La risa de un pequeño dios: Entre un caos de ruinas apenas visibles de Guillermo Espinosa Estrada

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Por Óscar Alarcón (@metaoscar)

 

Guillermo Espinosa Estrada

Nació en la ciudad de Puebla en 1978, reside actualmente en la Ciudad de México. Doctor por la Universidad de Boston con una tesis de 3.4kgs. Imparte clases en el Departamento de Estudios Humanísticos (que él quisiera de Estudios Humorísticos) del Tecnológico de Monterrey. Si esa no es la carta de presentación de un humorista por lo menos es la de un escritor cuya preocupación se centra en la historia de la risa. Además del libro que se ocupa esta reseña ha escrito La sonrisa de la desilusión (Tumbona ediciones, 2011).

Entre un caso de ruinas apenas visibles de Guillermo Espinosa Estrada destaca por su hibridación genérica. Me explico: se trata de un ensayo en donde el autor trata de descubrir la raíz de la risa y nos va dando pistas de su nacimiento en culturas clásicas. Pero también es un libro que recorre dos direcciones más: una de ellas está en una suerte de biografía de algunos autores alemanes que trabajaron sobre lo lúdico, la risa, la diversión –esos autores son Ernst Robert Curtius, Whilhelm Jaeger, Erich Auerbach y Walter Benjamin–, a quienes vamos descubriendo desde el momento en el que toman la decisión de estudiar la risa hasta algunas vicisitudes que atravesaron gracias a la Segunda Guerra Mundial; la otra parte es una historia personal, íntima, a manera de autobiografía en donde Espinosa Estrada nos muestra sus días como autor joven, enamorado de Camila, su compañera de aventuras estudiantiles, y su desapego de la ficción, además nos habla un poco sobre cómo se fue desapegando de los grupos literarios en Puebla que eran protagonistas en los años 80-90 del siglo pasado. Estas tres vías son las que recorren este libro, sin embargo una es la que predomina: estamos frente a un tema que será por todos reconocido, quizá en algún momento de ocio creativo, algunos de nosotros nos hemos preguntado cuál es el origen de la risa.

 

Entre un caos

El libro serpentea por muchos caminos para encontrar el origen de la risa. Nos conduce desde las formas onomatopéyicas griegas (Xaxaxaxa y xixixi) –que posteriormente cobrarán significado en diversas lenguas romances conservando el sonido– hasta llegar a la aparición del dios Gelos, un dios que, podría decirse, pertenece al segundo o tercer orden entre los dioses griegos. Un dios que no ocupaba uno de los lugares centrales en los banquetes del Olimpo pues según Epícteto debemos evitar hacer reír a otros, ya que es un hábito que fácilmente se confunde con lo vulgar y esto puede hacer que otras personas nos pierdan el respeto.

Guillermo Espinosa Estrada nos hace varias advertencias y desenreda algunos equívocos que se han podido tener en la búsqueda del primer dios de la risa: Dionisio no es el dios de la risa, sino el dios del vino, del placer y del éxtasis, aunque en sus celebraciones es normal que la risa pueda aparecer no es su efigie la erigida para celebrarla. Gelasma, puede ser el ahogamiento por risa, aunque muchas veces el término también ha sido atribuido al dios de la risa. Y agelastas son aquellas personas que no ríen.

Una de las imágenes más poderosas que se describen en el libro como cercana al dios de la risa es la de un niño pequeño que levanta su indumentaria para orinar y con ello provocar la risa del espectador después de mostrar sus genitales lanzando un chorro de orina. Pero no entendamos mal, no es su masculinidad lo que nos hará reír o ponernos colorados ante el atrevimiento del niño: se trata del mostrar los genitales como símbolo de rebeldía ante lo establecido, como una forma de provocación, como una forma de libertad apenas entendida por aquellos que han podido destrozar las cadenas del pudor.

Ahora bien, mostrar los genitales para provocar la risa no es privativo de los hombres. Del mismo modo aparece una diosa llamada Baubo, también conocida como Yambe, a quien se le ha atribuido de manera incorrecta ser la diosa de la risa, y que también muestra los genitales para suscitar ésta:

Cuando Hades secuestro a Perséfone, su madre Deméter bajó a la tierra a buscarla. Un día, estando en Eleuisis, se encontró con la vieja Baubo, una mujer que se apiadó de su tristeza y le ofreció de comer y de beber. La diosa estaba tan deprimida que rechazó el ofrecimiento, pero ella insistió. Para animarla primero comenzó a decirle chistes lascivos, cuando vio que no tenían efecto recurrió a algo más radical: se levantó la ropa y le mostró sus genitales. Ante el espectáculo Deméter empezó a reír y pudo aceptar los ofrecimientos de su anfitriona. Por eso su representación suele ser la de una gran vulva: un vientre con ojos, nariz y boca, cuya barbilla son los labios vaginales (Espinosa Estrada, 2017: 84-85)

Esta genealogía de la risa recorre el occidente y también observa un par de ejemplos sobre tierras mexicanas. Sin embargo, lo que me gustaría destacar de esta investigación son los diferentes dioses que se van conectando sobre este fenómeno: Momo, Hefesto, Perseo, son algunos ejemplos de la risa y la sátira unidas en elementos que critican el actuar del hombre y de los dioses.

En el lado de la religión judeo-cristiana cabría hacer un cuestionamiento después de leer el libro: ¿por qué ninguna representación crística se carcajea? Si acaso por ahí encontraremos el esbozo de una sonrisa en alguna representación, pero Jesucristo, al igual que muchos dioses griegos, no se carcajea. Esto, aunque parezca una obviedad, se debe a lo que Jesús padeció. Pese a ello, Entre un caos de ruinas apenas visibles, nos recuerda a otros trabajos que se han encargado también de la genealogía de los dioses de la risa y la risa como elemento desacralizador. Ejemplo de ello es el Premio Nobel de Literatura 1997, el italiano Dario Fo, que en su libro Misterio Bufo, se ha encargado de analizar la risa en la Edad Media y siglos posteriores.

