Fábulas y fabulaciones

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por Daniel Samoilovich y Eduardo Stupía

 

 

Llovió toda la noche y en la tierra humedecida el gusano no encontraba cómo esconderse del zorzal. El emplumado Picoduro venció a Kid Escurridizocavador en el primer asalto y por K.O.

Esta fabulita pugilística enseña que, más allá de las habilidades propias de cada cual, una cosa es cuando llueve y otra cuando no. Y que son pocas las ocasiones en que hay a mano un gong para salvarte.

 

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Viendo que Picoduro el Zorzal andaba por las inmediaciones haciéndose cargo (es un decir) de un gusano tras otro, uno de los sobrevivientes tuvo una breve revelación: cayó en la cuenta de que su cuerpo, que desesperado cavaba buscando refugio, era él mismo el objeto apetecido por el Zorzal. Y deseó ser un triángulo, o una idea, o un guijarro, alguna cosa que ni el Zorzal ni ningún otro hideputa quisiera comerse; pero notó al instante que si fuera un triángulo, o una idea, o un guijarro, no gozaría nunca más de la alegría de morder las hojas, ni de la deliciosa oscuridad del subsuelo, ni del brusco acoplamiento con una pálida y rechoncha oligoqueta. Claro que tal vez hubiera algún placer triangular o ideológico o incluso guijarril, pero: a) no le constaba; b) no le parecía probable; y c) aún cuando existieran, no podía comparar los entretenimientos a que tan aficionado era con otros que nunca experimentara. Todas estas consideraciones se sucedieron en milésimas de segundo, y a resultas de ellas el gusano protagonista de esta historia dejó de desear ser un triángulo y sólo deseó salvarse del duro Picoduro y siguió cavando con toda su fuercecita; y, efectivamente, salvóse.

Esta fábula sugiere que la filosofía es una cosa interesante siempre que se piense con suficiente velocidad y tino. Y que, como se dice, bien está si bien acaba.

 

 

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La foca era, en tiempos de la creación, un animal terrestre, pero cuando se aproximaba el Diluvio y Noé quiso hacer subir al Arca a una pareja de focas, se encontró con que las focas eran aficionadas al ménage a trois. Cada vez que quería hacer subir a una pareja de focas, tanto la foca macho como la hembra se negaban a partir sin un tercer partenaire, que a veces era otro macho, a veces otra hembra. Así eran las costumbres de las focas. Noé, que no tenía mucho tiempo, estaba dispuesto a ceder, pero los otros animales protestaron diciendo que si se permitía a la foca subir en número de tres ellos también tenían derecho a subir un tercero, ya fuera una indispensable abuelita, una secretaria o un mayordomo. Así que Noé dijo que de tríos, nada: las focas fueron excluidas del Arca y mientras el agua empezaba a subir tuvieron que mutar en animales marinos; si se las mira bien —esas raras orejitas, por ejemplo— se nota que lo hicieron de apuro, más o menos, a como saliera.

 

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Cualquiera puede tener una buena idea, lo difícil es distinguirla de las otras.

 

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Los tres poetas extranjeros que participaban de un Festival Internacional de Poesía en la República Demular y Popocrática de Noreroka fueron una mañana con sus guías oficiales a visitar una cooperativa agrícola; allí, varios delegados campesinos les mostraron un arado que utilizaban para roturar el campo con sus bueyes; y les explicaron, a los poetas, que en la época de sus abuelos se sembraba con palos aguzados que los propios abuelos hundían en la tierra, hasta que el Gran Líder había tenido la genial idea de diseñar un arado que podía ser arrastrado tanto por un abuelo como por un animal.

Por la noche, los poetas fueron invitados a una partida de póquer con el Gran Líder; promediando la cual, en cierto momento de camaradería y confianza que se produjo al calor de un whisky escocés de una sola malta, le preguntaron al Gran Líder cómo era eso de que él había inventado el arado.

—¿Eso les dijeron?— preguntó el Gran Líder.

— Sí— respondieron quedamente los poetas; de pronto, algo temerosos de que el Gran Líder se enojara.

Pero el Gran Líder no se enojó; sonriendo orientalmente, dijo:

— Sí, sí, sé que eso dicen; llevan una vida tan dura… Ustedes entenderán, queridos, no se les puede quitar todo.*

 

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Un cerdito quería dedicarse al comercio de carne kósher. Le parecía una profesión decente y segura, y simpatizaba con unas normas rituales que prohibían que se lo comieran a él; no entendió por qué le negaron la habilitación.

