Soliman López: la obra de arte existe cuando la disfrutas y no cuando está almacenada

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¿Qué se entiende hoy por un Media art?

Las prácticas artísticas hoy en día están cada vez más confusas. Todo está hibridado y los artistas transitamos desde unas técnicas a otras. En mi caso, no busco un reconocimiento estilístico basado en la técnica, sino más bien en la temática y los conceptos en los que estoy trabajando. Cuando hablamos de Media art, nos referimos a ese arte que ocupa el espacio de los medios, medios que hoy en día a su vez han proliferado también en sus llegadas al público y en la utilización de canales. En definitiva, un media art es una práctica que atañe a la creación que se inocula en los medios de comunicación ya existentes. Es por ello que, de alguna manera, utilizamos un canal que ya existe, tergiversando su significado y sobretodo su finalidad por la que originariamente fue creado. Esta cuestión sólo la encontramos en este campo, ya que la pintura, escultura y demás herramientas y medios creativos fueron creados para tal fin. Media art es aquella práctica artística, que en definitiva utiliza los canales de los medios de comunicación, para expresarse.

 

¿Cómo nace en usted la acción que planteará?

En mi caso, el acceso a las nuevas tecnologías como herramientas de expresión, fue un paso natural a mi propia evolución de pensamiento artístico. Mi “background” radica en la historia del arte y su entendimiento como una historia de los estilos. Crear cultura es actualizarse y arriesgarse. El hombre basa su crecimiento en la innovación, siempre ha sido así y es lo que realmente nos hace únicos como especie. Que nuestro intelecto evolucione en pos de nuevos resultados. Ese intelecto del que hablo se orientó en mi caso hacia lo que creo que es de lo que hay que hablar. La revolución digital nos ha llenado hasta arriba con sus tentáculos y alternativas, con sus soluciones y problemáticas. Darle la espalda a esa revolución, en mi caso, me hace sentir poco responsable con el tiempo que me ha tocado vivir. Es por ello que mis ideas giraban y giran en torno a estas temáticas y las herramientas “tradicionales” de creación no me daban la cancha suficiente para completar conceptual y visualmente esos conceptos. Es por ello que comienzo mi acción con estas técnicas. Finalmente no somos más que artistas contemporáneos abordando el mundo desde una caja de herramientas diferente.

 

Hoy se habla de Metafísica Digital. ¿Podría explicarnos de qué trata o es otra creación de los medios?

Creo que las invenciones relacionadas con las nuevas tecnologías son más reales de lo que nos creemos. Nuestra base genética es un código, al igual que el de la tecnología. Estamos más pegados a ella de lo que nos imaginamos. La tecnología es un paso ya previsto en nuestra evolución y esas metafísicas y conciencias digitales se están instaurando ya en nuestro interior (y exterior) de manera evidente. Creo que más que plantear su realidad, debemos asumirla y convivir con ella. Somos código y a través de la tecnología estamos sabiendo más de nosotros que nunca en la historia de la humanidad. Y no sólo de nosotros, sino de lo que pasa ahí fuera. Podríamos decir que esa metafísica digital es propiciada por los medios pero no es una invención de ellos. Ellos ponen el canal para que se produzca. Debemos recordar que para obtener una metafísica en cualquier campo, debemos hablar de presencia y en el caso de lo digital la presencia es evidente en ambas direcciones. Nosotros como usuarios vamos dejando rastros de presencia digital con nuestras acciones cotidianas y por contra, los sistemas autónomos, el machine learning y por supuesto la inteligencia artificial, van generando su propia presencia en nosotros sin que se la demandemos. Una metafísica absoluta.

 

Cuéntenos de su labor al frente del Laboratorio de Investigación en Arte y Tecnología de la ESAT, Escuela Superior de Arte y Tecnología.

El ESAT Lab es la cuna desde la que se crían todas las piezas de arte que vamos presentando en diferentes lugares. Es el espacio donde se gesta tanto física como intelectualmente la obra. Por suerte cuento con un equipo de trabajo increíble, que incluye ingenieros, programadores, diseñadores 2D y 3D y gestores en general. Cuando la pieza, el proyecto lo requiere, también accedemos a otros perfiles relacionados con las temáticas en cuestión, que van desde biólogos a psicólogos pasando por arquitectos o técnicos de materiales. La escuela es un espacio idóneo para estas prácticas. Se aúnan en ellas el conocimiento, las ganas por aprender, la inspiración y el talento en un mismo lugar. Es un formato que sin duda funciona, como lo demuestran estos 4 años de intensa actividad en más de 10 países.

