El artista tiene que vivir de lo que hace: Rosa Olivares

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¿Cómo comenzó su relación con el arte y en particular con la fotografía?

Para mí la fotografía es simplemente una vía de creación y expresión artística, como el video o la pintura, más viejo que el video y más joven que la foto. Mantiene unos códigos similares que la pintura, pero renovados y actualizados a través de las nuevas narrativas y formas de narrar, como el cine o el comic, pero es básicamente lo mismo.

 

Usted es una de las fundadoras de una revista muy importante de arte que se llamó Lápiz. Siendo primero subdirectora y luego directora. ¿Qué aporte cree que dejó esa publicación tanto en el arte como en su propia experiencia?

 Para mí supuso la posibilidad de poner en práctica mis conocimientos. Yo recién acababa mis estudios universitarios y fue, por una parte, una oportunidad excepcional, pero por otra un cambio absoluto en mis planteamientos profesionales. Yo había estudiado Historia del Arte, Literatura y Lengua Española y Periodismo, tres carreras en paralelo en la Universidad Complutense de Madrid, mi plan era dedicarme a escribir: el aporte cultural lo ponía el arte y la literatura, la técnica y la practica, el periodismo. Yo tenía 22 años y tenía muy claro que vivir de escribir es prácticamente imposible, pero si eres periodista, sí puedes vivir de lo que escribes. Esta decisión de trabajar en LAPIZ me obligo a hacer una inmersión en el mundo del arte. Ten en cuenta que no es que trabajase en LAPIZ, yo fui uno de los cuatro fundadores, yo me encargué de definir su contenido, secciones, creé el equipo de redacción y de colaboradores. Llevé su contenido hasta el día en que me fui, casi dos décadas después.

Para el arte… bueno, en España era un momento en el que acababa de morir Franco, no existían los grandes museos que existen hoy, ni el Reina Sofia, ni el IVAM, ni el CAAM, nada de eso existía todavía. El arte actual era un absoluto desconocido para la mayoría, los artistas españoles estaban fuera o escondidos, malviviendo, apenas había tradición de crítica. ¿Cómo iba a haberla en una dictadura? A mi me gustaba el arte y desde adolescente iba a las galerías mas modernas que había, estaba informado. Fue una gran aventura, y LAPIZ fue el inicio de la crítica profesional y seria, la primera revista de arte editada en España por profesionales independientes, no éramos artistas ni galeristas, era un editor, y un grupo de profesionales en torno a esa publicación. Cuando haces un trabajo así, desde cero, sin medios, no eres consciente de lo que estás haciendo. Ha tenido que pasar tiempo. Poco a poco, en mis viajes a otros países, en las ferias a las que íbamos, me fui dando cuenta de la importancia de lo que estábamos haciendo. Y todavía hoy me sorprendo cuando, sobre todo en países de Latinoamérica, los artistas, los lectores, todavía se acuerdan le LAPIZ, de mis textos, es algo que me parece increíble. podría contar muchas anécdotas maravillosas. LAPIZ fue el inicio de una voz crítica clara, de una información seria e independiente del arte actual, el de ahora mismo, en español, y eso, ser en español fue nuestro gran éxito en toda Latinoamérica, incluso tal vez más aun que en España, que los textos y que las mentes no fueran norteamericanas, que fuéramos europeos, que habláramos desde Europa y en español.

 

 

En la revista Exit Imagen & Cultura es directora y editora, dedicada a la fotografía contemporánea. ¿Sigue siendo, de alguna manera, la fotografía, un arte con poco espacio de exhibición y difusión? ¿Cambió esa percepción? 

No, desde los últimos años de la década de los 80 la fotografía se convirtió en una suerte de salvavidas para el mercado del arte, ante la debilidad de la pintura. Curiosamente la renovación de la fotografía, conseguir que hoy la fotografía sea considerada una expresión artística de primer nivel, es algo que no han hecho los fotógrafos (en un concepto clásico) ni los fotoperiodistas, lo han hecho los artistas. Han presentado una manera nueva de utilizar una herramienta nueva, han mostrado otros caminos, otras formas de hablar, de contar. Sin los prejuicios que sí ha tenido la sociedad artística. Hoy en día la fotografía es tan importante como la pintura… pero en una gran medida, como hablar de identidad, de género, de raza, no deja de ser más que una tendencia que viene y va, lo importante es cómo se cuente y que lo que se cuenta sea coherente. Sin embargo, en la utilización de la fotografía sigue habiendo una gran confusión; tiene que pasar tiempo y dejar que el documentalismo, la experimentación, la libertad, la independencia, el uso de una técnica en continuo cambio, se depuren por sí mismas.

