Costa Badia: me enfado, y reconcilio con mi cuerpo, varias veces mientras trabajo

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¿Cómo se inició en el arte?

Estudié en un colegio donde se daba mucha importancia al arte y a la creatividad, y recuerdo desde muy pequeña dibujar, y hacer manualidades. Más tarde empecé a estudiar  la carrera de Periodismo, pero me vine abajo, no pude con la competitividad que había. Mi padre entonces me preguntó que qué me hacía feliz, y le dije: “crear”. Unos meses más tarde empecé Bellas Artes.

 

 

¿Cuáles son sus influencias?

 

Me interesan muchas cosas y personas. Me encanta cómo algunos artistas hacen performance de la normatividad como por ejemplo Bad Gyal, disfruto viendo bailarinas de burlesque como Dita Von Teese, me gusta Lady Gaga, por animarnos a ser diferentes. Adoro a Miss Beige, un personaje que tiene miles de seguidores en Instagram.

Me siento muy identificada también con artistas con diversidad funcional que como yo hablamos desde nuestra propia experiencia. Juan Isaac Silva, artista sordo, Carmen Papalia, artista ciego que trabaja con el público y crea performances colectivas, Mari Katayama y el uso que hace de los zapatos de tacón en sus prótesis…

 

¿Cómo organiza sus proyectos?

No soy muy metódica, me organizo por objetivos nunca con horarios porque me agobian mucho. Para mí un imprescindible es simplificar, porque mi cuerpo no tiene el mismo aguante que otro.

También me aburre mucho la rutina, por eso hago cosas con diferentes técnicas y procesos.

Siempre trabajo desde mi cuerpo y mis experiencias con el mundo, me imagino que quiero hacer, cómo lo quiero hacer y empiezo. Reúno todos los materiales que necesito y me pongo a ello. Descubro muchas cosas durante el proceso: me mido a mí misma, me enfado, y reconcilio con mi cuerpo varias veces mientras trabajo. Me gusta utilizar materiales que no son puramente artísticos y me interesa todos los fallos que pueden producirse durante el trabajo, de hecho muchos acaban formando parte de la obra final.

 

Usted tiene una formación, que podríamos llamar clásica. Tiene estudios de Formación Profesional de Grado Superior en Imagen, graduada en Bellas Artes y Máster de Educación Artística en instituciones sociales y culturales. ¿Cómo se lleva hoy con esa formación? 

Estoy muy orgullosa de haberla hecho. Sé que al menos en España mi opinión no es muy popular porque puede resultar clasista y hay mucha crítica a la formación reglada. Pero si pensamos en que sólo entre un 5 y un 6% de la población con discapacidad tiene estudios superiores y de ese porcentaje la mayoría adquirieron su diversidad cuando estaban estudiando en la universidad, creo que es para estar contenta. Me costó malas caras de profesores, salir de clase llorando más de una vez, aguantar comentarios diciendo que “no dibujaba bien” o “¿cómo se te ocurre meterte a hacer Bellas Artes teniendo una discapacidad visual” y otras muchas otras.

La parte buena, no todo iba a ser malo, es que conoces a mucha gente con ganas de hacer cosas, y abierta a trabajar de manera no convencional.

 

Usted ha dicho que mi perfil es mixto, no es al cien por cien lo que se entendería como artista. ¿Qué estaría incluido en ello?

Porque también soy activista de la diversidad funcional y trabajo en mediación cultural en museos, doy charlas, hago talleres… Todo enfocado a la conjunción de arte y diversidad funcional.

Parte de mi trabajo es que las instituciones culturales se entiendan con la otredad corporal.

 

La han acusado de que reniega de lo bello. ¿Cómo ve esos comentarios?

Ya lo he dicho alguna vez, no son ciertos. Yo no reniego de lo bello, ni utilizo la palabra “normativo” despectivamente. Me gusta lo bonito y disfruto de la normatividad que hay en el mundo. Lo único que digo es que hay más maneras de ser y de vivir, y no como opción, sino porque no tienes más remedio. Y esas “otras maneras” deben ser respetadas e incluidas de la misma manera.

 

¿Qué beneficios y daño, según usted ha dejado la pandemia en las personas y a usted como artista?