 

Usted ha creado un museo que vive dentro de un disco duro. Lleva el nombre Harddiskmuseum. ¿De qué trata?

El Harddiskmuseum es, en primera y última instancia, una obra de arte creada en su colectividad. Es una pieza conceptual que venía a responder a cuestiones como la idoneidad de determinados proyectos culturales o en general el control y gestión de la imagen y el archivo digital en internet. El artista digital tiene perdido en cierta medida el control de su trabajo en tanto y cuanto que lo despliega en entornos que no son suyos, como son las redes sociales o incluso el servidor de su página web. Los pintores siempre pintan en sus lienzos y nosotros no teníamos ese soporte. Habíamos perdido la sensación de saber dónde encontrar nuestro propio trabajo. Ya no es un tema económico, sino romántico. Es como no saber nunca donde se encuentra tu hijo/a. Es por ello que plantee la posibilidad de tener un repositorio de arte del que nosotros tuviéramos el control y que por otra parte se convirtiera en un objeto único pese a tener una procedencia digital e industrial. Duchamp ya lo hizo hace mucho tiempo, pero él no tenía un disco duro. Cada archivo que se encuentra en el disco es único y sólo puede ser encontrado en el Harddiskmuseum o en la copia de seguridad de su autor.

 

Usted hace uso de lo performático y lo interactivo. ¿Cómo logra fusionarlos?

Hasta la fecha se ha entendido que la performance era una acción que sólo atañía a lo físico. A la relación del cuerpo con su espacio inmediato. Pero hoy en día internet, y lo digital en general, ya es lo que llamamos el “Tercer entorno”. Una cuestión que está más que aceptada internacionalmente, por lo que el grado de interacción con el espacio en la performance también se ha visto aumentado. Quiero decir con esto que podemos generar acciones performativas en internet, en espacios virtuales o incluso en Tinder. Estas prácticas artísticas son legítimas y por supuesto son performance en toda regla, atañen al cuerpo, su gestualidad y conceptualización del mundo, así como por supuesto, su interacción con el mundo inmediato que ahora sí, deviene más vivo que nunca en aquello que no se ve pero se siente, lo virtual. El lidiar con ambas acciones debe ser algo natural, debemos asimilar que ya nunca más estaremos desconectados si pertenecemos a esta comunidad global y es por ello que estamos interaccionando de manera continua. En el caso concreto de hacerlo a través del arte, la interacción puede ser muy compleja o con interfaces que deben ser asimiladas o simplemente nos conformamos como elementos “trigger” de una acción “X” de la que eres el eje principal para hacerla funcionar. El unir performance con interacción debe de hacerse desde la lógica y la lógica es que tu cuerpo debe hacer lo que acostumbra hacer, esa es una de las bases fundamentales de la experiencia de usuario.

 

La llegada e inclusión de lo digital en arte, ¿ha generado que se haya democratizado más?

No, en absoluto. La democratización del arte viene de la mano de la educación avanzada en estos términos y sobretodo en la legitimación global del individuo como artista. Lo digital ha llegado a algunos sectores del arte contemporáneo, a cada vez más por suerte (no incorporándolo por entendimiento sino por modernidad), pero seguimos teniendo un decalage importante en su comprensión. Resulta que los grandes iconos del arte contemporáneo no acceden a ese arte digital por diferentes motivos que van desde el desconocimiento de los nichos hasta la falta de entendimiento de la poética subyacente a los discursos digitales. Y por otra parte, aquellos que lo han asimilado como propio se encuentran en una posición de periferia que evita que los contenidos llegan al más media. En medio está el espectador, que en ocasiones consume arte digital sin saberlo, pero que sigue sin entender las dinámicas románticas y poéticas que existen en esta disciplina. La tecnología no es fría. Fría es la carcasa.

 

¿Cuál es la línea que divide lo analógico de lo digital en arte?

Bajo mi punto de vista es el entendimiento abstracto. Las cosas devienen analógicas cuando se entiende que en ellas hay un proceso mecánico, pero eso ocurre todo momento en lo digital. Pensamos que la información pulula por el aire, pero no es cierto, internet se basa todavía en kilómetros de cable que unen servidores y puntos de información. Es lo más analógico que podemos imaginar. Cuando digo que depende de un entendimiento abstracto me refiero a que los procesos digitales todavía son llevados a cabo por dispositivos (sí analógicos) para mostrar resultados de nuevo digitales. Nuestro entendimiento abstracto en el futuro será más profundo y todo proceso que tenga que ver con la realidad se llevará a cabo mecánicamente en nosotros. Nuestro cerebro. No habrá distancia entre los procesos, ya que todo será interno.

