Elena Ruiz Sastre: Yo tengo que sentir y respirar el arte

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2019

¿Cómo se inició en las artes visuales? 

Se podría decir que nací en un contexto en donde la cultura era primordial, luego, con 14 años, una amiga de mis padres, Dolores Franco, que era una persona extraordinariamente culta, me llevó a Toledo a pasar unos días con la intención de enseñarme y explicarme todo el arte e historia que aquella ciudad contiene. Eso fue determinante, a la vuelta del viaje supe que tenía que estudiar Historia del Arte.  Y fui muy feliz en los cursos de especialidad en la universidad; sentía que aquello era lo mío. Me fascinaba estudiar y la verdad es que además tuve la suerte de tener muy buenos profesores. Inolvidables muchos.

La segunda iniciación tuvo lugar al obtener la dirección del Museu d’Art Contemporani d’Eivissa. Eso fue hace ya 30 años. El tiempo ha pasado muy deprisa. Se podría decir que esta vez me encontré con la realidad y las altas responsabilidades. No fue fácil, pero si apasionante.

 

¿Cómo se sintió, desde su lugar de mujer, estar al frente del museo MACE, en Ibiza?

 Desearía poder decir que no tuve grandes dificultades, pero faltaría a la verdad. Fui educada en la igualdad, y nunca tuve problemas hasta mi incorporación al mercado laboral. Ser mujer, joven, inexperta, madre y divorciada no fue fácil de compaginar ni tarea sencilla. Muchas veces me sentí desbordada y sola, pero esa soledad, que sin duda fue dolorosa, me sirvió para crecer. De las dificultades se puede aprender mucho si se enfocan positivamente como experiencias.  Ahora que ya no soy joven ni tan inexperta, pero sigo siendo mujer, sigo encontrados prejuicios, no tantos, es verdad, pero a veces me pregunto si tan persistente desigualdad no será estructural. Nunca he sido activista, pero si consciente, y desde esa perspectiva el feminismo no se puede ignorar, como tampoco el racismo, el cambio climático y otros tantos asuntos que nos afectan a todos. He creído siempre en la aportación contributiva, desde el campo profesional de cada cual, y de nuestra perspectiva de género, al bien común. Para cualquiera, pero especialmente si se es mujer, es muy importante que, ante las exigencias profesionales, se crea en las propias capacidades y se sepan defender desde el respeto, serenamente.

 

Usted organizó los Desayunos con mucho arte. ¿Qué experiencia tuvo de ese espacio innovador?

 Lo hicimos para fomentar la idea de de que el museo es un proyecto colectivo de carácter permanente que afecta a la comunidad de proximidad.  Sentimos que se abría un espacio de acceso al museo desde la calidez y la bienvenida. Estas acciones u otras parecidas suelen generar simpatías hacia el museo y esa era nuestra intención, que la gente se sintiera como en su casa. Y naturalmente fue posible porque colaboraron la asociación de amigos del museo, Amics MACE y la galería privada Lune Rouge, que compartieron presupuesto y entusiasmo. Recuerdo con simpatía que, junto a Heather Harmon, directora de Lune Rouge, hicimos unas pastas y bizcochos caseros con mucho cariño, que luego se ofrecieron a la gente que vino, lo que sorprendió gratamente.

 

Usted ha comisariado, Junto al poeta y curador Enrique Juncosa: Teoría de la Alegría. En ella se incluyeron artistas entre 30 y 40 años. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Tengo gran admiración por Enrique Juncosa, y en este caso concreto, además, él tiene un profundo y extenso conocimiento del arte de nuestro archipiélago. Enrique Juncosa acuñó el brillante y exacto título, que va más referido al 50 Aniversario del MACE, que se celebraba con esta exposición. Analizamos y planteamos una generación crítica, entendimos que era necesario exponerlos como un conjunto de individualidades, sin pretender discursos homogéneos, sino respetando la intensidad expresiva de cada uno. Es muy significativo el hecho de que no se percibe ninguna narrativa plástica común, salvo tal vez las preocupaciones latentes en cada planteamiento. Estos artistas afloraron a la escena pública en la crisis de 2008 y ahora se han encontrado de nuevo con otra, la crisis de la pandemia. Todo eso les está situando en un plano de enormes dificultades y se están preguntando muchas cosas. Las sociedades democráticas occidentales no les están dando respuesta y creo que viven con más estrés que por ejemplo la gente de mi generación cuando tenía su misma edad. Son artistas que se cuestionan temas globales, como la contaminación del medio ambiente, la Historia, el pasado reciente, los roles de género, el papel de la literatura, los estereotipos, el capitalismo económico, los lenguajes de la comunicación de masas, las estructuras de poder… Personalmente debo decir que fue un proyecto muy difícil de realizar porque la crisis de la pandemia y sus enormes restricciones nos obligó a generar nuevas formas de trabajar. Pero también fue muy satisfactorio en buena parte. Y me siento agradecida a todos por su participación. Me hubiera gustado que hubieran sido otras las circunstancias, menos restrictivas y que hubiera tenido más visitantes, porque estos artistas poseen voces que han de ser escuchadas, pero eso escapó a nuestro deseo.

