Pablo de Cuba Soria: Canto de concentración

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Para escuchar la niebla en el ojo del buey

 

En el eclecticismo crítico que predomina en la poesía de habla hispana actual, pariente cercano del que se aprecia en las poesías de otras lenguas, también convive un sendero hermético. De pocos y para pocos. Algunos de tales caminantes andan a veces del brazo manierista, mezclan la densidad de las referencias culturales con una sensual sinestesia versal y metafórica. De ahí que escogiera “Para escuchar la niebla en el ojo del buey”, subtítulo y verso clave del poema “Fulham Road”, como banderola de arrancada para la valoración de este nuevo cuaderno de Pablo de Cuba Soria: Canto de concentración (Richmond, Ed. Casa Vacía, 2018).

La sesgaduradesplazamiento que singulariza los poemas de este  libro  tiene en la mezcla culterana de “Fulham Road” un curioso tributo a la célebre calle y barrio del London Group, donde el Imagism  arriba de Idaho en el caleidoscopio de Ezra Pound. Batuta de esta coral, sus rasgos principales parecen renacer alrededor de un siglo después dentro de la poética de Pablo de Cuba Soria; en los artificios predominantes en las cuatro zonas que agrupan los poemas, desde el inaugural “Sotie” en el grupo I hasta el último: “Solo de canto” en el IV.

En realidad se trata de una nueva entrega de Canto de concentración; de una selección por otro orden y hasta a veces con modificaciones de título y de versos, de los poemas del libro homónimo (Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2015).  Los que ahora presenta provienen de ese volumen mucho más extenso. Formaban parte, por cierto, de una cuidada, hermosa edición también de fondo negro y letras muy similares, en el mismo color blanco y la misma tonalidad roja.

El nuevo diseño es un guiño al lector enterado, un transparente recado contra las ruinas sectarias que quizás aún ensucien alguna vista. Los dos libros son objetos cuyo parecido para nada es casual. Pues mientras el de Letras Cubanas muestra una soga de salvación asida a una cabilla doblada en un muro que puede ser de un malecón o de una cima, con las letras colgando alrededor del asidero; el de Casa Vacía, con letras horizontales, reproduce –original de Calé Suárez— una bandada de pájaros libres, volando y en torbellino como buscando asideros. Mientras otro elemento también deslinda una de otra, pues la edición de Casa Vacía coloca el lema que le da origen, tomado de Nietzsche, como epígrafe del libro: “Sobre ello podría cantar una canción, y quiero cantarla; aunque esté yo solo en la casa vacía y tenga que cantar para mis propios oídos”. Ambas ediciones, sin embargo, se unen en lo esencial: poemas y autor se olvidan de cualquier virus intolerante, extemporáneo, maniqueo.

Desde esa comunión el autor extrae los poemas  –aunque no es una antología– bajo el elemental derecho que le concede la evidencia de que no hay espíritu gregario, aunque los campos de concentración –nazis y comunistas— estén aludidos, hasta enunciados expresamente o inferidos dentro de la a veces muy densa atmósfera de algunos textos, de complejo marco referencial.

Resulta sugestivo observar cómo se fragua este clinamen, cuya fortaleza sitúa al autor entre los poetas de habla hispana más atractivos en 2018, condición que ya había llamado la atención de la crítica desde que se diera a conocer hace quince años con De Zaratustra y otros equívocos (2003).

Coincido con mi amigo José Kozer en que estos poemas harán “correr la tinta”. También en su sagaz advertencia: “Para leer a Pablo de Cuba la primera recomendación es tener paciencia, porque su poesía exige, desde la capacidad de riesgo de este poeta del lenguaje y la densidad, no ya la lenta lectura sino asimismo la asidua relectura”.

Parece que leer linealmente los poemas o abrir el cuaderno al azar, evidencia que el rondar reflexivo, hurgar en la memoria y buscar o verificar alusiones centran la interacción. Arman un circuito –muy neoclásico– que no admite pasividades apreciativas, haraganerías, carencia de estímulos.

Canto de concentración avisa desde el primer poema sólo ser apto para los que en el subtítulo de cada poema leen una señal donde la ironía y el sarcasmo, la metáfora, la paradoja o la hipérbole, la noticia o la fábula, abren una puerta que no conduce a ningún sitio trillado. Cada título juega con el subtítulo. Titula “Metier” y el paréntesis aclara: “(Ya cansada de copular, Sílaba logra esterilidad)”. Titula “Territorios de Verso” y se aclara: “(Para sentir el país a nuestros pies)”. Titula “Marta Abba” y el paréntesis contextualiza: “(Cuando Habladuría inunda Auschwitz)”, poema clave y fuerte de todo el cuaderno, donde la concentración explosiona e implosiona, abre los “atajos de pensamiento cercados por la queja”.

Fulham Road (Para escuchar la niebla en el ojo del buey)” que situé al frente de esta reseña quizás aluda en asociación libre –en la no tan libre, por supuesto, es a los Cantos de Pound—  al genial Derek Walcott de su poema épico Omeros… “Ich bin dumm (Ocaso del singular)” se imagina la locura de Nietzsche a través de las cartas a su hermana… “Children`s Corner (En Saks Fifth Avenue habita el Espíritu)” recrea el anecdotario truculento y lascivo, machista y enfermizo… Y así vuelan los poemas, sin ton ni son que los ate temáticamente a ninguna soga.

Tal desparpajo en la elección de motivos es producto de un choteo perenne que incluye desde la tartamudez (disfesia) hasta las papas de Idaho con las que asociaban burlonamente a Pound. Quizás ahí radica su marca inconfundible, que se extiende al juego sintáctico y a los léxicos marginales, a las citas y adivinanzas; que por lo general retoza, juguetea.

Por desacralizar hasta Lezama Lima recibe su “Destrocadero” en la burla a la calle Trocadero –una de las obsesiones de Pablo de Cuba Soria son las calles y los cementerios–,  donde el poeta de Dador vivió en el No 162 desde 1929 hasta su muerte en 1976; que en el poema de Canto de concentración –fuera de locación y de tiempo, girando con Anaximandro– es la de París. Y a la vez troca, zigzaguea barroca e imagista –no confundir con imaginista— para extrañarse de lezamianos y gimnopedistas, de las burguesas que Heberto Padilla caricaturiza y de algunas historias de Emily Dickinson en Amherst que tanto se han satanizado.

Los filos de Canto de concentración tienen varios ritornelos. Ellos le otorgan unas gotas de misterio a la Sorda escurridiza, difícil de asir. El goterón decisivo es         –dice— “(Estáticas migraciones de la imagen)”, paréntesis del poema final: “Solo de canto”. Y es que Pablo de Cuba Soria da la antífrasis de quien emigró sin dejar-se estático, da la clave en la concentración del Canto. De un Canto e imagen que migra.

En Aventura, North Miami Beach, junio y 2018

Pablo de Cuba Soria, Canto de Concentración, Casa Vacía, Richmond, 2018, 64p.

ISBN: 9781388574307