 

Hay artistas que ven una ventaja en no tener formación académica en arte. Consideran que ampliaron su campo de acción y limitaron la autocensura. ¿En su caso cómo influyó no tener la formación académica de Bellas Artes?

Para mí, fue una de mis mayores suertes. Empleé mi tiempo adolescente y creativo iniciativo en pensar, no en imitar a los clásicos. Analizaba la obra de otros, la entendía y entendía qué había llevado a X artistas a tener esas decisiones. Una mirada global y abstracta de la evolución del pensamiento artístico. Esa cuestión maridó perfectamente en un momento histórico del arte donde la técnica ha pasado a un segundo plano ya que, todo o casi todo, puede ser realizado por la máquina con una mayor precisión que la que podemos imaginar. Decido esto porque mi trabajo no habla de un proceso artístico meticuloso, ni busco la huella manual o el recuerdo de mi puño y letra, si no que hablo del presente o mejor dicho del futuro. Para ello necesito herramientas de hoy, de las que pasan a diario y en eso, las Bellas Artes se han quedado en muchos casos algo obsoletas. Los programas académicos universitarios siguen teniendo mucho del pasado en sus temáticas y conceptos, lo que por falta de tiempo no permite que se acceda a un pensamiento más avanzado en materia de técnicas y de conceptos. Entender una técnica es entender el porqué de llevarla a cabo. Si se es pintor es porque lo que se pinta tiene que ser pintado. No hay que buscar motivos para pintar porque uno se siente pintor. Eso es empezar conceptualmente la casa por el tejado y construir obras que evolutivamente no irán a ningún lado. Por supuesto que no estoy aboliendo la práctica artística per sé. Estoy transmitiendo que la intención artística está muy alejada de la técnica en un momento artístico donde todo es posible en términos de producción.

 

Usted ha dicho: En definitiva, hacer arte no es hacer objetos magníficos, hacer arte es comunicar con inteligencia. La arquitectura entendió esto hace mucho tiempo. ¿Cómo debe entender hoy el artista el concepto de arte?

Como decía, la técnica hoy en día es muy destacable en todas las producciones. La irrupción del software como herramienta de creación y sus posibilidades casi ilimitadas de efectos, conectividades e interacciones, ha generado una multiplicidad de acabados y estéticas digitales. Incluso la pintura se hace cargo de esas estéticas, imitando acabados y juegos visuales que pivotan de un lado a otro jugando al juego de la autoría hombre-máquina. Pero jugar a la técnica en el mundo de la tecnología es muy peligroso. La formación en estos campos es cada vez más avanzada y si un artista quiere localizar sus propias estéticas y resoluciones estilísticas debe irse más por el camino del concepto, ya que lo otro es completamente suplemental y alcanzable por cualquiera. La globalización e internet ha generalizado las resoluciones técnicas y el resultado final puede y es una alienación visual. Lo podemos observar en Instagram por ejemplo. Tras esta introducción, pienso que el artista debe entender más el arte como un posicionamiento de pensamiento, una línea argumental y un lenguaje propio que puede o no estar vinculado con lo material u objetual. Una forma de arte es una forma de ver el mundo y la realidad y eso está por encima de la técnica y las estéticas intencionales. Cuando nos posicionamos en este espacio hablamos de mercado, de venta y oferta y demanda.

 

Declaró en una entrevista: En cuanto a la comunidad artística, al día de hoy, nuestro trabajo con nuevas tecnologías no goza todavía de la acogida que el arte contemporáneo tiene en general. ¿Qué debería suceder para qué fuera acogido la tecnología en el arte?

