Pedro Roth: los pintores están obligados a fabricar novedades, participar de la vorágine, de lo efímero

0
648

Usted nació en Budapest. ¿Cómo fue su inicio en Argentina como artista plástico?

Nací en Budapest Hungría, en 1938. La guerra mundial nos empujó a migrar, primero a Rumania, luego a Israel y finalmente a Buenos Aires, donde recaló finalmente toda mi familia sobreviviente del holocausto. Sabía que era mi destino final, me adapté, aprendí el idioma. Mi madre además de estudiar me exigió que tuviera un oficio y así entre a trabajar con un fotógrafo húngaro, Esteban Sandor, y simultáneamente estudié bachillerato y luego entré a la escuela Superior de Bellas Artes de la Plata donde me gradué de director de cine. Mi carrera comenzó cómo fotógrafo, en 1963 hice mi primera muestra. Fui fotógrafo periodístico, me vinculé con los artístas de la época y les hacía las fotos, cómo documentación, para galerías cómo Ruth Benzacar, el CAYC y para artistas cómo Berni, Castagnino, etc. De a poco empecé a dibujar, e hice mi primera muestra cómo pintor en la Galería del Siglo XX en 1975.

 

¿Con que mundillo artístico se encontró y qué artistas nacionales e internacionales lo influenciaron?

Conocer el mundillo artístico no significa formar parte, si a uno le ponen una etiqueta de fotógrafo es muy difícil atravesar esa membrana y ser aceptado cómo pintor, de todas maneras uno sigue luchando con los prejuicios y las competencias. Se supone que la frase de Berni: “…un artista son tres interlocutores y dos livings…” también me tocó en suerte. Formamos un grupo “Cruz del Sur”, con Federico Peralta Ramos, Juliano Borobio y Pier Cantamessa y Lotty Inchauspe al margen del margen y de ahí luchamos para ser aceptados.

 

Usted trabaja con fotografía y con pintura. ¿De qué manera las aúna en sus trabajos?

Se supone que las dos disciplinas tienen en común la generación de imágenes, es muy dificl para mi unirlas, las trabajo independientemente, ya que la pintura, es de adentro para afuera y la fotografía es de afuera para adentro. Uso la pintura, cómo vehículo para pensar.

 

Usted ha escrito sobre el pensamiento urbano y el pensamiento rural. ¿cómo ve hoy ambos pensamientos?

Los libros de artistas son parte de mi accionar y difundo esta disciplina en el mundo. Organice muestas de artistas argentinos en el país y en el exterior. Tengo un stand con mi hijo Matías desde hace varios años en el MoMA PS1. Hice varias muestras en el Museo Sívori, Biblioteca Nacional, en el Instituro Iberolatinoamericano de Berlín. Unos de mis libros publicados es el Pensamiento Urbano y el Pensamiento Rural, donde comparo el pensamiento religioso con el científico y cómo responden a las mismas preguntas. Por ejemplo: en al año 1.000, la preocupación del humanidad era ir al cielo y construyó las catedrales, naves espaciales con ojivas que apuntaban al cielo. Construcciones con 0 error ya que Dios lo ve todo, hasta lo que el hombre no ve. Por eso todo tenía que estar perfectamente hecho. Solución para el mismo problema, la misma idea, la misma preocupación 1000 años después, desde el pensamiento urbano, es salir al espacio, despojado de su carga mística, sale al espacio a encontrar la inmensidad, pero ya no a Dios, no a su parte espiritual. Naves, ojivas, cero error. Se repiten las formas, hechos, conceptos.

 

En general los pintores trabajan sobre atriles, mesas, suelo, usted lo hace en su cama. ¿A qué se debe esta elección?

Creo que mis cuadros son parte de la continuación de lo que sueño, ya que es muy raro que me acuerde de ellos. El arte para mi es un modo de vida, no hago bocetos, no cito, solo trabajo sin cesar, en la cama, los bares, dibujo en los manteles, servilletas y toda superficie que cae en mis manos.

 

¿Sigue trabajando, como ha dicho en otras ocasiones, sin saber qué va a pintar?

Si lo que hago es automatismo o espontaneismo, no sé. Las etiquetas se las tienen que poner los otros.

 

En sus trabajos se ve una fuerte influencia de la iconografía judía. ¿Es la aproximación o la recuperación de la infancia en el gueto?

Soy un judío cultural, nací dentro de esa cultura, hice varias muestras y series sobre los rabinos que conocí en mi infancia: El Espíritu del Sábado, El año judío, Golem. Estas imágenes me acompañan a lo largo de lo que hago, al igual que las del holocausto, la muestra 600×10.000 sobre ese tema fue exhibido en Alemania y en Buenos Aires.

 

En sus obras hay una marcada presencia de las manos. ¿Podría explicarnos el por qué?

Creo que estamos perdiendo la manualidad en la cultura occidental, las pantallas, las dos dimensiones, están ocupando ese lugar, mi trabajo es advertir sobre esta pérdida.

 

Háblenos de la importancia del color en su obra.