Hay una breve conexión entre la obra del italiano y la de Espinosa Estrada, ambos nos aconsejan no reírnos de cosas serias. La vida de Cristo es una de ellas, y aun así el misterio bufo se pone en marcha cuando Fo señala

El edicto de Toledo prohibió de manera definitiva que el pueblo representara los misterios bufos. Y comprenderéis ya por la imagen [se refiere a una imagen que viene en el libro Misterio Bufo, nota de Ó. A.] el motivo de esta censura. Mirad: aquí está Jesucristo, un actor que representa a Jesucristo, aquí dos esbirros. Aquí está un pregonero, por supuesto otro actor, y el pueblo, abajo, que reacciona, contesta a la réplica del pregonero.

¿Y qué dice el pregonero? Grita: “¿A quién queréis en la cruz?”.

“¿A Cristo o a Barrabás?” y debajo todo el pueblo contesta gritando “¡A Jean Gloughert!”, que era el alcalde de la ciudad. Comprenderéis que semejante ironía, un poco subida, tan directa, no gustaría demasiado al alcalde y a sus amigos… que empezaron a pensar: “¿Y no sería mejor prohibirlas?” (Fo: 1998: 23-24).

Con esto podemos darnos cuenta que la comedia, la risa y la crítica que en ella germina no siempre es del todo aceptada. Pero regresando al libro de Guillermo Espinosa, muchos dioses de la antigüedad ríen, pocos son los que se carcajean y todavía más pocas son las representaciones pictóricas o escultóricas en donde vemos la carcajada por completo pues

Las representaciones divinas adquieren una discreta curvatura en los labios que, de repente, insufla una personalidad inconcebible en el hieratismo anterior. Pero risas francas, pocas son las que he podido distinguir. Y por los testimonios hallados no me cabe duda de que se trata, al menos en parte, de una decisión estética: la risa distorsiona las facciones del rostro, lo vuelve una máscara contrahecha, monstruosa. En cambio la sonrisa civilizada, le otorga a la piedra un sentimiento placentero, espiritual, superior (Espinosa Estrada, 2017: 45)

Algunos otros dioses son sátiros, como el ya enunciado Momo quien fue expulsado del Olimpo después de hacerle una crítica a las creaciones de Zeus –un toro–, Prometeo –un ser humano– y de Afrodita –una casa–. Es decir: lo que nos diferencia de los animales no sólo es la risa sino también el logos que se encuentra antes de desatar la carcajada.

 

Ruinas apenas visibles

El lector puede asumir que se encuentra frente a la historia de Guillermo Espinosa Estrada y de Camila Torres Aguilar, y es importante subrayar la perífrasis “puede asumir” porque no es del todo claro que sea Guillermo, y tampoco que la historia ni el nombre de Camila sean ciertas.

Ésta es la segunda línea que aborda en el libro: en medio de las disertaciones sobre el origen de la risa se introduce una historia aparentemente romántica. Es una historia que ocurre en la ciudad de Puebla, en la Faculta de Filosofía y Letras de alguna universidad. Espinosa Estrada cuenta cómo Camila lo impulsaba a ser escritor, a no dejar sus textos, sin embargo parece que nunca estuvo del todo convencido de que algo que saliera de su pluma merecía ser publicado. Es una suerte de burla pues Camila, madre soltera, hija de una familia de clase alta, poblana, sin ningún empacho y miramiento le hace críticas a la forma de vivir de Guillermo, y eso parece que le seduce, le atrae y mantiene sólida su relación que dura por años. Es Camila el motor de sus investigaciones, la que lo reta a viajar, a construir el libro que nosotros leemos.

Estamos frente a una especie de “tras bambalinas”, en donde Guillermo Espinosa Estrada nos va mostrando cómo fue que nació su interés por la risa y de cómo Camila entendía del todo su interés pero no estaba dispuesta a comprarle el papel del investigador serio.

Camila es el dios Gelos personal de Guillermo. Se enfrascan en un enamoramiento que dura años, que trasciende al tiempo y que tiene un final no tan feliz. Todo ocurre de repente y la pista que Camila le deja a Guillermo es la que le hace construir este gran libro.

Charles Baudelaire, Henry Bergson, Sigmund Freud son algunos de los escritores que se han encargado de las teorías sobre el humor y la risa. Algunos refieren teorías de la superioridad, de la degradación, de la incongruencia. Otros, en el terreno más científico, han dicho que la risa es el alivio después de una enorme presión y que se manifiesta en nuestros músculos en distintos órganos de nuestro cuerpo.

Lo cierto es que es un tema que no sólo se encuentra al interior nuestro sino que va más allá, alcanza a las deidades, son un reflejo –imagen y semejanza– del ser humano. Los dioses ríen desaforadamente y nace una fiesta. El ser humano lo hace previo al ritual de la siembra. La risa merece la atención de los filósofos y de los médicos. Puede haber ahogamiento por risa y risa que nos hace reflexionar: el espejo y la hoguera de nuestras vanidades.

Gelos es ahora el dios que reclama un lugar a la altura de Zeus, aunque sea un dios pequeño, un dios breve cuyo eco seguirá resonando en la caverna de Platón, carcajeándose por la eternidad.

 

Espinosa Estrada, G. (2017) Entre un caos de ruinas apenas visibles. México: Ediciones Antílope.