Mariana Enriquez: la visita a México de la reina del terror

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Conocí la literatura de Mariana cuando vivía en Barcelona. En un curso de literatura latinoamericana, una amiga la sacó al tema con evidente emoción. Fue ella la que me prestó el que sería mi pase al mundo macabro de la escritora argentina: el libro de cuentos Las cosas que perdimos en el fuego. Lo devoré en un fin de semana y entendí perfectamente por qué el sobresalto al hablar de ella. No me quedé ahí: en cuanto pude me hice de mi ejemplar de la novela Nuestra parte de noche, que devoré en dos semanas y nunca sentí que fueran casi setecientas páginas. Ya para ese momento había encontrado varios adeptos de Mariana (entre los que yo me definía, a pesar de estar por acabar apenas el segundo libro) en mis amistades y fue un elemento que definitivamente hizo que ciertos vínculos se fortalecieran, se hermanaran.

Llegué así a Los peligros de fumar en la cama, cuentos nuevamente. Casi medio libro lo leí ahí mismo en la biblioteca donde lo iba a rentar, en una tarde. Después, la opera prima: su novela Bajar es lo peor. Qué ganas de leer a Anne Rice, inmiscuirse en el mundo de Lestat, sentirme un poquito la Mariana adolescente obsesionada con vampiros y chicos decadentes. Leer a Mariana mientras leía a Mariana: comencé a leer, a la par, sus crónicas Alguien camina sobre tu tumba y los cementerios (que ya me gustaban y me hacía feliz compartir ese gusto con la escritora) tomaron otro sentido, se volvieron más mágicos. Fui, en cuanto pude, a buscar la tumba del “beso de la muerte” en el Cementerio de Poble Nou, en Barcelona. “Marianeando”, me contestó un amigo igual de loco fan que yo cuando le mandé mi foto junto a la tumba por whatsapp.

La vida da muchas vueltas y eso me llevó a volver a mi país, a mi Latinoamérica, algo que comparto con Mariana. Cuando estás fuera, haces migas con los que son como tú y las y los autores de tus tierras te traen a casa, así lo hizo ella. Y estando en mi nuevo hogar, en la caótica CDMX, se anuncia en redes que Mariana viene a México: la vida es mágica a veces. Ya para este punto había leído también su espléndida biografía de Silvina Ocampo, una titán aparentemente oculta (o no muy vista) en la literatura latinoamericana, opacada por escritores como Bioy Casares o Borges. Compartimos amor por Cillian Murphy. Siento que Mariana y yo seríamos buenas amigas.

El día de la charla sería en domingo, a la 1:00 pm en Sala Miguel Covarrubias de la UNAM, ya que era una de las actividades top de la Feria del Libro y la Rosa de la máxima casa de estudios. Por supuesto había que llegar varias horas antes: Mariana cuenta con muchísimos fans y la CDMX es una ciudad en la que todo evento se llena, ya que hay público para todo y en gran cantidad. Quedé de ir con dos amigas: una es vecina y la otra nos alcanzaría allá. Fue acuerdo casi no hablado que todas íbamos a ir vestidas de negro.0

M., su sobrina (que aún no leía a Mariana y se iba a iniciar en su literatura después de escucharla, qué dicha) y yo llegamos 10:30 am. Ya había una cola de unas poco más de cien personas. Investigamos: el auditorio tenía aforo para setecientas, ¡ya rifamos! G. llegó al poco rato y obvio nos pusimos hablar todas de los libros de Mariana, del nuevo, que es de cuentos: Un lugar sombreado para gente sombría, que yo ya estaba por terminar. Había gente leyendo ese y otros libros suyos en la fila. “¡Es una auténtica rockstar de la literatura Mariana Enriquez!”, exclamó G., mientras nosotras asentíamos y sonreíamos, era una verdad evidente. Yo había dormido tres horas: la fiesta se había puesto buena y alargado, pero eso no iba a impedir que yo fuera a escuchar a la reina del terror, además eso me daba ánimos: me sentía cansada, pero fresca. Hasta me había dado tiempo de arreglarme.

