David Noria: “Hay que reorganizar la esperanza.”

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Alfonso Reyes con su perro en la capilla alfonsina - Gisele Freund

Alfonso Reyes en Francia

Jordi Batallé López (JB) entrevista a David Noria (DN) en Radio Francia Internacional.1

Me estaba preguntando qué diría el escritor mexicano Alfonso Reyes si se levantara hoy de la tumba. Imagino que alguien, cuya vida giró en torno de la defensa de la cultura universal y el humanismo como base del conocimiento, pondría sin duda el grito en el cielo. Nuestro invitado de hoy, el escritor mexicano David Noria dedica un magnífico ensayo a sus dos años como embajador de México aquí en París.

JB: Imagino que un intelectual como Reyes, que participó en lo que fue el germen de la UNESCO en los años 20, no aceptaría tan fácilmente la situación actual, ¿no?

DN: Reyes diría que hay que reorganizar la esperanza, para utilizar una expresión de la época. Como bien recuerdas Reyes fue el encargado de promover el ingreso de México al Instituto de Cooperación Internacional, que después se convertiría en la UNESCO y también de preparar el ingreso de México a la Sociedad de Naciones.

JB: En esa época todavía estaba fresca la Primera Guerra Mundial, ¿no?

DN: Y en ese contexto México, como país, está en entredicho por las potencias europeas. Así que le corresponde a Alfonso Reyes llegar a París y dar la mejor imagen posible de un México moderno, pero un México que ha pasado por la Revolución y que tiene mucha cultura que compartir con los pueblos de Europa.

JB: Por supuesto que sí. El papel de la educación y de la lengua son capitales en la obra de Reyes. Imagino que tú también los compartes. Hace un año publicabas Nuestra lengua. Ensayo sobre la historia del español. Es importante conocer de dónde salen las palabras.

DN: La defensa de la lengua es parte fundamental de toda construcción nacional, y más que nacional de lo que llamamos una región y una civilización. Este libro que mencionas fue publicado por la Academia Mexicana de la Lengua y la UNAM y ahí, precisamente, intento explicar en cien páginas la historia de la lengua española. Y tiene un prólogo, debo decirlo, de Francisco Javier Pérez, Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

JB: Tu segundo libro, Bajé ayer al Pireo: estudios helénicos, es una continuación lógica de ese interés por la lengua y la cultura primigenia.

DN: El centro de ese libro gira alrededor de la figura del historiador griego Tucídides, a quien dediqué mi trabajo de maestría. El interés es de ver cómo la labor historiográfica tiene siempre un alcance narrativo y otro que podemos llamar científico, pero jamás desligados uno de otro.

JB: Hay que escribir novelas cuando se es historiador.

DN: Hay que hacer una fábula, una fábula contrastada con los documentos.

JB: Pero cuéntanos, David, ¿qué te llevó a investigar sobre la estancia de Alfonso Reyes aquí en París y sobre todo dedicarle un ensayo?

DN: Alfonso Reyes está en el cimiento de la cultura mexicana contemporánea, y vemos que él formó parte de sucesivos gobiernos que buscaron una vía que fuera original para México en términos de soberanía, de identidad, de cultura propia y que a la vez expresaran, como un canal privilegiado, la conciencia iberoamericana. Reyes está en primera línea en esa batalla al lado de otros grandes intelectuales latinoamericanos, como pueden ser en Colombia Germán Arciniegas, Mariano Picón Salas en Venezuela, Gabriela Mistral en Chile, el propio Pedro Henríquez Ureña de República Dominicana, para dar algunas referencias. Y en España había todo el interés también en este sentido compartido por Miguel de Unamuno, por ejemplo.

JB: Su abuelo era general y lo mataron en un golpe de estado, ¿no? Eso lo marcó seguramente.

DN: Era el padre mismo de don Alfonso que fue ministro de guerra de Porfirio Díaz. Se decía que iba a ser el candidato y fue también gobernador del estado de Nuevo León, un estado muy prominente en México. Entonces Reyes, Alfonso Reyes, era un joven príncipe, cuando asesinan a su padre en la Revolución Mexicana, y ahí su destino cambia y logra conciliar esa responsabilidad y ese patriotismo que viene en la sangre y en la familia con unas peripecias que son propias de su trayecto vital y que él sabrá perfectamente conjuntar.

JB: ¿Qué significó para Reyes ser nombrado embajador en París? Porfirio Díaz, del que nos hablabas, está enterrado en el cementerio de Montparnasse.

