José Luis Serzo: El arte es un juego de engaños

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Foto Serzo por J.A.Gallego

¿Cómo se inició en las artes visuales?

 Desde niño me recuerdo siempre dibujando, era lo que más me gustaba hacer. Como se me daba bien, mis padres me metieron en la cabeza la idea de estudiar Bellas Artes. Tras una adolescencia y juventud muy enfocado y obsesionado por la música, más concretamente por el Rock duro –tocaba la batería en mi primer grupo– hice mi primera exposición allá por el 95-96, en la Sala de Exposiciones de la Caja rural de mi pueblo manchego, Casas Ibáñez. Mi primera exposición llevaba por título “Esclavo de la confusión y el desengaño”, con una temática que ya venía siendo heredera de cierto surrealismo y simbolismo, a la par que se atisbaba cierto erotismo de corte dramático y muy teatral. Más tarde, tras estudiar un bachiller de humanidades en Albacete capital, y fundar mi segundo grupo de música, me fui a Madrid a estudiar un bachiller de Artes en la desaparecida Escuela de Artes y Oficios N2, en la calle Marqués de Cubas, tras el Círculo de Bellas Artes, lo cual me permitía ir frecuentemente al Museo del Prado.  Posteriormente me matriculé en la facultad de Bellas Artes en la Universidad Complutense, conocí así a mis amigos, me tiraba horas y horas en la biblioteca, por las tardes siempre que podía visitaba exposiciones, lo cual me permitió introducirme de lleno en el arte más actual. Durante aquellos años también trabajé de asistente de algunos artistas, artistas que admiraba y terminaron siendo muy amigos, como Oscar Seco, Marchesi, Mateo Maté, Alfredo García Revuelta, etc. La música siempre ha estado ahí, quizá en un camino paralelo, pero como vía de escape. El arte, por lo tanto, es lo principal en mi vida, desde aquella primera exposición que hice a los 18 o 19 años.

 

De usted se dice que es un artista multidisciplinario que monta obras que contienen un relato. ¿Cómo es el proceso en la construcción de esas obras?

Todo surge de manera muy orgánica y natural. Cuento historias porque veo que es la mejor manera de articular una idea. El ser humano es un hacedor de relatos, nos expresamos a través de estos, y vivimos en una historia con principio, nudo y desenlace. A mí me vale para estructurar un concepto y hacerlo accesible a la mayor parte del público. Los discursos herméticos sin una plástica, propios de cierto elitismo, como premisa, no me van. Creo que cierto arte contemporáneo provoca un daño colateral en el público que funciona en su contra. Mi intención es romper las barreras que separan el arte del público a través de historias accesibles, al menos en un primer nivel de lectura. Aunque luego estas estén cargadas de referencias más complejas y crípticas. Cierto es que las historias me vienen a la cabeza de un modo visual, y me doy cuenta a posteriori, que en cada obra independiente está contenida el resumen de la historia a la que pertenece. No soy un narrador ortodoxo, obviamente, pero quizá tampoco un artista “políticamente correcto”.

 

Algunas de sus obras son: Post Show, El fantástico vuelo del hombre cometa, Thewelcome, Los sueños de I Ming o Los Señores del Bosque, entre otras. ¿Qué las conectaría unas a otras, en cuanto a sus obsesiones como artista?