 

Usted tuvo un litigio con un obispo que quiso censurar la exposición Vamos a Ibiza. Cincuenta años de artistas neerlandeses en Ibiza. ¿Se lo esperaba? ¿Cómo vivió esta actitud de la iglesia, que recuerda tanto al penoso franquismo?

 Ese fue uno de los capítulos más lamentables con los que he tenido que lidiar.  La exposición se había organizado conjuntamente con el Museo Groninger (Holanda) en 2007, y se estrenó primero en Ámsterdam, itinerando luego al espacio asociado al museo que era la antigua iglesia del Hospitalet, con el que contábamos gracias a un convenio firmado en el año 2000, por iniciativa del obispo Salinas de la diócesis de Ibiza, pues estaba desacralizado y en riesgo de abandono. Una de las obras del joven artista Ivo Hendricks tocaba el tema de la pederastia en la iglesia católica; escándalo y delito, que fue y ha sido extensivo, notorio, y que la misma jerarquía eclesiástica ha tenido que reconocer y lamentar. Pero el obispado, al frente del cual estaba el obispo Juan Segura, malinterpretó el significado de la obra y quiso postularse como defensor de la virtud de Juan Pablo II, frente a la posición crítica y legítima de un artista, que no cuestionaba al Papa, sino que denunciaba la corrupción sexual y los abusos en general, no solo en la Iglesia. Fue un disparate y una tergiversación por parte del obispo. Nunca he visto tal intento de manipulación ni tal deseo de interferir en la libertad de expresión. Redes sociales católicas organizadas volcaron en mi correo electrónico a razón de 600 mensajes insultantes a diario, enviaron anónimos muy agresivos y sucios, se promovió una procesión pública desde una parroquia próxima, mucha gente dejó de saludarme. Debo decir que la posición de museo fue prudente y a pesar de que no cedimos en la petición de cancelación de la exposición, terminamos devolviendo el uso del Hospitalet a su propietario.

 

Hay quienes dicen que la crítica ha perdido mucho espacio. ¿Lo cree así?

 Sí, estoy de acuerdo, no obstante, existen escritores que enfrentan el estudio y el análisis del arte desde la perspectiva del ensayo. Pero echo a faltar miradas que eduquen la opinión crítica de la gente frente al arte de nuestro tiempo, y en su ausencia se establecen como valores los del mercado. Muchas veces recuerdo el verso de Machado: “Todo necio confunde valor y precio”. Pero es que vivimos en una época en donde las grandes narrativas se han acabado y ahora funcionan los micro-relatos. Y estas cápsulas no pueden desarrollar por principio, largas explicaciones, que son absolutamente necesarias cuando queremos profundizar razonando.

 

Los medios de comunicación, en general, no aportan espacios para el arte. Ello conlleva a un escaso debate. ¿Las redes suplantan ese espacio?

Los espacios que ha perdido el arte se han rellenado con moda, gastronomía, decoración, viajes…seguro que todo esto es importante pero más el arte y sin embargo no se considera así en el reparto proporcional que los medios de comunicación hacen. La prensa analógica corre el riesgo de desaparecer y los medios digitales a mi me resultan fríos. Las redes no me interesan mucho. Creo que son útiles, rápidas, informando y transmitiendo, pero no permiten la narración, y con frecuencia caen en la superficialidad recurrente. Las redes nos suplantan, nosotros ya no somos, los algoritmos mandan.  Creo que el pensamiento, y la crítica de arte o el ensayo emanan del pensamiento, nada de eso es moda, no es pasajero. Somos más vulnerables y confusos que antes y sin embargo creo que necesitamos seguir siendo personas que opinan libremente. Todo esto me causa preocupación. Cuando hablo con jóvenes universitarios, que quieren hacer investigación, a menudo me sorprende lo desorientados que están. Tienen mucha información y muy poco criterio, no saben distinguir la calidad y a menudo muestran carencias de lecturas imprescindibles.