Es una cuestión de mercado. La obra digital, virtual o la realizada con electrónica tienen una peor acogida mercantil por su mera naturaleza. Los coleccionistas temen a aquello que requiera mantenimiento o dependa de luz, pero siempre digo que es más difícil reconstruir una pintura que una obra de arte digital. Para que esta acogida surta efecto debemos aludir a algo más profundo relacionado con la sociedad del consumo. Entendemos la pantalla como el lugar de lo efímero y bajo ese concepto nadie quiere comprar nada. Este problema lo tuvo la performance y lo sigue padeciendo el video. La performance encontró en el registro su posible solución y el video la encontró en la edición limitada. Ahora el arte digital debe entenderla en las plataformas y en la experiencia masiva de contenidos. Pero desde luego donde no está la solución es en el objeto. Es un cambio profundo en la psicología del consumo, que debe entender que la obra de arte existe cuando la disfrutas y no cuando está almacenada, ahí es un producto, un objeto inanimado, un repositorio, una carta de pago y una huella de algo pasado. El arte solo funciona cuando está iluminado, en reproducción o funcionando y eso tiene que ver con el tiempo y con nuestra presencia en él. Esta condición, por tanto, alinea toda tipología de arte ante el mismo sentimiento y percepción, sin discriminación entre digital, físico o analógico. Si entendiéramos esto, estaríamos preparados para cualquier tipo de arte que venga en el futuro, incluyendo aquel que sea generado por una pastilla que nos haga ver la obra de arte global.

 

Aún no se ve a los coleccionistas muy atentos al arte desde las tecnologías. ¿Es una percepción correcta?

Sí están atentos. Lo que ocurre que al final y a la postre el coleccionista busca un valor en el tiempo y todavía no están seguros de que el arte digital vaya a sobrevivir. Pero se compran un mac de 3.000€ en el que depositan todas sus esperanzas de trabajo. Como digo, es una cuestión psicológica que tenemos que superar, y por nuestra parte, como artistas, también debemos pensar en formalizar nuestra obra hacia conceptos entendibles. Tampoco se trata de navegar en la penumbra, sino de encontrar el equilibrio para no golpearnos con las esquinas ni tampoco cegarnos. El mercado se está ya focalizando, además no es todo el coleccionismo. En nuestro caso tenemos el conocimiento, la capacidad y la oportunidad de acceder a otros mercados más fácilmente. Mercados como el audiovisual en general, los festivales, la música…

 

¿Qué tanto puede influir su trabajo en la relación con el espectador

A veces es un tanto críptico. Quiero decir que suelo tener poca consideración con el espectador en términos de ponerle las cosas fáciles. Interfaces simplificadas como las de Apple, nos han hecho ver el mundo digital desde un punto de vista de la vaguedad y la pereza. No abordamos nada digital que tenga visos de ser complicado. Pero el arte es otra cosa y aquí las cosas pueden ser muy complejas o muy sencillas, ambas funcionan si están justificadas. El espectador en mi obra a veces forma parte de ella y otras veces se encuentra muy lejos y debe acercarse por entendimiento intelectual más que por distancia física. En cualquiera de los dos casos, mi obra depende del espectador al 100%.

 

¿Las ferias están incluyendo trabajos como el suyo?

Hay algunas ferias que se están especializando en nuevos medios. Una decisión que el tiempo dirá si es la acertada, pero a priori valoro que no es una buena decisión. Al final se generan guetos y es lo último que queremos. El trabajo con nuevas tecnologías es contemporáneo y debe gozar del mismo espacio que el resto de manifestaciones basadas en estas técnicas. Cada vez hay más galería que sí están interesándose por esta tipología y por sorpresa están vendiendo gran cantidad de obra. Así que, fuera miedos. El arte digital llegó hace mucho tiempo para quedarse. En mi caso estamos negociando actualmente con tres.

 

¿Los museos tal cual los conocemos hoy, sumarán en el futuro las tecnologías como parte de una tradición en el arte?

Por supuesto que sí. Y si no lo hacen creo que están faltando a la historia. Ya las han incorporado en parte de sus lógicas de consumo y comunicación así que sería muy injusto que no lo hicieran como parte de su colección y discurso histórico.

 

¿Siguen las dificultades para el Media Art, o ve que ha disminuido la resistencia y hasta en algunos, la desconfianza?

Hay entornos que son más fáciles para la presentación de propuestas en este ámbito. Por ejemplo, países como China están siendo muy fuertes en estos sectores. Ellos llevan interiorizando la tecnología desde hace mucho tiempo y además es una de sus grandes fuentes de ingresos (la que más), por lo que entienden que deben seguir apostando por ese motor económico, social y cultural. Por otra parte, también han proliferado oportunismos. Perfiles de diferentes ramas que aprovechan la coyuntura para llenarse la boca con la palabra tecnología y que venden un humo que se torna muy negro. Esos perfiles están haciendo mucho daño al sector y han generado por supuesto mucha desconfianza en la esfera artística.