Te puedo contestar a título personal porque no dispongo de datos, ni tampoco trato con más artistas que los de mi círculo de amistades y conocidos.

El arte siempre ha sido un sistema precarizado para los artistas. A mí si te soy sincera no me ha ido mal debido a la pandemia, en todo caso se retrasaron algunos proyectos, pero no estoy peor que antes de marzo de 2020, estoy mejor, en cuanto a visibilidad, prestigio y caché.

De manera personal no viví mal el confinamiento ni las restricciones, estaba cómoda porque suelo pasar mucho tiempo en casa y estoy acostumbrada a la frustración. No experimenté la falta de libertad de la que hablan mis amigos sin diversidad funcional, yo nunca la he tenido.

Si me afectó y me afectan comentarios pesimistas y conspiranoicos y prefiero no sacar el tema de las vacunas porque para mí han sido muy importantes. No haber estado enfermo nunca y dar por hecho que te vas a recuperar es un privilegio que no todos ostentamos.

 

¿Ve al arte performático creciendo en presencia, en aceptación?

No sé muy bien que decir, porque me muevo en unos circuitos bastante concretos donde la performance es algo cotidiano. Es una disciplina joven pero con más de cien años de historia, entonces, yo creo que sí, que va creciendo en presencia y aceptación. Te puedo decir que en la Universidad Complutense de Madrid, en España, la asignatura de performance se ha incluido como parte del currículo y que también existen espacios dedicados exclusivamente a este arte, como La Juan Gallery una galería de arte madrileña fundada en 2015, pero son hitos residuales que no conoces si no trabajas o estas vinculado al arte. De momento es más fácil encontrar  gente que conozca a Picasso que a Marina Abramovic.

 

¿A qué se refiere cuando habla de su gusto por lo raro?

El ser humano está cómodo viendo belleza y equilibrio, y al final, aunque insisto en que lo aprecio, llega un momento que me aburre. Me interesan más las imágenes raras o feas, porque te quedas enganchado mirándolas, incluso pueden generar emociones, y rechazo

 

Háblenos de su obra Conversaciones en el museo. Obra que también replicó en otras ciudades de España.

Es una performance que surgió a raíz de estar laborando de vigilante de sala en un museo de Madrid. Casi todas las personas que trabajábamos en este puesto teníamos algún tipo de discapacidad. Me parecía paradójico cómo tenía que pasarme la jornada laboral llamando la atención al público por cosas que son naturales. Les pedía que no se acercasen demasiado a las pinturas, que no tocasen ningún objeto, que no se apoyasen en las vitrinas…Yo, cuerpo discapacitado, les estaba obligando de alguna manera a adoptar un cuerpo y una manera de transitar no natural para un cuerpo hegemónico.

Por aquel entonces yo acudía todas las semanas a un laboratorio de performance en la galería que menciono más arriba, La Juan Gallery, y les conté lo que veía.

De investigar en el Hospital de Artistas, el laboratorio, salió esta pieza.

En ella, me visto con el mismo uniforme que utilizaba en este museo y con un walkie-talkie me sitúo en la entrada del espacio, y empiezo a contar a las personas que entran y salen de la sala. La pareja del walkie-talkie que tengo yo en la mano se queda al fondo de la sala, donde se escucha mi voz.

 

Usted ha dicho: Mi línea de trabajo se centra en la validación del error. ¿A qué se refiere puntualmente con la validación del error?

 Me refiero sobre todo a los cuerpos erróneos, los que tenemos “taras” y a como me gustaría que la sociedad dejara de obsesionarse con aspirar a la normatividad entiéndase esto como hombres, blancos, europeos, delgados y musculados, capacitados cis, hetero y con un poder adquisitivo importante. Es verdad que hay cuestiones más aceptadas que otras, pero para mí es importante que la gente deje de decirle a los demás cómo deben ser o cómo deben actuar. Creo que todo el mundo lo hace lo mejor que puede, y no es que yo sea el culmen de la empatía porque también me enfado por cosas en las que no tengo razón.

Yo quiero un mundo donde todas las personas tengan cabida tal y como son, y que no tengan que dar explicaciones de por qué son diferentes al resto.