DN: Significó, sin duda, uno de los más grandes honores que pudo tener en la vida. Reyes, como toda esta generación de latinoamericanos, nacidos en los años 1880, es un perfecto francófilo y francófono. Reyes seguramente venía deseando esta nominación, trabajando por ella también, y al ver con los documentos inéditos que hemos recogido en este libro en qué consistió su labor, no podemos sino admirar la eficacia de su embajada.

JB: Para un embajador de carrera diplomática París es el número uno en el pódium ¿no?

DN: Así lo creo, y ciertamente en los años veinte de hace un siglo también.

JB: El papel de embajador ha dado muchos escritores, estoy pensando en Carlos Fuentes que compartió la misma embajada que Reyes, curiosamente, Sergio Pitol en Praga o incluso, bueno, tantos otros, Unamuno no, pero Neruda sí que fue embajador de Chile.

DN: Claro, y antes tenemos dos figuras señeras, que son Rubén Darío, el nicaragüense, ídolo y figura emulada de toda esta generación que hemos mencionado, poeta y diplomático, y luego en México, Amado Nervo. Así que Reyes se inscribe en ese linaje que ha tenido, sucesivamente, los representantes que tú has mencionado y otros como Octavio Paz.

JB: Por supuesto, no hay que olvidarle. Aquí en París conoció muchos escritores, se movía en el mundo intelectual parisino, pero sobre todo a Miguel de Unamuno ¿no?, que compartió su pasión por Proust, también Proust había fallecido ya naturalmente hacía años.

DN: Compartieron un gusto literario, pero también una posición y una pasión política, es decir que Unamuno es un orador en la asamblea que se tiene en julio de 1925 al lado de José Vasconcelos, promovida por Alfonso Reyes, contra el imperialismo norteamericano, que en esos años está presionando de una manera notable a los países latinoamericanos. Es decir, que el presidente Calles está preparando ya en 1925 lo que trece años después será la expropiación petrolera: vemos que no fue un camino fácil y que a Reyes como embajador en Francia le corresponde tranquilizar a la opinión francesa, por un lado, y luego desarrollar estos mítines de estudiantes latinoamericanos en París, donde hablan, repito, Vasconcelos y Unamuno en favor de esta soberanía latinoamericana.

JB: Han pasado cien años, las cosas no han cambiado mucho, ¿no?

DN: Digamos que, en la larga duración, hay gestos que se repiten.

JB: Increíble ¿no? Es cierto que, por casualidad, vivió aquí en París en el mismo apartamento donde vivió Marcel Proust los tres últimos años de su vida.

DN: Así es. En la rue Hamelin. Y ahí simpatizó con el conserje de Proust y alcanzó a conocer de primera mano anécdotas muy curiosas.

JB: ¿Cómo por ejemplo? ¿Tienes alguna que puedas contarnos?

DN: Bueno, digamos, la enfermedad tan terrible. Hay que pensar que un amigo común, tanto de Proust como de Reyes, era Paul Morand y que él se inscribe dentro de otro grupo, que es el de Valery Larbaud, que es el de Adrienne Monnier, que es el de Jules Romains. Estos son los amigos por un lado que Reyes frecuenta, pero también frecuenta otros círculos como Jean Cassou, y en el Ministerio de Relaciones Exteriores, por supuesto, Alexis Leger (Saint-John Perse) y el propio Aristide Briand. Es la época notable en que Jean Giraudou está al frente de la propaganda francesa en el Ministerio, y Paul Claudel, admirado de Alfonso Reyes, es embajador en Japón con una conciencia muy aguda de la geopolítica del momento y de la necesidad de una propaganda latina, en la que Francia, por supuesto, lleva el bastón de mando, vamos a decir.

JB: En esos años veinte, los locos veinte, como le llamaban, París estaba en efervescencia. ¿Es cierto que conoció y tuvo como amiga a Kiki de Montparnasse?, una de las musas literarias de la época.

DN: Una de las musas de fotógrafos, de pintores como Foujita y del propio don Alfonso, que sabía divertirse muy bien en París. Era la época de los clubes, de los bares. Y Reyes, que es un poeta, como lo vemos en estas fotografías, tiene unos versos sobre París que, si me permites, te los voy a decir:

Al salir del Jockey Club”

Los techos de París exhalan

ya las primeras golondrinas

y en el bochorno azul que baja

sube una paz vegetativa.

Silencio, cuando la caricia

sus pétalos olvida por las frentes.

Miente quien dijo “todavía”

y quien dijo “ya no más” miente.

