Juan Ugalde: van a surgir otras formas de entender el arte que ni nos imaginamos

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¿Cómo comenzó su relación con el arte?

 Desde pequeño me gustaba mucho dibujar y me atraían las imágenes colgadas en las paredes. Luego empecé a hacer caricaturas del profesorado, lo cual, por otra parte, me causo algunos problemas con la dirección del colegio.

 

Los críticos ven que su obra posee una tendencia Pop. ¿Está de acuerdo?

 En mi infancia, soy del 58, vivíamos el pop en la vida cotidiana. En España estábamos saliendo de una dictadura militar que empezaba a desmoronarse. Desde la mirada del recién llegado, intuíamos una sociedad que empezaba a cambiar a grandes pasos, vislumbrábamos esa dicotomía entre un mundo pasado serio, nacionalista, lleno de dolor y con colores apagados, y un mundo que llegaba a través de la televisión, la publicidad de colores y fantasías que nos resultaba muy seductor. Posteriormente, ya en los 80, comencé a exponer dentro de lo que se llamo “la movida”; y la tendencia de aquella explosión plástica y musical, en el Madrid de la época, era mayoritariamente de raíces pop. Después he ido dando bandazos en cuanto a gamas de colores, técnicas y mezcla de estilos, pero supongo que algo pop siempre queda.

 

Usted pasó por Filosofía y letras y Arquitectura. ¿Qué influencia han tenido esos conocimientos en su obra?

 La arquitectura me interesaba mucho, también la historia y el pensamiento filosófico, pero nunca me gustó la forma de enseñarlo, quitando algún buen profesor suelto. Igual me paso luego, con más intensidad, cuando fui a Bellas Artes. En la época de Franco, la entonces Escuela de Bellas Artes de Madrid estaba muy enfocada hacia un arte decadente en la línea de la estética fascista. Cuando dejé Bellas Artes hice un gran esfuerzo por olvidar todo lo que me habían enseñado allí. No fue fácil y, como la mayoría de la gente de mi generación, gasté un montón de dinero en drogas para olvidar todo aquello.

 

Usted permaneció unos años en New York. ¿Cómo fue esa experiencia?

Estuve tres años, del 86 al 89, gente muy loca los norteamericanos. Fue un lujo ver en primera línea el mundo del arte de la época. Salir del cascaron Madrid/España y conocer cómo era realmente una sociedad pura y dura de consumo. Fue un aprendizaje muy intenso. El mundo del arte de la época lanzaba cada año sus tendencias y nos resultaba chocante ver como las galerías se iban amoldando a esos cambios. Fue un momento de aluvión de ideas y de grandes cambios en los planteamientos de mi trabajo, que se notarían quiza, algo después (se ve que soy lento procesando).

 

Creó junto a Patricia Gadea, el poeta Dionisio Cañas y el pintor Mariano Lozano, el Grupo Estrujenbank. ¿Qué puede contarnos de esa experiencia? ¿Cuál era el programa de trabajo, los objetivos?

Los 80 fueron uno de los momentos en que la publicidad corporativa empezó a desarrollarse de una forma más extensa e incisiva. En un primer momento, en el año 87-88, cuando llevábamos un año en Nueva york, empecé a pintar cuadros como si fueran imágenes publicitarias de una corporación que se llamaba Estrujenbank y a poner el logo en los cuadros en lugar de mi firma. La artista Patricia Gadea era mi pareja y Dionisio Cañas un poeta que vivía desde hacia años en Nueva York y al que conocimos al poco de llegar. En aquellas noches neoyorquinas hablamos mucho de la función del arte en una sociedad que veíamos cada vez mas globalizada, también hablábamos del arte como simulacro y de la posibilidad de trabajar de forma colectiva. La cosa como grupo no cuajo hasta que Patricia y yo volvimos a España en verano de 89, tenía yo comprometida una exposición en otoño con la galería Buades de Madrid. Para esa exposición decidimos hacerla ya como colectivo y añadimos a Mariano Lozano, que había hecho una colaboración con Patricia unos años antes de irnos a Nueva York.

