El nihilismo mexicano, de Mario Teodoro Ramírez

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I

Aquí se presenta un libro necesario en la medida en que, como recordó hace unos días el historiador Jean Meyer, citando al profeta Isaías, “La Tierra está enlutada”.[1] Sí, “la Tierra está en duelo, marchita; el orbe languidece y se marchita […] La Tierra está profanada bajo sus moradores que traspasaron la ley, falsearon el derecho, rompieron la alianza eterna” (Isaías 24-4). Meyer lee el texto profético a la luz de la crisis ambiental y geobiológica. Nosotros lo leemos a la sombra de la crisis de la razón, de la ruptura de los valores, que dibuja la llamada posmodernidad. El tema del nihilismo, objeto de este libro, no es un accidente sino un factor constitutivo del siglo y ciclo que vivimos en el orbe planetario. El tema del nihilismo no puede ser exclusivo de ningún país. Al reflexionar sobre esta categoría en cierto modo se tocan cuestiones que, en lo filosófico y en lo político, asedian y agobian el presente terminal, enturbiando su comprensión. De ahí que sea tan necesaria la discusión que este libro pone sobre la mesa. Antes de iniciarla, debo agradecer a la Editorial Bonilla y Artigas y a Juan Luis, su director, la hospitalidad para que se haya podido incluir este libro en la colección Las Semanas del Jardín.

 

II

El nihilismo mexicano, escrito por Mario Teodoro Ramírez, llegó a mi manos hace poco más de un año, y en el curso de este tiempo tuve la oportunidad no sólo de leer y releer el manuscrito presentado, sino de conocer y reconocer mejor a este pensador y escritor mexicano, a este filósofo cuyo nombre me era conocido desde la publicación de una obra suya en 1980: Retorno a lo sensible, que versaba sobre temas de “filosofía y estética” y en la que se discutían algunas ideas de Gilles Deleuze. Me fui encontrando el nombre y los trabajos de Mario Teodoro Ramírez ya sea por su afinidad y cercanía con la obra de Luis Villoro o por sus estudios y trabajo en torno al filósofo francés Maurice Merleau-Ponty, quien visitó México en 1949 para dar un curso en torno al existencialismo francés y sus problemas, y que fue traducido por Emilio Uranga. A parte de estos encuentros, tenía noticias de las inquietudes literarias y filosóficas de este amigo de amigos y discípulo de maestros y autores admirados como Luis Villoro. Mario Teodoro Ramírez nació en Ocampo, Tamaulipas, el 6 de agosto de 1958.

El nihilismo mexicano. Una reflexión filosófica es una obra de incontestable actualidad. Su vigencia es, como la de las espadas, de dos filos: de un lado, se afina en el paisaje conceptual y filosófico, en el panorama de las ideas tanto nacional como global, hispánico y aun universal, y desemboca acaso en las preguntas en torno a la posibilidad y necesidad de la filosofía misma y del ejercicio del pensamiento en el mundo contemporáneo. Del otro, puede ayudar a pensar la situación del México contemporáneo, asediado por las desapariciones, las fosas colectivas, el ecocidio, la violencia y su banalización. ¿Cómo deben pensarse estos hechos, cabe reflexionar a partir de ellos y poner a prueba la razón en el ascua incandescente de los acontecimientos?

 