 

Su obra 002fa7 ha tenido mucha resonancia. ¿Por qué del título tan relacionado al color y qué opinión tiene de lo dicho por los críticos?

El título alude a la correspondencia digital del color “azul klein”. Aquel que conoce el código alfanumérico y el modo en el que este representa los colores no ve en este código unos caracteres. Esa persona conocedora del código está viendo ese azul. Es lo mismo que ocurre con el espectador que ve esas formas abstractas azules y es conocedor de su procedencia, donde cuerpos desnudos eran utilizados como pinceles. Por otra parte, Yves se adelantó conceptualmente a muchas cosas. Pretendió bloquear lo intangible. Un color. En mi obra voy un paso más allá y registro en la propiedad intelectual el color que a la vez corresponde al color de Klein, trazando la pregunta ¿de quién es el color azul Klein cuando se representan en la pantalla? Esa es la cuestión principal que evoca la obra, evocando una pregunta más general ¿de quién es lo digital? En cuanto a los críticos… siempre tienen la razón 😉

 

Dijo que: lo que hago es actualizar algunas obras pero con un lenguaje digital, para que mentalmente hagamos la similitud. ¿Cuál es el alcance de esa actualización?

En definitiva, ambas obras son conceptuales. Las mías no tienen el peso de la historia y no están incluidas en ella, así que supongo que el alcance todavía es el mismo que el de cualquier obra que haya realizado. conceptualmente sí opino que tienen mucho que aportar. Vienen a decirnos que seguimos con las mismas problemáticas, pero que la materialización de las mismas es variable y actualizable.

 

¿Por qué considera que el arte digital es arte intangible?

El origen de la obra de arte digital está en el software. En la construcción de un archivo digital. Este archivo digital es una sucesión de caracteres que es interpretada por su software preparado para tal fin. Esto significa que la procedencia deviene abstracta, inmaterial. En última instancia, se generan estrategias de producción para materializar ese contenido en un objeto que represente al primero, pero su origen es sin duda intangible. Lo digital es ilimitado, un archivo puede ser versionado, modificado y parcelado millones de veces manteniendo igual su esencia y origen. En definitiva, lo considero intangible porque su procedencia así lo es.

 

Quisiera me contara cómo salió físicamente y como artista de su experiencia Making disappear the Kosuth’s Chair, donde traga una tarjeta de memoria con la réplica 3D de la famosa silla de Joseph Kosuth One and three chairs (1965). ¿Siempre mezcla lo performático y lo digital?

Bueno la experiencia y el enfrentamiento con lo digital desde un punto de vista físico es una sensación extraña. Solemos tener una relación de respecto muy grande ante el objeto tecnológico. Lo usamos para la única finalidad para la que ha sido creado. Eso no suele ocurrir con otros objetos de la vida cotidiana, que utilizamos en ocasiones para otras cosas. La experiencia fue gratificante, es una obra que entiendo cerrada en sí misma. Ya no hay más sillas posibles a las que hizo Kosuth excepto la digital, aquella que ingiero en la performance dando a entender esta imposibilidad de más conceptos de silla en el imaginario conceptual. En este caso concreto sí que hubo una relación muy estrecha con el objeto tecnológico, como ocurre con obras como Tecnometrías o Gutenberg Discontinuity, pero no siempre actúo del mismo modo. En este caso la obra requería de esta materialización y por ese decidí tener esa relación performativa con el objeto.

 

¿En qué proyecto trabajo hoy?

Actualmente estamos en víspera de la participación en un foro sobre arte digital y educación en Shanghai, China, donde además mostramos la obra Bioma en la exposición motivo del encuentro y trabajo en lo que serán un par de meses intensos de intervenciones públicas. Una en Paris, en el espacio EP7, donde intervenimos en la fachada del edificio que está provista con una serie de pantallas led de gran formato y la otra en el mes de noviembre donde viajamos a Nueva York para intervenir en la que hasta la fecha es la mayor plataforma interactiva de la ciudad, con 12 pantallas de gran formato. En Enero presentamos una nueva exposición individual en Madrid y en febrero intervenimos las pantallas de Callao, también en Madrid, coincidiendo con ARCO. Estas son algunas de las propuestas en las que estamos trabajando a la que sumo la edición de un ensayo sobre arte digital bajo el título “El ojo sincrónico”.