Supongo que las une mi idea del arte. No es sólo un hilo conceptual que subyace de modo voluntario o involuntario, sino una visión muy amplia, tanto estética, como social o incluso política. En mi caso, supongo, siempre existe una reivindicación de varias cosas. Por una parte, de lo narrativo, como estábamos hablando, como eco y continuación de los grandes relatos, pero en este caso desde una perspectiva más abierta, pues creo que el arte debe surgir como reflejo de una consciencia colectiva, debe servir para que la sociedad pueda ser mejor, en la medida de lo posible, y eso empieza por intentar cambiar el estado de ánimo del espectador, aunque suene pretencioso o incluso moralista, yo al menos tengo esa filosofía de vida. Dejar esto un poco mejor de lo que lo encontramos. Sé que ese punto narrativo puede estar vetado desde la programática y teórica del arte imperante. Pero por ello mismo trabajo con más fuerza incluso. Mi obra revitaliza una plástica barroca, excesiva, inclusiva, el relato se expande a través del tiempo y el espacio. Post-show, una de mis primeras series, se planteaba desde un mundo paralelo arrasado por este otro mundo sobrecargado; construía, en aquel otro espacio, una distopía dentro de la historia del arte, lanzando, eso sí, una mirada descarnada y crítica hacia el mundo hiperreal de los mass media, o la sociedad del espectáculo Debordiana. Aparecía ya, y de nuevo, un lenguaje post-barroco y surrealizante, cargado de referencias a toda la historia del arte. Años después, con ese mismo lenguaje, pero complejizándolo un poco más (para hacer precisamente más fácil su narración), intenté dar la vuelta al mensaje desesperanzador, cambiando totalmente mi intención y posición como artista, en un intento de recuperar la responsabilidad y capacidad de construir (o al menos intuir, esbozar, sugerir) mundos mejores para mi sociedad. Focalicé mi empeño en configurar historias positivas, esperanzadoras, en la búsqueda de esa catarsis que creo puede alcanzar el espectador a través del arte.

 

Usted en una entrevista ha dicho: Toda mi obra refleja un intento de sublimar el dolor intrínseco de la existencia. ¿A qué dolor se dirige su obra?

Al dolor que cualquier individuo sensible sufre alguna vez o toda su vida. La existencia tiene una parte de dolor intrínseca. Desde el propio nacimiento, tanto para la madre como para el hijo, hasta la propia muerte, tanto para el que se va como para el que se queda. El dolor está en toda pérdida, el desamparo, la soledad, del miedo a no poder ser lo que uno quiere ser. Yo, he de confesar, sufro mucho, demasiado para mi gusto, y por eso siento compasión por el dolor ajeno. De ahí que intente ayudar, acompañar, alentar con mi vida y obra, en la medida de lo posible. Creo que la sociedad en general está sufriendo un paradigma en decadencia, y sus individuos nos batimos a muerte cada día para no perder la esperanza, para mantener en alto la fe en que “lo mejor está por llegar”, aunque el manto del pesimismo haya caído sobre nuestros hombros por la tormenta que atravesamos.

 

¿Qué busca cuando acude a la fantasía y al simbolismo en su obra? 

Creo que la imaginación es la mayor herramienta del ser humano, la fantasía es muestra y parte de la misma, pero también es una capacidad para ver las cosas, pues la realidad misma es fascinante, un milagro en sí mismo, quien no se dé cuenta de ello está ciego, o abatido por la desesperanza, muerto en vida. Ser artista y no utilizar la imaginación es contradictorio; y es cierto, hay mucha contradicción en el arte, pues desde hace decenios, los artistas parecen incapaces de generar belleza, y entiéndase belleza, en el sentido más amplio del término. La Belleza que yo persigo es la que se consigue desde la autenticidad, la verdad de uno mismo, y esa belleza abraza lo terrible de nosotros, también. Para eso está el arte, para sublimar todo lo siniestro de nosotros y la propia vida.

 

¿Qué lugar ocupa la literatura en su obra? Usted suele mencionar a Bergson, Jung, Marie-Louise Von Franz, Borges, Cortázar entre otros. 

La literatura es una fuente de inspiración, pero quizá no más que otras fuentes como la filosofía, el cine, los cuentos populares, las culturas ancestrales, la música, el propio arte…

 

 Señaló: Busco aplicar la imaginación y la inteligencia para encontrar la realización del espíritu. Ante la duda ¿Quién gana? ¿La imaginación o la inteligencia?

¿Acaso deben estar confrontadas?, Para que ambas funcionen se necesitan mutuamente. No hay inteligencia práctica sin imaginación e intuición, y viceversa. En el ser humano todo puede converger, la contradicción forma parte de nuestra naturaleza, somos capaces de hacer cosas maravillosas, y cosas terribles…y quizá más que un defecto, esa contradicción sea una virtud. Reflejo de la paradoja existencial.