 

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Cuenta Herodoto que los neuros, habitantes de las desérticas regiones al norte del Ponto Euxino, al llegar el verano se transforman en serpientes y sólo tornan a ser hombres en invierno.

El viajero nos explica cómo se sabe que no es al revés: que no son las serpientes del Póntico Norte las que en invierno se transforman en neuros, regresando en verano a su auténtica natura. Se sabe porque además de las serpientes que son neuros transformados, hay también serpientes-serpientes, que en invierno siguen siéndolo.

La explicación convence, pero sólo si no se piensa mucho en ella. Pues si sí se piensa, a poco andar uno se da cuenta que bien podría ser que hubiera serpientes de dos clases: las que mutan a neuros y las que no. Durante el verano son indistinguibles, solo la llegada del invierno permite separar una clase de la otra. El asunto podría presentarse al revés: hay que esperar al verano para ver, en torno de uno, quién es un neuro y quién un vulgar neurótico.

 

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Cuenta Herodoto que los neuros, habitantes de las desérticas regiones al norte del Ponto Euxino, al llegar el verano se transforman en serpientes y solo tornan a ser hombres en invierno. Algunos autores piensan, al mirar alrededor, que sus propias sociedades son tribus de neuros viviendo en un invierno eterno, que abarca incluso temporadas de calor. Al no poder transformarse en serpientes por ausencia de un auténtico, norpóntico verano, dan curso a su melancolía de las más diversas e imaginativas maneras.

 

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Sí, Lavinia, sí, te he oído,

y entiendo que no te importa.

Que te da lo mismo.

No pensás hacer nada

al respecto. No estás dispuesta

a perder tiempo en eso.

No te preocupa.

Mientras lo explicás,

surge de vos un hongo venenoso

que va a matando todo lo que está cerca,

vos misma,

te estás poniendo azul,

negra, roja, los dientes se te afilan.

 

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Un pequeño cisne buccinator de cristal de Bohemia tocaba su trompetita en una vitrina. El gesto era tan enérgico, tan real, que quienes lo miraban creían haberse quedado sordos. La mayoría escapaba al instante, aterrada. Pero los que se atrevían a seguir mirando terminaban por oír, débil pero indudable, como llegando de muy lejos, el trompetazo de cristal.

 

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Carta de un príncipe anamita desde Suiza a su novia en Pekín:

 

Hay en el Zoo de Ginebra

una mula rayada

 

a listas negras y amarillas.

De seguro te gustaría verla

 

pero no creo que quisieras esta flor,

demasiado vistosa, en tu jardín.

 

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Deseoso de visitar sus dominios, el Rey del Mundo se dirigió a los Estados Unidos. En el aeropuerto JFK, un agente de inmigración le preguntó:

— ¿Turismo o negocios?

— Un poco de todo. Verá usted, yo…

— ¿Sería tan amable de quitarse esa vincha o máscara o visera roja y dorada, que no le veo bien la cara?

— No es vincha, ni máscara, ni víscera: es una vitola. Además, no tengo cara. Soy un habano.

— ¿Cubano?

— Caballero, creo que eso es obvio. No todos los cubanos son habanos, pero todos los habanos son cubanos. Es lo que en lógica se distingue como “parte” y “parte propia”.

— Me temo que falté a la escuela el día en que explicaron eso, pero igualmente tendré que confiscarlo. El comercio con Cuba está embargado desde 1962.

El Rey del Mundo fue así confinado a un Depósito de Importaciones Ilegales donde estaban amontonados varios alevines de cocodrilo, cuatro panes de medio kilo de cocaína adulterada y un viejo faquir que había llegado de polizón en la bodega de una aeronave. Temiendo que el ambiente excesivamente seco del depósito rajara su bonita capa marrón, el Rey del Mundo sugirió al viejo faquir que se lo fumara mientras todavía estaba bueno: lo cual el viejo faquir aceptó: y mientras fumaba, en el silencio de aquella noche ilegal y neoyorquina (silencio sólo turbado por el ronroneo de los cocodrilos dormidos) el viejo faquir tuvo una suerte de alucinación: que consistía en que el mundo era bello y tenía sentido: que es uno de los sueños más insensatos jamás soñados.

El Rey del Mundo se consumió feliz, pues para provocar tales sueños es que han sido creados los grandes habanos.

 

 

NOTA: Los tres poetas extranjeros … : Esta fabulita está basada, como dicen en las películas, en un hecho real: un encuentro con Kim Il Sung que me contó el poeta cubano Pablo Armando Fernández en Buenos Aires en 1990.