Semíramis González: Como en cualquier profesión creativa y vocacional no hay un momento en que dejes de trabajar

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Fotografía de María Lamuy

¿Cómo comenzó su relación con el arte?

Hice bachiller de Humanidades y Ciencias Sociales y, a partir de ahí, empecé la licenciatura en Historia del Arte para, al terminar, realizar el Máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual por la Universidad Complutense, en el Museo Reina Sofía. Me interesaba mucho la creación artística y la antropología, el comportamiento humano ante las ideas, el pensamiento y las imágenes.

 

Usted ha sido directora de la feria de arte emergente JustMAD. ¿Cómo fue la experiencia?

Efectivamente, estuve cinco años como directora artística de JUSTMAD en Madrid y tres en JUSTLX en Lisboa. Fue una etapa ilusionante que me permitió trabajar con las galerías de manera cercana y continua, muy creativa, llevando a cabo proyectos y temáticas comprometidos con los debates contemporáneos. Las mujeres tuvieron especial protagonismo, las actividades creadas por artistas, las colaboraciones institucionales… una feria es una gran exposición que se presenta intensamente durante cuatro días a casi miles de visitantes.

 

¿Cómo funciona su experiencia con el comisariado en el Museo Thyssen?

Mi proyecto más reciente es el comisariado del ciclo “Visión y presencia” de mujeres artistas en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Se trata de un ciclo en el que, a través de la performance, se plantean debates sobre cuestiones actuales como el cambio climático, la violencia contra las mujeres, la memoria… y se hace en distintos espacios del museo, con performances creadas ex profeso para estos espacios. Desde marzo de 2022, cuando arrancamos, han pasado más de 10 performances de artistas como Lorena Wolffer, Regina José Galindo, Costa Badía, Agnes Essonti o Beth Moysés. Es un proyecto que, además, desde hace unos meses viene apoyado por la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo –AECID– y que cuenta con una amplia presencia de mujeres artistas de Latinoamérica. Esto me interesaba mucho. El público participa de manera activa en unas acciones que abordan temáticas tan diversas y que, desde un museo tan destacado, nos hacen pensar en nuestro presente y nuestro futuro.

 

¿Y en el Instituto Cervantes?

La exposición “Arquitectura y feminismo. Sin principio ni fin” está producida por el Instituto Cervantes y se ha podido ver en Praga, Porto Alegre y en las próximas semanas inauguraremos en Brasilia. Se trata de una amplia exposición que recoge, por un lado, a arquitectas que han trabajado desde la perspectiva feminista en este campo, y por otro artistas visuales que utilizan la arquitectura para reivindicar el papel de las mujeres. Además, en cada itinerancia celebramos actividades concretas en el espacio, como acciones con el público o mesas redondas.

 

¿Generan las ferias un contacto real del artista y el público, de las galerías y el público?

Depende. El cliente de una feria es la galería, por tanto, los y las artistas están presentes gracias a estas galerías que les representan. En JUSTMAD quisimos incluir performances, sites specifics, charlas, intervenciones, residencias…que dieran protagonismo a los y las artistas también, pero no creo que sea sólo para el contacto con el público sino para el coleccionista, sobre todo. Las ferias son espacios del mercado de arte y si, lo que se busca, es entrar en contacto directo con los artistas, no creo que sean los espacios más adecuados, cumplen otra función muy necesaria pero que no es esta.

 

Hay quienes sostienen que las galerías están sobreviviendo gracias a las ferias de arte, las cuales (las ferias), cada día son más grande. De más metros cuadrados. ¿Es confiable esta opinión?

Las ferias suponen un amplio volumen de ventas anuales para las galerías, a veces por encima del 50% de la facturación total, así que sí, efectivamente las ferias son fundamentales no sólo para vender sino para acceder a nuevos clientes y coleccionistas. Es una vía de mercado y venta, pero también de crecimiento y visibilidad.

 

Portugal se está convirtiendo en un referente. Usted estuvo al frente de feria JustLX de arte contemporáneo en Lisboa. ¿Además de comentarnos su experiencia, es ya una realidad Portugal como un punto importante en las rutas de las ferias de arte?

Creo que Lisboa aún se está consolidando como polo de arte contemporáneo y para el mercado; la apuesta por Lisboa es importante, pero, como cualquier proyecto y en cualquier contexto, requiere constancia, tiempo y trabajo. Mis tres años en JUSTLX dieron cuenta de cómo ha cambiado la capital portuguesa estos años, no sólo por el gran número de galerías que han abierto sino también el prototipo de coleccionista que vive en Lisboa y en ciudades cercanas, que es muchas veces un coleccionista europeo que se ha afincado allí. Sin duda, Lisboa apetece por lo bello de la ciudad y el clima, tiene mucho potencial y está afianzando su valor en el sistema del arte. Por otro lado, JUSTLX se centró en galerías emergentes y de mediana carrera y en espacios diferenciadores, como el Museu de Carris, aportando así una línea distinta, fresca y divertida, que fue todo un éxito en participación de galerías y en ventas.

 

Usted ha realizado importantes comisariados. ¿Cómo los organiza? ¿Existe una manera común a todas como punto de partida para organizarlas?

No, cada proyecto es distinto. Es lo maravilloso de este trabajo, que cada exposición es distinta, cada proyecto cuenta con gente diferente…siempre estás aprendiendo, pensando nuevas ideas, otras fórmulas, distintas vías para debatir y presentar… El comisariado tiene mucho de creativo y, en mi caso, por ejemplo, me inspiro mucho por lo que leo, por la literatura, por otras artes… es fascinante pensar exposiciones, trabajar con la materia prima que son los trabajos artísticos y aportar nuevas lecturas y miradas sobre ellos.