 

Esos extraños mundos que usted frecuenta en su obra ¿Cree que sólo son accesibles desde el arte, como Paracelso lo creía desde la alquimia? 

Por supuesto. Desde el arte accedemos a cualquier disciplina, cualquier tema, cualquier rincón de nuestra mente, nuestro espíritu. El arte no es una fantasía escapista, basta ya de no saber o querer ver más allá, basta ya de querer ser tan tuertos en esta vida, basta de dejar guiarnos sólo por los prejuicios y la comodidad de la ignorancia perpetuada gracias a un sistema que nos quiere lobotomizados. Debemos ser valientes para adquirir los conocimientos desde nuestra propia experiencia. Sólo así se puede despertar, tomar consciencia, liberarse de la pretenciosidad. Y que conste, uno puede seguir siendo un ignorante, aunque se haya leído mil libros. El conocimiento no es algo cuantitativo, sino cualitativo, o al menos es el que yo busco.

 

Usted señaló lo siguiente: Y es que todos mis personajes, desde hace cerca de dos décadas, muestran un camino iniciático de transformación o metamorfosis. Desarrollan la metáfora del cambio que creo debe operar a nivel universal en el actual paradigma tardo-capitalista, con su era digital-virtual, si es que no está sucediendo ya. ¿Cuál, de estar sucediendo, sería el cambio de paradigma?

Pues el paradigma necesario en mi opinión es el que algunos llaman el despertar de la consciencia, o la revolución del corazón, o la revolución silenciosa. Algunos trabajamos a favor de una revolución espiritual que empiece en uno mismo. Para ello hay un camino de aceptación de las sombras propias, de nuestras debilidades, y así quizá dejemos de proyectarlas fuera. Una revolución, por lo tanto, que empiece con la catarsis individual para llegar a la colectiva. Eso haría cambiar todo nuestro sistema de valores, y por lo tanto saldríamos de este paradigma materialista y tremendamente competitivo y egoísta. El arte es una vía para esa revolución.

 

Usted cree que: El éxito debe estar, empezar y terminar, con uno mismo, en el propio estudio o mesa de trabajo, en el preciso momento de la simple y compleja creación. ¿Juega en contra esa idea del arte, que funcionó durante siglos, en un momento, como el actual, donde el mercado del arte tiene un peso protagónico fuerte y el valor de las obras define éxitos? 

No es que juegue en contra, incluso puede que sean compatibles. Pero creo que cuando uno se enfoca en el éxito exterior, sea del mercado, crítica, público o institución, está pervirtiendo la obra, en cierta medida. No digo que uno tenga que trabajar para sí mismo solamente, sino que la obra debe nacer del puro gozo inmediato, o la pulsión más sincera, de la claridad rotunda de que esa obra ha de ser como es, o no será. Luego ya vendrá el reconocimiento externo, o no. Pero si sólo trabajas para “los otros”, pues eso, estás vendido. La obra será una obra meramente comercial o puramente tendenciosa. El verdadero artista, en mi opinión, y en el mejor de los casos, vende lo que hace, no se supedita a hacer “lo que se vende”. Para eso ya están los artesanos, diseñadores y demás comerciantes.

 

¿Cuál es su opinión de los curadores, actores recientes en muestras, ferias, bienales, etc.?

La misma que la de los artistas, los auténticos, aquellos que realmente creen en los artistas que defienden y en la verdadera capacidad y necesidad del arte para con la sociedad, y los oportunistas, los cuales buscan cierta notoriedad, cueste lo que cueste y tengan que vender o defender lo que sea que tenga o les lleve a ese “éxito”.

Ya lo decía Karl Kraus a principios del siglo XX, si mal no recuerdo escribió algo así: “cuidado con los esnobs, puede que lo que defiendan, en alguna ocasión, sea bueno”.

 

Recupero los recursos desechados de la historia del arte para darles un nuevo contenido. ¿Cómo cuales, por ejemplo? 

