Tempestad y teatro

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“Yo soy hombre de teatro” es la frase que recuerdo de Luis de Tavira en la presentación de Teatro escogido, libro editado por el Fondo de Cultura Económica y publicado en 2017. Un aplauso de más de tres minutos impuso su presencia en el recinto. Decidí comprar el libro y dedicarle algo de tiempo para saber si eran honestos quienes lo recomendaron y si fue merecido tan prolongado aplauso.

Mi arribo a este evento no careció de aventura.  Esa tarde recorrí varias calles para asistir a la presentación de Tavira. Caminé desde el barrio de Analco de la ciudad de Puebla. Atravesé el Boulevard 5 de mayo y continué así hasta que una repentina tormenta me sorprendió en la plazuela de los sapos. Un torbellino de viento se plantó ante mí y la repentina lluvia cubrió el horizonte. Los arbustos de las jardineras cercanas a esta explanada se agitaban hasta el punto de que creí ver desprenderse una raíz de la tierra. Los automóviles hundían gran parte de sus neumáticos en lagunas que cercaban las calles. Las personas se refugiaron en las tiendas que encontré a mi paso y no dejaron espacio para la entrada de clientes. No hallé refugio sino hasta llegar a Profética, donde tendría lugar la reunión para hablar de la publicación de este hombre de teatro. Al llegar a esta cafetería el resguardo de la lluvia no era lo que importaba, sino la presentación de Tavira. Afuera, la tormenta era desenfrenada tal como el desbordamiento de pasiones que propone este libro propio del Canon literario.

Después de escuchar las interpretaciones y recomendaciones de tres atentos lectores, el autor habló de la importancia del teatro en nuestra era, su experiencia en este ámbito, su comprensión a través de sus lecturas y las razones por las que él mismo no se considera como un dramaturgo, sino alguien que dedica su vida al teatro. Tavira nació en 1948, se ha desempeñado como profesor en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), ganó el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2006 y ha publicado libros teóricos, tales como El espectáculo invisible: paradojas sobre el arte de la actuación (1999) y Hacer teatro hoy (2006). Por otro lado, Teatro escogido (2017) contiene siete obras teatrales escritas por Tavira: La pasión de Pentesilea, La conspiración de la Cucaña, La séptima morada, Ventajas de la epiqueya, Otra dama boba, El director de teatro y Citerea.

La obra de Tavira dedicada a Pentesilea, reina amazona, me transportó del sonido de los relámpagos de la tormenta en que me encontraba al retumbar de la batalla entre el ejército griego y las amazonas guiadas por Pentesilea. Después, el torbellino de espadas y flechas se opacó con la agitación pasional entre Pentesilea y Aquiles. Finalizar esta inicial historia me brindó un nuevo significado para la expresión “comer a besos”, ya que Aquiles es devorado, literalmente, por su amante y rival, Pentesilea. La recuperación de clásicos de la literatura y la dramaturgia que hace Tavira es adaptada a un contexto actual. Prueba de ello es la inclusión de soldados del siglo XVI, XIX e incluso del XX.

Luego leí la obra titulada Otra dama boba. Una hilarante historia que rememora el conflicto amoroso del ingenioso Lope de Vega. Esta sugerente historia me hizo preguntar si realmente era boba la protagonista, yo refutaría a los personajes de esta historia. Otro homenaje a un clásico, Pedro Calderón de la Barca, se encuentra en el texto titulado La séptima morada que toma como nota introductoria las indicaciones para crear el escenario mejor ideado para viajar a un mundo onírico y plagado de laberintos. Un momento menos agradable lo pasé con la obra que homenajea a Alfonso Reyes, La conspiración de la Cucaña, cuyo discurso sobre el exilio y las continuas referencias culturales limitaron la acción de la obra.

La última obra que nos presentan, Citerea,   está caracterizada por la técnica que usa el autor en la mayor parte de sus adaptaciones. La acción rápida que busca retener la atención del lector, al mismo tiempo le exige minuciosidad para descifrar los detalles que remiten a otras obras teatrales. La planeación de una puesta en escena se posiciona en el penúltimo texto de esta recopilación, El director de teatro. El dilema de decidir entre éste como arte o como entretenimiento lleva a la melancolía a aquellos que al leer esta obra se deciden por la primera opción. Probablemente en forma similar a la que el autor, el protagonista, el director de escena Frank, está inmerso en el declive de su profesión. Deudas, crítica y exigencia de los actores crean en el personaje un caótico escenario. El teatro como mero entretenimiento se encuentra presente en la actualidad, ¿quién no ha visto los festivales estatales en que se ofrece un espectáculo con el único fin de hacer pasar a los espectadores un rato agradable, sin cuestionarles absolutamente nada, sin incitarlos a intervenir en la obra, sin provocar en ellos el desbordamiento de pasiones propio de una propuesta, misma que intenta cambiar drásticamente la percepción que el espectador puede tener de algún tema específico o general? Este cuestionamiento es una buena introducción a la lectura de este autor, cuya reescritura de los clásicos crea un buen aporte al canon literario.

Luis de Tavira, Teatro escogido, prólogo de José Ramón Enríquez, F.C.E, Colección Letras Mexicanas, México, 2017. 517p.

ISBN 978-607-16-5355-0