 

Desde los años 90 usted ha comisariado exposiciones. Si bien cada una de ellas es un espacio propio, ¿cómo afronta el diálogo entre la obra, el artista y su lectura? 

Es cierto que en los primeros 90, de hecho, en 1992, empecé a comisariar exposiciones. Poco después dejé LAPIZ. Antes no acepté ninguna oferta (ni de comisariar ni de dirigir ningún museo, que de todo hubo) porque no me parecía ético dirigir una revista de arte, hacer crítica y comisariar, me parecían caminos incompatibles si realmente quería ser independiente y ética en mis críticas. Hoy en día esto se considera ridículo, pero esa situación la explica muy bien algún tango famoso. Hoy comisarian exposiciones los profesores, los alumnos, sus primos, los artistas, comisariar se ha con vertido en una fabricación masiva, podríamos decir de productos prefabricados, Claro que hay excepciones, pero no son muchas. La curaduría tiene un futuro incierto, vacío y débil, su supuesta fuerza la tiene hoy el coleccionista, el dinero, vamos, quien lo ha tenido siempre. El dinero es el que manda.

Cuando hago una exposición no me interesa relacionarme con el artista, sólo me interesan las obras. Es un dialogo íntimo, privado, solamente las obras, el espacio y yo. No me interesa nada más. Para mi comisariar es un acto creativo, como escribir, estas contando una narración nueva, tuya, y en vez de palabras utilizas obras. La obra es siempre del artista, pero la exposición es del curador, del comisario, en una buena exposición las obras pueden ser sustituidas por otras y sigue siendo la misma exposición. Por eso no me gusta trabajar con los artistas, yo sólo quiero sus obras, y no todas o cualquiera, sólo las que yo necesito. El artista, lógicamente, quiere darte su opinión, decirte lo que tienes que elegir, todo eso a mí no me interesa. Yo no quiero ser su amiga, no me hace falta ni conocerlo personalmente, mejor no conocerlo. Me suelen parecer muy molestos cuando trabajo. Entiendo que eso ahora resulta terrible para esas legiones de jóvenes comisarios que necesitan tener a los artistas de la mano, ser amigos, compañeros de viaje, todos colegas.  Me parece bien que cada cual se lo monte como quiera y como pueda. Sólo que yo lo hago a mi manera, hasta el momento no he tenido quejas, sino todo lo contrario. Para mí sólo hay una manera de hacer las cosas, libre e independiente de todo y de todos, incluso de los artistas.

Tampoco me dedicaría nunca sólo a hacer exposiciones, la exposición temporal está sobrevalorada, la exposición de las colecciones de los museos es lo más importante. Cada vez que visitas un museo es diferente, aunque sean las mismas obras que la última vez que estuviste en él, tú has cambiado, el contexto de la vida ha cambiado, el museo y sus obras también. Tú las ves de otra manera de un día al siguiente. Si te gusta el arte, claro. Comisariar es, lo repito, como escribir, hay que tener algo que contar y contarlo bien, que tenga sentido hacerlo. Hay mucha superproducción innecesaria.

 

Usted en una entrevista ha dicho: La derecha siempre ha sido mejor para el arte moderno que la izquierda. Se cree que es la izquierda más próxima a la cultura ¿De qué manera se da, para usted, esa aproximación de la derecha a la cultura? 