III

Con este volumen sobre nihilismo la colección Las semanas del jardín cumple quince libros. Una manera de leer El nihilismo mexicano sería releerlo desde y a través de algunos de los libros incluidos en la colección. Hay por lo menos dos que tiene que ver directamente con el asunto sujeto por Mario Teodoro: Análisis del ser del mexicano y otros escritos sobre la filosofía de lo mexicano de Emilio Uranga (seleccionado, prologado y anotado por Guillermo Hurtado) y Materiales para una autobiografía filosófica de José Gaos (editado y armado por mi). Hay otros motivos para saludar este texto. Más allá del tema candente o calcinante del nihilismo, el volumen es una carta de presentación de los nuevos pensadores como son Markus Gabriel o Quentin Meillassoux, cuyo estandarte mexicano es, precisamente, Mario Teodoro. Dos personajes recorren las páginas de este libro: uno, Luis Villoro, y otro, Octavio Paz. De hecho, la reflexión de ambos sobre el tema del nihilismo resulta ineludible y sustantiva. De nuevo, habría que darle gracias al sello de Bonilla y Artigas por haber dado hospitalidad en su catálogo al libro de Emilio Uranga Cartas de Alemania, en el que se recogen las cartas del discípulo de Gaos a Luis Villoro junto con su diario íntimo, anotado por José Manuel Cuéllar, quien se encuentra en esta presentación. El otro autor es Octavio Paz, figura intermitente, clave, polémica, magnética y no siempre simpática, pero ineludible a la hora de tratar el tema del nihilismo, en específico pienso que este motivo trabajó desde lo profundo la reflexión de Octavio Paz, como muestran dos textos suyos incluidos en las obras completas tomo X: “El eterno retorno” y “Nihilismo y dialéctica”. El tema del eterno retorno acompañó a Paz a lo largo de los años: el presente es perpetuo, sería una declinación de esta preocupación en el ámbito poético. Uno de los pocos textos inéditos que se recogen en la obra completa de Paz es precisamente el titulado “El eterno retorno”, que se encuentra asociado a “Nihilismo y dialéctica” (t. X, 572-577). Los invito a releerlo.

El nihilismo es un tema calcinante al que no se puede ser ajeno. No es extraño que hace unos días Gabriel Zaid haya publicado en el periódico Reforma (29 enero 2023) una reflexión inquietante titulada “Linchamientos”. Este motivo está asociado al de la impunidad.

 

IV

Cierro este apunte con cuatro consideraciones:

  1. Aunque nunca se lo dije al autor ni a los editores, no sé si el título del libro es el más adecuado. Tal vez hubiese sido mejor “El nihilismo en México” o “Del nihilismo en México”, dado que se trata de un fenómeno que podría decirse planetario y no sólo exclusivo del territorio y la cultura mexicanos.
  2. En varios lugares, el Dr. Mario Teodoro Ramírez dice que el “nihilismo” es una “enfermedad”. No creo que se pueda hacer esa analogía. Pienso o siento o creo que no es un “padecimiento” como la viruela, ni una enfermedad como la cirrosis o la tuberculosis, sino una “pasión del alma”, para decirlo con una voz cartesiana o una ausencia de pasión o apatía o acídica de la mente.
  3. Creo que a veces el Dr. Mario Teodoro Ramírez desliza en su euforia expositiva ciertos juicios que pueden parecer desfasados como cuando sentencia que Emilio Uranga, al hablar de la cuestión del estatus epistemológico del autor en el discurso filosófico, “pudo haberse apoyado mejor en las teorías del texto del estructuralismo francés -Roland Barthes o Michel Foucault- o de la hermenéutica gadameriana” (p. 210). No sé si Uranga pudo o no haber leído a estos autores. Creo que más bien su posición viene de las lecciones de su Maestro Juan David García Bacca

4. La consideración casi final es que la cuestión del nihilismo en México no está congelada en el tiempo, sino que es dinámica y que no habría que separarla de la lectura de “La violencia en México”, cuya “historia mínima” acaba de publicar Pablo Piccato en  El Colegio de México (2022).

 

V

Otras dos preguntas que me ha despertado el libro de Mario Teodoro, y con eso concluyo: ¿Sería caprichoso asociar el primer verso del Himno Nacional Mexicano, “Mexicanos al grito de guerra”, con el tema del nihilismo? ¿Puede Caín, el personaje bíblico, considerarse nihilista?

 

Adolfo Castañón

 

[1] El Universal, 12 de febrero de 2023, p. 15.