El color es algo natural en lo que expreso, no me aferro al naturalismo, si a la expresión, al contraste y al espacio, la contundencia y el tiempo.

 

Usted organiza los libros de artistas que cada año son exhibidos en el MoMA. ¿Con qué criterios organiza estas movidas?

El arte argentino tiene pocas vidrieras para mostrarse en el mundo, esta feria es una oportunidad para presentar artistas argentinos, esa una formidable vidriera y una oportunidad para la construcción de curriculums. El criterio, cómo el de cualquier curador es siempre personal.

 

¿Cómo ve la aparición de los curadores en la escena de las artes visuales?

Antes la ligitimación del artista, pasaba por el combo, artista, galerista, crítico. Hoy por la feria y el curador. Siempre existe un cuello de botella. Si el artista es “útil” al mercado será más facilmente integrado. Si es útil al arte, tendrá que ponerse a la cola de la historia y esperar su turno.

 

Las ferias de arte ¿le han sumado visibilidad a los artistas?

Las ferias y las redes son las nuevas maneras de difundir y comercializar y cambiaron el mercado del arte, acelerando exponencialmente la asimilación de los nuevos artistas y a la vez todo se volvió más superficial y los pintores están obligados a fabricar novedades, participar de la vorágine, de lo efímero, la moda. Cambiando así el mercado y se pasó a medir el arte con números.

Lo único que le quedó a los artistas para persistir es crear una creidibilidad.

 

¿Deben los museos redefinirse ante la aparición de nuevos actores dentro de las artes visuales?

Las instituciones han logrado mantenerse en este mundo cambiante, se los necesita como legitimadores del mercado. Por un lado las colecciones garantizan y suben a los nuevos valores que se exhiben en ellas y por el otro lado tienen que hacerse cargo de la historia y de la didáctica de la cultura y la evolución de la sociedad y las maneras para transmitir el conocimiento y las agrupaciones contemporáneas de los conceptos y las metáforas que van cambiando de forma.

 

¿Cuál es el lugar que tienen en la actualidad las galerías de arte?

Las galerías se vuelven obsoletas, creo que de a poco se van a reemplazar por redes, ferias, el delivery. Es manera de delegar en los programadores nuestro libre albedrío y confiar en las estadísticas.

 

En sus fotos ¿usa photoshop?

En la época analógica también se usaba el rotoque, era lo mismo que photoshop del hoy.

 

¿Qué opinión tiene de lo que fue el Instituto Di Tella? ¿Sumó al arte argentino?

El instituto Di Tella, fue el desembarco de la cultura norteamericana en la Argentina, esto empezó con las bienales Kaiser en Córdoba, fue parte de la política del buen vecino que terminó con la revolución cubana y en la Argentina con la dictadura de Onganía, con el cierre del Di Tella y las noches de los bastones largos. Fue el final de la influencia europea y también la norteamericana y la preparación de la mano dura. La noche de la dictadura de Videla. Hoy el Di Tella se recueda cómo un sabor agridulce, un aroma una brisa, ya nadie pregunta, es solo nostalgia.

 

Las redes sociales, con Instagram a la cabeza, están vendiendo obras. ¿Marcará una nueva relación artista y público?

La humanidad confía cada vez más partes de su vida a las máquinas, se deja guiar por las autopistas, acepta los consejos basados en las estadísticas, de ahí a la decisión estética que haga la inteligencia artificial hay un solo paso. Si para la máquina está bien la obra de arte, también estará bien para el consumidor humano. Esto significa, la máquina decidirá las compras de las obras y cambiará el mercado, por ahora, el 25% de las compras de obras de arte se realizan por las redes y este porcentaje va en aumento. En un mundo donde las fronteras se van borrando, entre lo digital y lo analógico.

 

La fotografía cada día ocupa más espacios en ferias, galerías y museos. ¿Lo ve como un fenómeno coyuntural?

La generación instantánea de imágenes ayuda a calmar la ansiedad. La eternidad pasa por el quehacer, los debates, los grupos. La velocidad cambia los tiempos. Alcanzará una mano para contar los que queden. Los que aportaron, los que enriquecieron la historia del arte.

 

¿Pueden los medios de difusión instalar artistas?

Los medios lo pueden todo, instalar presidentes, artistas, fama, dinero, etc. Cada vez más efímeramente. A los verdaderos artistas los instala el tiempo. Los legitimadores cambian, no hay que olvidar que dentro de la palabra legitimador se oculta un timador. Vos podes instalar un artista con tu mirada honesta si la obra contesta a tus preguntas, si eso se sostiene en el tiempo, estarás frente a un clásico.

 

¿En qué proyecto se encuentra?

Soy un hacedor permanente, expongo, me multiplico en textos, imágenes, muestras, películas, teatro, todo el tiempo, con mi nuevo grupo Estrella del Oriente, solo y con mi familia, voy generando proyectos de todo tipo, sin límites, ni barreras a la expresión. Creo en las palabras de Federico Manuel Peralta Ramos: “… el arte es vivir una vida maravillosa…”