Sí… ¡Me salió la vena periodística! ¡jajaja!, les di el título, ya sabía yo que esa frase sería el título de la entrevista, Y parece que es lo único que todo el mundo leyó, porque hablé de otras muchas cosas, pero nadie las recuerda. Son los mitos ideológicos: la derecha no puede ser inteligente, ni culta; los filósofos, los poetas, los artistas tienen que ser de izquierdas. La historia nos demuestra que no es necesariamente así. Son los valores que supuestamente defiende la izquierda los que protegen a la humanidad. Bueno, no siempre ha sido cierto. No es una cuestión de ideologías. Lo que yo decía en esa frase es que cuando la derecha gobierna le va mejor a la cultura, y, por cierto, cuando la derecha gobierna es cuando la izquierda es más izquierda y plantea mejores propuestas, porque la izquierda siempre es utópica, y por lo tanto no tiene sentido de culpabilidad. Sin embargo, la derecha siempre se siente culpable de algo (seguramente porque es culpable de casi todos nuestros males) y cuando gobierna da más dinero e incluso más libertad a la cultura. Sabe que la cultura puede tapar la miseria, ocultar mucha mierda. Fue con Franco en el gobierno cuando muchos artistas modernos, supuestamente de izquierdas fueron más visibles internacionalmente, por ejemplo, Tàpies representó a España en la Bienal de Venecia. Había mucho que tapar en la España de aquellos momentos, y la culta sociedad europea pensó que un país con artistas como Tàpies representándolo en Venecia tenía que ser moderno por fuerza. La derecha usa la cultura como escudo, como tapadera, y para eso aporta más dinero que una izquierda que por lo general recorta los gastos en cultura. Ahí tenemos a México, con la llegada de Andrés Manuel López Obrador al gobierno se ha acabado con los apoyos al cine, a las artes plásticas, a los libros… ha arruinado el mundo cultural mexicano, nepotismo, favoritismo e ignorancia. La cultura no es un asunto que los políticos entiendan en absoluto, de ninguna ideología. Siempre ha habido alguna excepción, por las dos partes, pero eso es como encontrar una perla negra.

 

 En la entrevista dice: El problema no es a quién le gusta el arte. La dificultad estriba en definir qué es el arte. ¿Qué tan necesario es para el público en general entender el arte, definirlo?

No recuerdo en que contexto dije eso, no parece una frase mía. Yo pienso que el arte le puede gustar a cualquier persona, otra cosa es que le guste el arte actual. El arte hoy se ciñe excesivamente a unos parámetros supuestamente intelectuales, conceptos, ideas, etc., cuyo planteamiento no se realiza a través de formas adecuadas, vinculadas con los sentidos y con la sensibilidad, sino con el conocimiento intelectual y un análisis supuestamente crítico. En mi opinión, estamos ante el fin del arte como lo conocemos a través de la historia del arte. Y Picasso, aunque nos pese, será su ultimo genio, su último gran artista, al estilo clásico. Ha habido grandes artistas después de Picasso, por supuesto, también ha habido personas más integras que él, mejores en todos los aspectos, pero no un individuo con su capacidad titánica de creación y renovación, de una manera un tanto naif, pero Picasso fue como un ciclope, como un tiranosaurio Rex. Es espectacular, excesivo en todo. Velázquez, Goya, Picasso. Y eso que España no es tierra de artistas plásticos, de pintores, somos un país de escritores.

 

¿Por qué cree usted que el arte contemporáneo no le gusta a nadie, cuando en Instagram existe abundancia de arte de toda calidad? 

Ninguna época ha entendido correctamente al arte de su tiempo, aunque bueno, todas las percepciones pueden ser válidas en algún momento. El impresionismo fue rechazado por los mayores expertos, de hecho, la propia palabra “impresionista” se usaba despreciativamente. El expresionismo americano no fue aceptado en su momento ni en USA ni en sus primeros contactos con la crítica y el público europeo. Tal vez esto explique (que no justifique) la cobardía de la crítica actual con todo lo nuevo, cero actitudes críticas con todo lo que sea “nuevo”. Eso, por un lado, por otro las propias características de lo contemporáneo. Un arte sincero trata de su época, de su momento. Este momento es terrible, de una manera diferente a los anteriores. Seguramente ahora vivimos en el mejor momento de la historia de la humanidad (más seguridad, vida más larga, mejor salud, en general), pero no lo vivimos así, sino con un espíritu apocalíptico, y sobre todo se ha erosionado mucho la idea de belleza, de orden, de las formas estéticas… el arte siempre va por delante de la sociedad. Posiblemente en cincuenta años lo que hoy no gusta tanto sea lo más interesante y mucho de lo que hoy compran los museos y los coleccionistas de todo el mundo no sea significativo. Y, además, hay una exagerada superproducción que nunca se había vivido en el mundo artístico. Piense que solamente en un curso, un año, de la Escuela de Bellas Artes de Nueva York (sólo Nueva York), “produce” más artistas oficialmente que todo el Renacimiento. Eso no sólo es absurdo sino imposible. Suma todos los que se gradúan en el resto del mundo. No son artistas en un 99,99% como poco.