 

Usted ha dicho: Al final me he dado cuenta de que el arte te da posibilidades infinitas de comunicarte. Eso, para mí, es algo fundamental. No concibo otra manera de vivir. ¿Cómo se dan esas posibilidades de comunicación en su obra?

Sé que una de mis virtudes es la comunicación, y creo que en mi caso una manera de hacerlo es a través del arte. Mi trabajo está constantemente intentando explicar al público como es mi manera de vivir. Es diferente, percibo diferente, me muevo diferente, y el arte para mi es el canal para transmitir mis vivencias.

 

Usted ha trabajado en oficios no tan próximos al arte, como teleoperadora, dependienta de una tienda de souvenirs, administrativa en un departamento de reclamaciones, cliente misterioso, subtituladora en televisión para sordos. ¿Ha incorporado algunas de esas experiencias a su obra? 

Sí, sobre todo el trabajo que tuve como azafata de sala en un museo que menciono más arriba. Tengo siempre muchas ideas en la cabeza, que no me da tiempo a ejecutar por falta de tiempo pero una de ellas es trabajar con lo que oigo y lo que no, que estaría vinculado al trabajo de subtituladora que tuve y que no llegó a buen puerto por ser yo misma sorda.

 

Usted ha creado una bella frase: todos somos iguales de diferentes. ¿Cómo enfoca la diversidad en su vida y en obra? 

Todo el mundo es diferente, y a mi modo de ver, no debería haber vivencias más diferentes que otras. Hoy en día llama más la atención alguien en silla de ruedas que alguien con los pies muy grandes. Es más fácil acudir a una zapatería donde tengan zapatos enormes que transitar por la ciudad sentado. Por eso mi trabajo trata de visibilizar contantemente que hay otras maneras de vivir el mundo. Por suerte o por desgracia puedo empatizar con personas ciegas, sordas y con discapacidad motora, además de gordas, y eso creo que me da una visión de conjunto bastante amplia de una de las otredades más rechazadas socialmente. La discapacidad y la gordura.

 

 Usted hizo referencia que de un ojo sólo ve el cincuenta por ciento y del otro nada. ¿En la fotografía y en su performance ¿Cómo la influye?

No sabría decirte, porque no conozco otra cosa, no sé qué es ver al 100% por los dos ojos. En todo caso alguna vez si he trabajado con la idea de comparar entre lo que veo con el ojo izquierdo, y el 1% de mi visión en el ojo derecho, de manera artística.

En mi vida personal influye en que no veo algunas cosas, que por las noches no distingo volúmenes cuando voy andando por la calle y que estoy escribiendo esta entrevista con el Word al 170% y con un tamaño de letra de un 12.

 

¿Cómo se lleva con las redes? ¿Las frecuenta?

Adoro las RRSS, sobre todo Instagram. Me divierte mucho interactuar con la gente, mi perfil es un escaparate de mi vida y de mi obra que no podría separar. Me hace mucha gracia performar la vida de influencer normativa que obviamente no soy.

 

 ¿Suele exponer en las ferias de arte? ¿Son un buen vehículo de comunicación las ferias?

 No, de momento ninguna galería me ha llevado a una feria, pero confieso que me haría ilusión.

 

 ¿Cómo se lleva con curadores y con comisarios, hoy tan presentes en el mercado del arte?

 Muy bien, en general me llevo bien con todo el mundo. Tengo grandes amigos comisarios, y algunos tengo que agradecerles que cuenten conmigo en exposiciones importantes.

 

¿De qué trata Tullida Gallery?

Es una galería de arte sin, de momento, sede física, que tiene como idea aunar arte y diversidad funcional pero sin paternalismos. Hacemos talleres para hablar de diversidad desde el arte plástico, la cocina o las artes escénicas entre otros. También hacemos cineforums, o visibilizamos a través de su propio Instagram @latullidagallery artistas con diversidad funcional.

 

¿En qué proyecto se encuentra trabajando?

En unos días estreno la performance La Bordadora dentro de un ciclo de performances llamado Visión y presencia comisariado por Semiramis González. En mi caso haré visible las dificultades que tienen las mujeres con discapacidad en cualquier acción cotidiana. Me presentaré realizando distintas actividades consideradas femeninas, pero que nunca llegan a ejecutarse del todo; actos habituales y a la vez imposibles.