Nos turnamos para ver la feria mientras cuidábamos los lugares de la fila. Al poco rato, no se veía el final de ésta, de seguro habría gente que se quedaría afuera. La feria preciosa: variedad de editoriales independientes, otras comerciales, también presentaciones, obras de teatro infantiles y puestos de rico café. Estaba situada en la zona de centros culturales de CU, por lo que había un ambiente agradable y una muy buena distribución de espacio. Rosas por todos lados: en los stands, en las manos de la gente, te regalaban una al comprar libros. Por momentos, me sentí en Sant Jordi, la celebración del Día Internacional del Libro en Barcelona. Recordar es volver a vivir.

M. nos habló para volver a la fila, estaban dando fichas de acceso. Regresamos a tiempo y me tocó la 153. Le tomamos foto porque habría que regresarla, no nos la podríamos quedar de recuerdo. La fila avanzó hasta que nos tocó entrar y sentarnos. El auditorio es grande y bello, todo de madera. Nuestros lugares estaban o menos en medio, veríamos a buena distancia a la reina. La emoción a todo. Yo traía mis libros con la esperanza de que se pudiera firmar al final de la charla. Pero ya con escuchar a Mariana era una dicha y deleite.

Esperamos y por fin el momento llegó: primero salieron las presentadoras, la escritora Rosa Beltrán y la también escritora y jefa de publicaciones de la UNAM Socorro Venegas. Apareció Mariana: vestida con un largo vestido color crema con flores (si no mal recuerdo amarillas) y unas bellas sandalias con tacón azul. Sólo alguien como ella puede traer ese atuendo y verse igual de rockera que si trajera pura ropa negra y estoperoles. Escalofrío al verla, ella tan cerca de nosotras.

Nos mostraron un video biográfico de Mariana con fotos y animaciones, una buena introducción. Cuando terminó, la sala se inundó de aplausos nuevamente. Mariana es algo tímida y reservada y no termina por entender por qué hay gente que hace cola desde las seis y ocho de la mañana para verla, pero lo agradece, obviamente. Es rara, intensa, carismática. Tiene una personalidad particular, pero adorable.

Rosa Beltrán y Socorro Venegas le agradecen su visita y Rosa empieza con las preguntas: se nota que ella es la más fan de las dos. “¿Mariana, por qué escribir terror?” Mariana explica que el terror le dio la herramienta que ella necesitaba para lo que quería decir con su literatura. Obviamente es un género que le gusta leer, no por nada H.P. Lovecraft y Stephen King (una de sus más fuertes influencias) son autores predilectos. “El terror me permite contar lo que yo no puedo contar con la pura realidad. Para hablar de desaparecidos y asesinados en mi país, yo que viví con el contexto de la dictadura, tenía que hablar de fantasmas, darles voz a esos muertos, a esos otros personajes imprescindibles en esa historia”. Así, de la mano de la ficción, de elementos de fantasía, Mariana nos muestra un contexto real y existente.

Al escucharla, me descubrí llorando varias veces: conmovida y maravillada. Desde hace tiempo pienso que los libros son la mejor manera de viajar. He podido viajar a unos contextos lejanos a mí, de aparente miedo, gracias a la literatura de Mariana. No me gusta ver películas de ese género, pero leer su literatura de horror me fascina. Con ella conocí una parte desconocida de lo que soy: el viaje al interior. Mariana continúa: explica cómo se pone en otros lugares gracias a los personajes que puede crear, como puede aterrizar sus obsesiones en ellos. Es divertida, intensa: se oyen risas en la sala y se ven las sonrisas por todo el lugar.

De lo bueno, poco: la plática dura una escasa hora que se va como agua y avisan que tienen que terminar. Volver a la realidad es duro: mis amigas y yo queremos seguir escuchando a Mariana mínimo una hora más. Mariana dice que ella puede quedarse más tiempo, que no hay problema, pero está la dinámica de firmas de libros: ahí nos enteramos que dieron cien fichas a las primeras cien personas, en las que, por desgracia, no estamos nosotras. Lo intentamos, pero son poco flexibles y no se logra un huequito por donde poder entrar. Yo no me desanimo tanto: Mariana volverá pronto a México, estoy segura, ya la conoceré y le declararé mi admiración. Por mientras, la seguiré leyendo y releyendo, ahí es donde la tengo cerca. Además, en el momento inmenso de aplausos, le gritamos “¡te amamos, Mariana!” en un pequeño momento de silencio y ella levanta la mirada, por unos instantes, hacia nosotras. Ya sabe mi amor por ella y se lo demuestro leyéndola. Conocernos cara a cara ya será en el futuro.