JB: Bello, bello poema. Pero también no le impedía trabajar. Aquí va a escribir sus Cuestiones gongorinas. Esa pasión por Góngora le puso en contacto con los poetas españoles de la generación del 27, ¿no?

DN: Bien. Reyes, antes de llegar a París pasó diez años muy fructíferos en Madrid trabajando al lado de Ortega y Gaset; tenía una columna en el periódico El Sol y ahí, además, con Juan Ramón Jiménez dirigió una colección de clásicos españoles. Reyes se ocupó de Juan Ruiz de Alarcón y, con especial devoción, de Góngora, de quien hizo, nada menos que la edición de las Obras completas.

JB: Poeta muy difícil de Góngora.

DN: Oscuro y que, precisamente en 1927, con motivo de su centenario, esta generación de poetas y de eruditos de la que Reyes hacía parte lo celebran.

JB: Cuéntanos ¿cómo influyó el ambiente cultural parisino en su trabajo? ¿Cambió el Reyes antes y después de París?

DN: Reyes está sumamente ocupado en París. Los temas de la embajada ocupan todo su tiempo y su energía. Él dice “tengo jornadas que van de las tres de la mañana a las doce de la noche”, porque él tiene que hacer un Tratado de comercio y amistad entre México y Francia. Tiene que normalizar las relaciones, desde París, con Gran Bretaña y con Suiza, condición sine qua non para que México pueda, años después, entrar a la Sociedad de Naciones; con Paul Veléry, uno a uno, Reyes negocia el ingreso al mencionado Instituto de Cooperación Internacional. Así que él está totalmente ocupado, pero al mismo tiempo puede escribir poesía, puede tener una vida mundana muy divertida.

JB: No dormía seguramente.

DN: No dormía, no.

JB: ¿Crees que la experiencia como embajador en París cambió su visión sobre México y América Latina en general? Tuvimos aquí a Vargas Llosa, que nos dijo que conoció en París la literatura latinoamericana, porque en Perú no llegaba la literatura ni de Argentina ni de México y aquí en París conoció muchos escritores latinoamericanos. ¿No le pasó lo mismo, quizás, a Reyes?

DN: Yo en todo caso diría que a Vargas Llosa le pasó lo mismo que a Reyes, porque París precisamente en ese momento ya es un centro de concentración de la expresión artística y literaria latinoamericana.

JB: Me imagino que sí. Y, cuéntanos un poquito. ¿Qué es lo que te trajo a París, David?

DN: Bueno, mi doctorado. En realidad, en Francia llevo seis años. Como lector de español en la facultad de Aix-en-Provence, ahí hice mi maestría en historia de la filosofía sobre Tucídides. Ahora en el doctorado trabajo precisamente sobre Reyes en París.

JB: Este libro, magnífico libro, con ilustraciones que nos llevan al corazón de la vida de Reyes aquí en París, te ha costado mucho, mucho trabajo, ¿no?

DN: Un año de un trabajo muy gozoso, muy intenso. Debo decir que este libro es iniciativa de Guillaume Pierre, en ese momento cónsul de Francia en Monterrey y al día de hoy embajador en Trinidad y Tobago y de don Adolfo Castañón, nuestro primer hombre de letras en México. Entre los tres coordinamos este libro con materiales inéditos y en el que participan siete autores que quisiera, si me permites, nombrar.

JB: Por supuesto.

DN: En orden, de preferencia, que son: Adolfo Castañón, Fabienne Bradu, Guillaume Pierre, José Luis Martínez y Hernández, nuestro embajador, Víctor Barrera Enderle, Javier Garciadiego y tu servidor.

JB: Desde aquí les enviamos un caluroso saludo. Estaba viendo las fotografías del 44 de la calle del Almirante Hamelín, como diríamos en español. ¿Has subido al apartamento donde…?

DN: No he subido. Digamos que aquí hay un reportaje fotográfico que hicimos en compañía de la fotógrafa Anastasia Gladoshchuk y aquí entonces retratamos este edificio de Proust.

JB: Vamos a intentar entrar algún día con algún micrófono.

DN: Estaría bien.

JB: En fin. Pues todo eso y mucho más lo tienen en este ensayo de David Noria sobre Alfonso Reyes y sus dos años en París.

DN: Saludos a tu auditorio.

1 Jordi Batallé López, Radio Francia Internacional, en https://www.youtube.com/watch?v=HzAZ48KyF3U transmitido el 18 de febrero de 2026.