 

El artista es aquel que te hace repensar tu entorno y te enfrenta de alguna manera a una reconsideración de la realidad, por eso el artista no es el que pinta flores con precisión, eso es otra cosa. ¿Cree usted que esa otra realidad que permite repensar el entorno es lo que lo aleja del público, del espectador? 

Tal vez, pero eso mismo que hoy le hace rechazarlo será lo que les haga en el futuro admirarlo, desearlo…. El arte puede ser bello, en un sentido clásico y en cualquier otro sentido o no, pero desde luego lo que tiene que ser es un repelente para la comodidad y el conformismo, Debe ser de alguna manera provocador (pero no de una forma repetitiva y absurda, como el niño que cuenta siempre el mismo chiste que un día nos hizo gracia y ya nos aburre), debe tener esa semilla de la crítica, del análisis, eso que nos hace pensar y repensar, cuestionarnos muchas cosas, o por lo menos alguna.

 

Podemos ver los móviles de Calder, la araña de Bourgeois, los relojes de Dalí, por ejemplo, como objetos de decoración, como desprendidos de su origen. ¿Qué tanto ayuda esta comercialización para aproximar el arte a la gente?

En una sociedad como la actual, con los medios, el culto al absurdo, al consumo, al mercantilismo, es algo inevitable. Pero que un joven estudiante tenga un cartel con el “Guernica” de Picasso o con un poster del MOMA, no tiene por qué ser en absoluto malo. Como mínimo servirá para acostumbrar a la retina a construir una memoria de imágenes nueva, y esa memoria retiniana será la que se encargue de cargar nuestros archivos mentales con lo nuevo de una forma habitual, y así cada vez nos sorprenderemos menos con lo que pueda venir.

 

T. S. Eliot, decía que no era necesario que el lector sepa el origen de los textos ajenos que él incluía. Que el poema podía leerse sin dificultad, ignorándolo. ¿Con las artes visuales cree que sucede lo mismo? ¿Es posible ver una obra sin ver la tradición en la que se apoya?

La obra de arte, ya sea un poema, una pieza musical, una película y por supuesto una pintura, una fotografía, lo que sea, tiene que poder ser apreciada por sí misma. No es necesario ser un doctor en estética, ni en literatura comparada, ni siquiera saber solfeo. Es cuestión de sensibilidad, del grado de consciencia, de los sentidos. La percepción es como cuando tiramos una piedra a un estanque: se generan diversos círculos en torno al punto donde la piedra choca con el agua, unos más cercanos y mejor definidos, otros más amplios y cada vez más difusos. En la percepción del hecho cultural cuanto más conocimiento, más sensibilidad, más costumbre, más de todo mejor será el resultado…Pero, igual que todos conocemos a personas con carreras, estudios, másteres y nos resultan absolutamente estúpidos, igual pasa con cualquier conocimiento, si no va acompañado de la sensibilidad, la curiosidad, etc., esos intangibles que no los certifica ningún diploma, esa percepción no es mejor que la de un hombre que no sabe ni quien es el autor ni la época, ni nada, pero que lo recibe con la mente y el deseo de par en par. Richard Wagner decía que el artista lo que quiere no es que lo entiendan, sino que lo quieran.

 

Usted dice: El periodismo es una herramienta, nada más… ¿Cuál es el alcance, como aporte, que puede hacer el periodismo?