La recreación de mundos que están justo entre la imaginación y la realidad, en un punto atemporal. El juego de luces y sombras escenográficas, superponiendo y sucediendo los planos de representación y acción; los rompimientos de gloria, tan plásticos sutiles y rotundos, tanto a nivel simbólico como plástico.

Armar las historias y sus escenas como una verdadera plataforma para el viaje, imaginario, por supuesto, pues al fin y al cabo es lo más importante.

 

¿Cómo es compartir el taller con otros artistas?

Muy enriquecedor, si te llevas bien. En mi caso por mi método expansivo de trabajar, se tornaba en casi imposible. Ahora comparto con mi pareja, la cual también es artista, y estamos muy bien, somos muy compatibles también trabajando juntos.

 

¿Es posible ver en su obra influencia del teatro?

En toda ella. Viene de mi origen. Mi madre era la directora del grupo de teatro de mi pueblo manchego. Con eso te digo todo. La fascinación por los telones, la tramoya, los trampantojos, el juego constante entre realidad y ficción, el propio ensayo. La consciencia y juego con la representación misma, como elemento conceptual primordial, está presente siempre en mi trabajo.

 

 ¿Qué influencia señalaría como decisoria en su obra?

Pues ese teatro que acabo de describir, pero también el cine, quizá de un modo más sutil pero persistente. De ahí mi primer cortometraje, Archimétrica, con el cual me estreno como director (además de otras muchas funciones que he desarrollado en él), y doy salida a uno de mis principales deseos, que era hacer una película con mi universo.

 

¿Cuál es el límite en su obra del artificio del juego al que suele hacer referencia?

El artificio es necesario para la construcción de las obras o piezas que configuran ese otro mundo que se despliega a través del arte. El juego, para mí al menos, es una filosofía de vida, una característica fundamental de ésta. El arte es en sí mismo, como representación de la vida, un juego; y por lo tanto funciona como un juego para el propio creador en el momento de la creación, pero también un juego que posteriormente se da entre la obra y el espectador. La representación y el espectador se relacionan con la aceptación mutua y consabida de ese juego, donde el engaño de la ilusión es necesario. El arte es un juego de engaños, por eso me considero muchas veces, más que un artista, un artífice, un ilusionista, a través de símbolos y técnicas que por sí mismas ya tienen ciertos elementos del misterio necesario para que la obra funcione.

 

¿Por qué elige la instalación como algo que lo representa? 

Bueno, no sé si es lo que me representa, me siento dibujante antes que nada, pero es cierto que con la instalación me acerco a esa idea wagneriana de “obra de arte total”, como si fuera un pequeño ensayo o estudio en su búsqueda, el cual me permite aglutinar cantidad de disciplinas en una sola obra, para que el espectador se pueda introducir de un modo más directo o experiencial en la historia.

 

¿Cómo se relaciona con las redes sea Facebook, Instagram u otras?

Pues como buenamente sé y puedo. La verdad creo que no refleja nada bien mi trabajo, pero para los que ya lo conocen les sirve para seguir mis proyectos, aunque claro está, también para llegar a nuevos públicos.

 

¿Cómo transitó su obra y usted como artista en la pandemia?

Lo único que me impidió por un tiempo es trabajar grandes formatos en el estudio.

Pero por lo demás, como supongo para otros muchos creadores, fue un tiempo de mayor introspección, de creación más íntima y pausada, así como de exploración de nuevos territorios. También tuve oportunidad para desarrollar otro tipo de encargos que me hicieron ciertos clientes.

 

¿En qué proyecto se encuentra? 

Pues entre otras cosas estoy realizando un monumento del cineasta José Luis Cuerda, por encargo del Ayuntamiento de Albacete, su ciudad natal, al igual que la mía, precisamente. Es todavía una sorpresa para la ciudad y sus miles de seguidores, entre los que se encuentran los “amanecistas” (de su más reconocida película “Amanece que no es poco”).

Estamos muy entusiasmados con este proyecto, la verdad sea dicha.

Llevo varios proyectos además en marcha que presentaremos en centros de arte de España y en el extranjero.