 

 Fundó una sala de exposiciones de arte contemporáneo (1989-1991) y una revista (1989-1990) con el mismo nombre. ¿Cuáles eran las propuestas de ambos proyectos?

El grupo no tenía programa de trabajo ni objetivos. Más bien se trataba de experimentar con la creatividad colectiva, buscando parodiar la realidad de los bancos, de las empresas, de las fundaciones, de los partidos políticos, etc… iban saliendo ideas que íbamos desarrollando en distintos formatos. Tuvimos una actividad muy intensa a lo largo de varios años. En lo pictórico usábamos logos, jugábamos con eslóganes cogidos de la publicidad de la época, mezclábamos distintos estilos pictóricos y les superponíamos fotos. Pero además de hacer cuadros y algunas esculturas, también desarrollamos campañas publicitarias, anuncios en video, publicaciones con aire institucional y abrimos nuestra propia sala de exposiciones (dentro de nuestro taller), como tenían algunas entidades bancarias de la época. Primero con el eslogan Estrujenbank “Hojalatería y pintura en general”, y luego con Estrujenbank “Primer Banco Español en Quiebra”, generamos cierta confusión institucional y salimos mucho en la prensa.

Alrededor de este proyecto apareció mucha gente y nuestra sala de exposiciones se convirtió en un lugar de encuentro. Se generó debate de ideas en torno a lo individual y lo colectivo, el sentido político del arte, la performance como vía artística, etc. También surgieron muchas colaboraciones con otros colectivos.

 

Su obra se realiza sobre material fotográfico en blanco y negro. ¿Qué puede decirnos de este proceso?

En el periodo inicial de los años 80, usaba fotos de prensa en cartulinas y dibujos, pero no sabía como poder utilizarlas en los cuadros. Durante el período de Estrujenbank usábamos fotos y las colocábamos en marcos dorados que luego atornillábamos a los bastidores de los cuadros. Después de ese periodo de trabajo en grupo, a principios de los 90, empecé disparar y revelar mis propias fotos. Hacia fotos en blanco y negro, con una cámara Minox de bolsillo y las positivaba en papel baritado. Busque una técnica para pegarlas en el lienzo. Los tamaños de las fotos fueron cada vez más grandes y sobre ellas después pintaba, pegaba postales, y en ocasiones otros materiales como baldosines. Me centré en esa técnica durante un período largo, entorno a quince años, luego, con el tiempo, he investigado con otros procesos y técnicas como serigrafía, telas estampadas o ploters partiendo de archivos digitales.

 

Usted ocasionalmente utiliza vídeo y vídeo instalaciones. ¿Cuándo decide el uso de esos soportes?

Los primeros videos fueron con el colectivo Estrujenbank. Anuncios y videos muy caseros porque la edición en aquellos momentos era complicada y no había presupuesto. Después he seguido haciendo videos que presentaba en las exposiciones junto con los cuadros. Últimamente, como el video se presta mucho al trabajo colaborativo, los videos los he hecho con colectivos que han ido surgiendo como “La Mancha Revolution”, “Abantos sin Hormigón”, y especialmente en los últimos años con el grupo “Imagina escorial TV” que es un grupo del pueblo en el que ahora vivo y que agrupa a artistas de muy diversos campos del arte (músicos, escultores, actores, marionetas …). En cuanto a las video instalaciones las uso cuando surge la ocasión.

 

Usted comenzó a exponer por los años 80. Los críticos encontraban que su obra de entonces poseía colores ácidos, narraciones delirantes y a ello le sumaba el cómic. ¿En una mirada retrospectiva suya de su obra ¿está de acuerdo?