El periodismo es el conjunto de una amplia serie de técnicas y de subgéneros literarios, de formas de explicar el mundo y los hechos. Una herramienta sofisticada que puede ser imprescindible y demoledora, Lo estamos viendo cada día, con las fake news, con las redes sociales, la manipulación del poder, la corrupción… hay pocas cosas peores para la sociedad que un periodista corrupto, tal vez un periodista idiota. Pasa lo mismo con los políticos, imprescindibles, pero a ver qué tipo de políticos. La información cultural debe ser hecha por personas cultas, que no se queden en la superficie, aunque sólo generen una información básica. Y sobre todo la información cultural, clara, sencilla y habitual, serviría para que la sociedad comprendiera que la cultura importa, que es esencial. Sabemos más de las carreras de moto GP, o de la Formula 1 (sin hablar del futbol o del último cantante de moda), que del arte de nuestros países, y por supuesto menos del arte de hoy que el de hace cinco siglos. Eso es perverso y manipulador, y una prueba de la ignorancia y estupidez de las sociedades actuales y de sus políticos y lideres de opinión. ¿Qué puede hacer el periodismo con el arte? Informar, bien y mucho, habitualmente y de todo.

 

Los diarios en España tienen sus suplementos de cultura ¿Es un lugar de legitimación de artistas o una posición para difundir arte?

Curiosamente el mejor suplemento de cultura no es el del periódico más importante y más, digamos, moderno, actual, sino el de uno de los más conservadores, ¿Por qué? Pues porque es más amplio, más ecléctico, habla de artistas muy diferentes, incluso contrapuestos, con muchos críticos y no uno o dos que se convierten inevitablemente en comisarios/mercenarios, muy poco independientes. No porque cobren de nadie más, sino porque hablan de lo que les gusta; tiene que haber una redacción de escritores con muy diferentes gustos, para que el público se haga una composición de lugar. Al final, cada suplemento habla de un grupo de galerías, de una tipología artística, de un globo social, de sus amigos… y eso desprestigia no sólo al medio y a ellos mismos, sino a la cultura. Para ese viaje no nos hacían falta tantos suplementos.

 

Usted escribe en su texto: Esto no se mira, esto no se toca, esto no se dice: La apología del asesinato, individual o colectivo, es un tema de telefilmes de gran audiencia; el sexo con niños se difunde sin fronteras ni límites legales claros a través de Internet; hay un turismo floreciente que se basa en ofrecer sexo barato en países exóticos y que tiene como clientes a burgueses, intelectuales y clase media de ese otro mundo que parece no ser tan exótico, aunque sus costumbres sean realmente curiosas; los juegos y deportes de riesgo –propio o ajeno– se propagan; la matanza de inocentes se emite por televisión en directo… En fin, estoy hablando de las noticias de las 15,00 horas, no de Sodoma y Gomorra. Para un artista es difícil competir con todo esto. ¿Entonces qué le queda para realizar su trabajo, su obra, al artista?

 

Al artista siempre le queda lo mismo, lo único que tiene, él mismo. Su forma de mirar, su forma de hacer, su subjetividad. Su cuerpo y su mente.

 

¿Existe censura en España, sea visible o no tanto?

La censura existe en todas las artes, la que no se ve es la más dura, se llama autocensura. Pero la censura no es enemiga del arte ni de la cultura. La historia nos lo demuestra. Sólo la criba, la dificulta, la hace más exigente, más fina, y a la vez más inteligente.

 

Usted ha sido presidenta del Consejo de Críticos de Arte. ¿Qué influencia tiene hoy la crítica?

Yo creé el Consejo de Críticos de Arte, y conseguí reunir en su primera etapa a los mejores críticos del país, los más prestigiosos, los más destacados. No éramos muchos; por eso, por intereses electorales (en la primera elección de presidente, cuando yo dejo paso a la primera elección del presidente por votación de los afiliados) se decide ampliar a los comisarios, como nuevos críticos…. Algo que me parece inadmisible, un comisario no hace critica con su exposición, aunque sea una exposición crítica, nos es lo mismo Además las exposiciones críticas se cuentan con los dedos de una mano y suelen sobrar dedos. Así que dimití y me fui de un barco que no podía navegar, A partir de ahí su influencia hoy en día es ninguna. El prestigio sólo lo ponen los que lo tienen, y eso hay que mantenerlo y demostrarlo.