 

Muchos curadores, exdirectores de Centros culturales, de museos, ven una molesta injerencia de la política en la duración de los mandatos. ¿Es tan así?

En los últimos años hemos avanzado mucho hacia las buenas prácticas en las artes, de manera que las direcciones de los museos y centros de arte se elijan por concurso público y no dependan de ninguna decisión política. Así, casi todos los que están ahora en grandes museos no dependen de esos cambios políticos y así es como tiene que ser; la programación debe ser autónoma de decisiones partidistas. Esto es algo que debemos exigir si cambia y para eso yo siempre recomiendo formar parte de asociaciones como MAV o IAC.

 

Usted ha coordinado el blog del Proyecto Museu de Museu Es Baluard. ¿De qué trató esa experiencia?

Fue un proyecto digital pionero, del Museu Es Baluard, dirigido entonces por Nekane Aramburu, donde se debatía y reflexionaba sobre la idea del museo y su significado, especialmente en un momento de cambio global. Fue una experiencia profundamente enriquecedora por todas las aportaciones de los y las pensadoras, y las aproximaciones a eso que llamamos museo ante los retos del siglo XXI.

 

Las mujeres ¿cree usted que van ganando más espacio en el mundo del arte?

Sin duda hemos avanzado muchísimo pero nada es eterno y siempre tenemos que tener un ojo avizor a que no sea algo temporal y momentáneo, sino que la presencia justa de la mitad de la población (las mujeres no somos un colectivo) esté siempre representada en igualdad de condiciones.

 

Usted cita a Nerea Pérez de las Heras, que en su libro: Feminismo para torpes llama el síndrome del comercial de cisternas. ¿Puede hablarnos de qué trata el síndrome?

Lo cuenta mejor Nerea en este libro maravilloso, inteligente y lleno de humor, que recomiendo a todo el mundo. Sería, por resumirlo un poco, lo contrario al síndrome de la impostora, algo que sufrimos mucho las mujeres… En cualquier caso, más allá de este libro, Nerea es una pensadora profunda, inteligente y divertida, yo la escucho también en varios podcast que tiene y creo que es una de las personas con las que más aprendo y me nutro, eso es maravilloso.

 

¿Cómo fue la experiencia de Equivocada no es mi nombre?

Para mí fue una de mis primeras exposiciones más importantes y con un tema que he trabajado mucho, desde muchos ámbitos, la violencia que sufrimos las mujeres sólo por el hecho de serlo. Fue una gran oportunidad que me dio la entonces directora artística de LABoral, Karin Ohlenschläger, y la entonces directora gerente, Lucía García, y cuyo presupuesto venía del Pacto de Estado contra la violencia de género. Se trataba, pues, de un proyecto expositivo con artistas nacionales e internacionales y con una fuerte impronta de conciencia y educativa que, creo, se cumplió totalmente. Ojalá muchos más proyectos así que entiendan que el arte contemporáneo es también una herramienta para concienciar sobre esta violencia.

 

¿Por qué la fotografía, luego de estar décadas en un lugar poco visible, hoy es incluida, con espacios importantes, en exposiciones, ferias y hasta en subastas?

Yo creo que la fotografía ha tenido siempre un lugar destacado en la creación actual y así sigue siendo, con citas importantes como Arlés o ParisPhoto que dan cuenta de la buena salud del medio…En el caso español tenemos ahora mismo, estos meses de verano, un festival destacado como PhotoEspaña, y justamente con el mismo nombre que el festival, el Máster PhotoEspaña que enseña al alumnado a desarrollar un proyecto artístico, con autoría. Hay muchas vías para la fotografía hoy porque es un medio vivo, en constante cambio y crecimiento.

 

Usted ha dicho: el feminismo tiene que aportar a las artes y a la cultura. ¿Cree que aún no lo ha realizado o no es suficiente?

Bueno, creo que son indisociables, desde mi experiencia. La cultura es la expresión del pensamiento humano, de su posibilidad de transformación, y el feminismo es el movimiento más transformador de las últimas décadas. Una sin el otro y viceversa es un tremendo error. Una cultura no igualitaria es excluyente y un feminismo sin cultura no tiene rumbo.

 

¿Cuál es límite en el diálogo entre los curadores y los artistas y los curadores y las galerías?

Para el diálogo nunca hay límite…

 

Además de la literatura ¿Qué otra influencia reconoce en su trabajo?

Muchísimas… el cine, la cultura popular, el trabajo de otras curadoras… Como cualquier profesión creativa y vocacional, no hay un momento en que dejes de trabajar, todo nutre aquellas ideas que puedas desarrollar…

 

¿Cómo involucra el tema del medio ambiente en su trabajo?

Creo que no es posible trabajar desde el arte y el feminismo si nuestros proyecto inciden en hacer mayor la emergencia climática. Tenemos una responsabilidad, como cualquier otra persona en cualquier otro trabajo. Yo cada vez intento utilizar menos plástico, eliminar los vinilos de corte en las exposiciones si su base es plástico, compartir transporte de obras o producir localmente…

 

¿Usa redes sociales?

Mucho, especialmente Instagram para lo visual y Twitter para la información.

 

¿En qué proyecto se encuentra?

En varios…entre ellos dos exposiciones con dos artistas mujeres en los próximos meses: Cristina de Middel en la Sala Canal de Madrid y Helen Acosta en el CAAM de Gran Canaria, además de una amplia exposición contra la violencia machista en La Nau de Valencia… ¡sin parar!