El final de los 70 y más plenamente el principio de los 80, en Madrid, fue una época en que hubo una explosión artística después de un largo periodo de represión de lo creativo. Fue como una gran fiesta colectiva a la española; y sí, mi trabajo de esa época usaba colores ácidos, narraciones delirantes y elementos de comic. En una mirada retrospectiva de las cuatro últimas décadas, en que he usado distintos estilos, gamas de colores y formas de trabajo, es curioso ver como por debajo hay una interrelación de la que no tenía personalmente constancia en absoluto. Pero sí, los primeros 80 fueron los primeros de la movida.

 

¿Qué puede decirnos de sus primeras muestras: Del bloque a la chabola (2000), Desconnecting People (2003) y Las invasiones bárbaras (2005)?

 Bueno, las que cita son mis exposiciones más conocidas del comienzo del siglo 21 que fueron en la Galería Soledad Lorenzo de Madrid. En ellas empecé a hacer cuadros de grandes dimensiones sobre también grandes fotografías en blanco y negro. Eran fotos en la que retrataba la España periférica. No eran fotos digamos estéticas a priori, sino que retrataba las cosas que me encontraba y que me impresionaban conceptual o afectivamente: barriadas de pisos, gente de la calle, fábricas, desguaces de coches, campos llenos de plásticos, etc. Iba paseando con la cámara y disparaba lo que me llamaba la atención. Luego en los cuadros pintaba muy libremente lo que me surgía prolongando aquellos encuadres, y hacía algunos collages finales que daban sentido a las narraciones.

 

Usted, en una entrevista ha dicho: Hay muchas obras de arte aburridas. ¿Cuándo una obra, según su criterio, esta dentro de ese rango?

 Arte aburrido es cuando ves obras en las que el artista ha trabajado desde lo académico, desde la convencionalidad. A mi entender el arte debe que tener algo que te remueva y te renueve por dentro, que altere tu mirada sobre la realidad.

 

Usted ha apuntado que: cada momento histórico tiene su arte y no puedes quedarte parado a la hora de crear. ¿Cuál sería hoy el momento histórico para el arte que influya en su proceso y en su visión como artista?

Bueno, como sociedad estamos en el borde de un precipicio, a la vez hay una inercia que nos impide rectificar. Creo que estamos en un momento de máxima intensidad y eso es un momento bueno para la creatividad. Como en los circos, estamos en el momento de los trapecistas sin red y de los domadores sin látigo. Sin duda van a surgir otras formas de entender el arte que ni nos imaginamos.

 

¿Qué puede decirnos de su muestra en el MUSAC: La nave de los locos?

Precisamente es una retrospectiva que abarca cuadros entre 1982 y 2022. El titulo hace referencia al cuadro de El Bosco y trata de reflexionar sobre la locura individual y colectiva de estos últimos cuarenta años. Cuarenta años de cambios a toda pastilla, como nunca antes en la historia, en los que el ser humano ha perdido el norte como especie y ha empezado a alterar gravemente, con su descontrol acelerado por el desarrollo industrial, los órdenes internos de la naturaleza.

 

Usted tuvo una intensa relación de pareja y artística con una de las importantes artistas españolas: Patricia Gadea. ¿Cómo se tradujo esa relación en su obra?

Patricia y yo nos conocimos con 18 años, en una academia de dibujo en la que se preparaba un examen de dibujo con carboncillo para entrar en Bellas Artes. Recorrimos juntos, tanto la gestación, como la primera parte de nuestras trayectorias artísticas. Fueron muchos años visitando exposiciones, viajando, hablando, yendo a conciertos, compartiendo y buscándonos la vida. Visto desde fuera, había un parecido en nuestra obra, como no podía ser de otra manera, pero si miras con mas atención detrás hay, claro, dos personas distintas. En los 80 nos comparaban bastante sobre todo en el entorno de las galerías, cosa que nos molestaba. Y sí, para mi gusto, ella era una gran artista y pintora.

 

¿En qué proyecto se encuentra?

Con el grupo Imagina escorial TV estamos trabajando en un video musical entorno al tema del metaverso. También, personalmente estoy empezando con una nueva serie de cuadros.