 

 ¿Cuál es su opinión de las ferias de arte? ¿Es sólo Mercado en el sentido más comercial o conviven con una idea de difundir arte?

Una feria por definición es un mercado, su origen está en las ferias de ganado, las ferias donde se intercambia y vende lo que se produce en el campo, en la industria…en las ferias de arte los objetos artísticos son solamente una mercancía. El engaño es hacer charlas, visitas guiadas, acciones propias de museos, de universidades, de otro tipo de instituciones, como si ser un mercado fuera algo inadecuado. Creo que una de las cosas que el artista necesita es darse a conocer y vender su obra, para así poder vivir y crear libremente. Las ferias de arte son un mercado abierto no sólo a los profesionales sino a los aficionados, funcionaron en un momento, pero como en todo, la abundancia no ha sido buena para su desarrollo. Hay demasiadas, y ahora en una sociedad artística ignorante y cada vez más confusa muchos críticos confunden la bienal de Venecia con una feria y la Feria de Basilea con una bienal. Bueno tal vez se parezcan cada vez más, pero no son lo mismo.

 

Hay quienes creen que las subastas han deformado la lectura del arte. Un artista es importante por el valor monetario de la obra y no por su obra como arte en sí mismo. ¿Está de acuerdo? 

No, el dinero ha deformado la vida, no el arte. En esta sociedad, como de alguna manera siempre ha sido, vale más qué tienes que quién eres, y por supuesto mucho más cuánto tienes que cuánto sabes. A veces parece que olvidamos que el arte es solo un producto de hombre en su sociedad, no es nada mítico ni divino, ajeno al hombre y a la vida. Los artistas también comen, sangran, y hasta cagan. Como todos los demás.

 

Los coleccionistas se han transformado en un poder dentro del Mercado del arte. ¿Qué tanto están influyendo, como poder, en la fotografía? 

Bueno, en la fotografía no creo que influyan mucho. No se vende tanto, y sólo los nombres ya consagrados. Los más jóvenes ni lo notaran. Influyen más las tendencias, los profesores, algunos nombres míticos, las modas… El coleccionista tiene el poder del dinero, compra, pero a pequeña escala, no influye tanto como se cree. Influyen los grandes coleccionistas, y a estos, por el momento, la fotografía les parece calderilla. Además, no tienen ni idea de la fotografía, en gran medida porque aquellos dealers, asesores o como quieras llamarles, que son los que les compran y les buscan las obras, aún no saben nada de fotografía, sólo les suenan los grandes nombres, pero no se fijan en prints, fechas, técnicas, tirajes…

 

Usted en su bello texto: Donde vive el arte nos dice: La situación actual de la creación artística nos hace pensar que, posiblemente por primera vez en la historia de la cultura, no existe un lugar concreto para el arte. La belleza y la inteligencia que conforman, en un núcleo de sentido y sentimiento, lo que conocemos vulgarmente como “obra de arte”, se ha fragmentado, multiplicado y diversificado. El artista de hoy, el artista que trabaja tal vez pensando excesivamente en el paso de un tiempo que nunca será el suyo, ya no cree que el viejo museo sea el lugar idóneo para que su obra se muestre y se conserve. ¿Cuál es ese nuevo posible lugar para el artista y su arte? ¿Las galerías ya no forman parte de ese lugar? ¿Y los museos?

El lugar del arte y del artista no tiene por qué ser el mismo ni simultaneo. El lugar del artista es el lugar de la creación, y cada vez más el del pensamiento. El lugar del arte se multiplica, en el museo, por supuesto, pero también en la feria o la galería, ya que tiene que vivir de lo que hace. Pero como hay tanto artista y tan pocos compradores, la obra se coloca en cualquier parte, galerías menores, concursos, ferias, instituciones, bienales… Los artistas dan clases, diseñan… Para el artista hoy la bienal, la exposición curada en un centro de arte parece un lugar adecuado. Yo personalmente creo que una obra de arte está bien en cualquier sitio en el que lo puedan ver las personas adecuadas. El museo me sigue pareciendo un buen lugar. Las casas particulares también.

 

¿En qué proyecto se encuentra?

Con vivir cada día ya tengo bastante