Nerak. Objeto para guiar el viaje

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Balam Bartolomé

 

Una pieza escultórica me ha perturbado como ninguna otra en los últimos años.

Se trata del Nerak, de Balam Bartolomé.

Es un objeto sobrecogedor hecho de materia córnea y plata, que nos transporta de inmediato al corazón de lo animal y a la esencia de lo mineral… pero con repercusiones en o desde la honda mitología.

Es animal, sí, porque la pieza parece tener alma: ánima.

Basta verlo para percibir de inmediato una fuerza vital inexplicable.

Basta  contemplarlo para tener la inquietante sensación de que está a punto de moverse, de contraerse, de distenderse, de reptar, de animarse.

En su clara condición rígida uno intuye una improbable flexibilidad.

El Nerak es, sin duda, un objeto de poder: un poder que irradia desde el fondo de ese repositorio tan caro a la humanidad aunque desconocido por el grueso de sus integrantes: el inconsciente colectivo.

Dos poderosos cuernos masculinos, tocados por la magia del artista, se vuelven indiscutiblemente delicados y femeninos ante la fascinación que brota en la mirada que los envuelve.

Los dos cuernos son uno, se hacen uno, en un círculo lunar que no se cierra pero cuyos pitones plateados se buscan con desesperación: se anhelan pero nunca se alcanzan, como los frutos que la tentación pone ante la boca hambrienta y la sed abrasadora de Tántalo.

Pezones argentinos o pitones lunares empeñados en un beso inalcanzable.

La purísima plata resplandece aún más en su búsqueda ciega condenada a la desilusión.

Uno mira el objeto y no puede dejar de preguntarse, en una especie de tartamudeo cósmico: Pero, ¿co-co-cómo…?

¿Cómo se dio esa torsión, esa distorsión, esa contorsión imposible?

Y el objeto responde con su estar en el mundo, con su ser en el mundo.

¿Qué estamos viendo?

¿Un Ouroboros con conciencia humana?

¿Una lira a punto de recibir sus cuerdas y romper a cantar?

¿Una anfisbena fosilizada por la eternidad?

¿La estilizada cornamenta de la Diosa con ojos de ternera, dejada por Ella misma ahí, como al azar, para quien fuera capaz de merecerla?

¿Un espejo encantado para la Magna Mater?

¿Su anillo, su collar, sus aretes minúsculos, su prendedor, su tarro de ambrosía para momentos de Necesidad?

¿El nudo que ata o el nudo que desata?

¿Un bucle desprendido de la cabellera de Medusa?

¿La Rosa de los Vientos abrazando a sus hijos, los puntos cardinales?

¿La mitad visible del infinito: Lemniscata o Analema?

¿Un fragmento de la espiral que baja al Inframundo o se eleva al Empíreo?

¿Un Omphalos?

¿Una O alquimista?

¿La cuenca de algún ojo para mirar la eternidad?

¿El sonoro cuerno del héroe para llamar al extraviado, para anunciar peligro, para pedir auxilio, para derrumbar murallas, para aterrorizar multitudes, para reunir el ganado, para guardar el vino en las incursiones realizadas para la contemplación o para el descubrimiento?

La fortaleza agresiva de la virilidad se enternece y avanza hacia lo delicado: el cuerno viril se orienta hacia sí mismo hasta que forma y encierra el círculo de la feminidad: en un solo objeto de arte y de poder encontramos la revelación: la unión sagrada de Hermes y Afrodita.

Sí, todo esto, pero también un imán diseñado para hallar el Camino.

Así fue concebido este Nerak por el artista: para que una mujer en plenitud,  muerta súbitamente, se orientara en las sombras.

Yo vi ese objeto y percibí el vago horror que hace mirar más lejos.

Y después lo toqué

Acaricié a un tiempo el instante y el infinito…

El estremecimiento me trajo a escribir esto.

 

 

CDMX, 30 de enero de 2020.

 

 

Cuernos de res y puntas de plata

Orfebre: Armando Valdiviezo

2020

 

La pieza se exhibe actualmente en EL GRAN SUR Estados de ánimo fuera del centro,

en las instalaciones del Museo Internacional del Barroco @museo_barroco,

Puebla, Pue.