise vente

Le vent me vient, le vent m’évente

L’amour est morte

Ce sont amis que vent emporte

Et il ventait devant ma porte

Les emporta

L’espérance de lendemain

Ce sont mes fêtes

Rutebeuf era el seudónimo de un juglar del siglo XIII que firmaba así sus obras. De ellas y de un estudio biográfico de Léon Clédat publicado por Hachette en 1891 proviene casi todo lo que sabemos sobre él: que era tuerto, feo, pobre, jugador, bebedor y generoso; que se casó con una mujer flaca, fea y pobre, pero que lo quería mucho; y que era leal con sus amigos y sus ideas aunque eso significara enfrentarse al poder. Nunca menciona en cambio su propio nombre, y por eso lo conocemos con ese nom de guerre que vendría siendo algo así como Buey Fornido.

Por ese sobrenombre lo imaginé desde pequeño como una especie de Porthos, y a medida que fui sabiendo otras cosas de él esa imagen se volvió cada vez más fuerte. Como Porthos, Rutebeuf es fuerte y tierno, gritón y sensiblero. Como él, fiel a sus amigos hasta cuando no los entiende o lo traicionan o abandonan, propenso a la pelea y el llanto. Y complainte, lamento o elogio fúnebre, es justamente el nombre de uno de los géneros poéticos de la Francia medieval que el Buey practicó con singular fortuna, dicho sea sin juego de palabras. Y entresacando versos e intenciones de aquí y de allá, notablemente del Complainte de Rutebeuf y de La grièche d ̀hiver, es como Ferré compuso su canción.

Canta esta pieza como muchas otras, con un estilo pausado y casi recitativo, es decir juglaresco, parecido al que llegaría a desarrollar el útimo Leonard Cohen, y en este disco se acompaña de piano y órgano. Es tal vez la más versionada de sus canciones. Marc Ogeret la ha interpretado con guitarra y viola da gamba, y Joan Baez con la guitarra sola. Nana Moskouri la cantó una vez con guitarra y otra vez con guitarra, bajo eléctrico, Alain Delon, percusión y un artilugio llamado Ondas Martenot que suena como un híbrido de teclado y theremín (Nana, por otro lado, suena siempre como Nana, espléndidamente).

Ya dije que Pauvre Rutebeuf me ha perseguido desde entonces, y cuando tuve edad para querer entenderlo lo hice, aprendí a leer en francés para entender las canciones de Léo Ferré y las de Barbara y Anne Silvestre y Ogeret, y de vez en cuando me daba por tratar de traducir Pauvre Rutebeuf, a veces literalmente, pensando sólo en el sentido, a veces tratando de mantener la rima o la métrica, a veces por ver si podía sostener en español el aliento a la vez desesperado y batallador del poeta.

Así que ese era yo, más o menos, cuando hace unos años me lo crucé en el bosque a la orilla de un arroyo y durante un instante infinetesimal etcétera. Infinitesimal significa que todo en el mundo aspira de golpe y se detiene, no hay ritmo ni medida, ni sonido ni silencio, el big bang está por ocurrir y no ha ocurrido todavía. Y entonces ocurre.

Y se abstrae.

Y se figura.

Y se canta.

Lo que pasó con este Pobre Rutebeuf de un bosque mexicano es que me hizo darme cuenta de que nunca había traducido el poema de modo que pudiera ser cantado, es decir, cantado en español pero con la música de Léo Ferré. Es más fácil decirlo que hacerlo, entre otras cosas porque, más que métrica o rima, implica trasladar la prosodia del francés –una lengua esencialmente aguda– al español –básicamente grave–, si no me creen hagan la prueba.

Esto es lo que ha salido:

Pobre Rutebeuf

¿Con mis amigos qué pasó

a los que tanto me apegué

y tanto amé?

Se han dispersado tanto más

Creo que el viento los llevó

Murió el amor.

Amigos que el viento sopló

arrastrando desde mi puerta

se los llevó

Con el tiempo que árbol deshoja

cuando no queda ni una hoja

que no esté en tierra

Con la pobreza que me entierra

que sin parar me hace la guerra

todo el invierno

No me conviene andar contando

de cómo me fui avergonzando

de qué manera

¿Con mis amigos qué pasó

a los que tanto me apegué

y tanto amé?

Se han dispersado tanto más

creo que el viento los llevó

Murió el amor.

El mal siempre anda acompañado

Todo lo que estaba fijado

ya me pasó

Mal sentido y poca memoria

me ha dado Dios, el rey de gloria

y poca feria

Y cuando por el culo sopla

el viento pega, el viento azota

Amor ha muerto

Amigos que el viento sopló

Arrastrando desde mi puerta

Se los llevó

La esperanza de mañana

esa es mi fiesta

La vulgaridad de la antepenúltima estrofa no hubiera sido tal para la sensibilidad de la Edad Media, hay muchos ejemplos en la literatura de la época, desde los cantares de gesta hasta la poesía goliarda y los romances cortesanos, y creo que es uno de los grandes aciertos de Ferré, suelen evitar ese “culo” los demás intérpretes con un recato incomprensible. A mí me dio además la posibilidad de traducir las pauvres rentes como poca feria, un buen culo en el momento adecuado crea ondas concéntricas que dan pie fácil a los localismos.

El libro de Clédat formó parte de la colección Les grands écrivains français, al lado de las biografías de gente como D ́Alembert, Gautier, Mirabeau o Chateaubriand. El león Clédat terminó el capítulo biográfico de su libro diciendo algo que el león Ferré podría haber presumido en su canción: “He ahí, sin duda con algunas exageraciones, la vida de Rutebeuf. Hemos recopilado todos los elementos disponibles en sus poemas para comprender su vida y su carácter”.