 

También España vive el momento donde sus artistas emigran. ¿Qué cree que provoca este movimiento global de artistas?

 No solo los artistas, en general los jóvenes mileniales han tenido que emigrar debido a la gran recesión de 2008. Muchos universitarios tuvieron acceso a las becas Erasmus y ello propició un movimiento europeo muy positivo que al volver causó frustración y desembocó en muchos casos en la diáspora de talentos. Nuestro país tiene que ser capaz de renovar el contrato social con las jóvenes generaciones. La alternativa a la emigración no puede ser la pobreza. El movimiento intercultural cuando puede ser libremente elegido es muy positivo, pero cuando es forzoso puede ser una tragedia.

 

Una publicación, que cubrió la Teoría de la Alegría, dice: La obra de todos los artistas está influenciada por la revisitación del arte conceptual que ha tenido lugar en las últimas décadas, incluso si lo hacen desde el dibujo y la pintura. ¿Es tan así? ¿Qué ha dejado o deja el arte conceptual como influencia?

 Nos dimos cuenta cuando estudiábamos las obras de los artistas y en nuestras muchas reflexiones en torno a ellos. Los artistas de la generación de Teoría de la Alegría revisitan el arte en general, son internautas nativos y navegan de una manera natural. Tengo la impresión que esas revisiones que hacen del arte pasado e incluso del coetáneo, lo hacen sin tener en cuenta la perspectiva del tiempo y de los contextos. Hay en ellos una mirada desacralizadora y en consecuencia osada. De cualquier forma, el sustrato del arte es y siempre ha sido legítimamente visitado por las generaciones que se van dando el relevo. No hay que olvidar que en una misma época conviven varias al mismo tiempo y que es imposible mantenerse ajeno a cuanto ocurre.

 

La pandemia ¿Modificará la actitud de los coleccionistas y las ferias de arte, por las artes visuales?

Creo que el mercado del arte de primer nivel se mantiene sano y pujante. El arte se convierte en valor refugio en momentos como éste. La pandemia ha paralizado mercados más locales igual que ha paralizado la economía y ralentizado el crecimiento. Es obvio que va a costar mucho remontar y se van a necesitar ayudas que impulsen a los creadores y fomenten el coleccionismo. Sin duda vamos a tener que repensar el paradigma de nuestros comportamientos y usos sociales. Sobre todo, en relación al concepto de feria que de masas. Las formas de vida se han trastocado y también las relaciones sociales.

 

Dicen que la fotografía, con la pandemia y la crisis económica, está viviendo su mejor momento no sólo por su calidad. Por ser menos costosa, más transportable, por ejemplo. ¿Lo cree así?

La fotografía goza de buena salud desde hace ya algunas décadas. Ya en la década de los setenta del siglo pasado, la obra seriada, en la que cabe la fotografía o el grabado, encontraron su lugar al ser más asequibles y transportables, como bien dices. Eso tuvo también que ver con el desarrollo de las democracias y el establecimiento de unas clases medias capaces de convertirse en demandantes de esas obras. Veremos a ver como queda la estructura social después de la pandemia.

 

El Baile de la Vida de Susy Gómez, que usted ha comisariado, que, ha diferencia de teoría de la Alegría, no es una exposición grupal, por el contrario, individual, ¿cómo organizó en este caso, la idea de espacio?

 El Baile de la Vida fue una exposición maravillosa. Así la recuerdo. Fue fácil trabajar con Susy Gómez y muy enriquecedor. La exposición se articuló sobre cuatro piezas que tenían un discurso unitario muy ligado a la teoría de constelaciones familiares. La realizamos en la Sala de Armas del museo, una sala del s. XVIII que posee un espíritu austero y al mismo tiempo luminoso. La visita a la exposición contenía una pauta y unos ejercicios sistémicos que removían las conciencias, produciéndose a menudo pequeñas explosiones emocionales entre los visitantes o participantes. Las instalaciones de Susy Gómez eran muy eficaces y trataban sobre las distintas edades de la mujer: infancia, juventud y madurez. Al final del recorrido había una obra que invitaba a realizar una danza ritual. Aprendí mucho con ella.

 

¿Son una amenaza las subastas para el futuro del arte?

No me lo parece, el mercado siempre existirá, todo se compra y todo se vende.  Las subastas y el mercado del que éstas forman parte garantizan la circulación de los capitales y de las obras. El futuro del arte no depende de otra cosa que de los artistas y en ese sentido es bueno y necesario que existan mercados.

 

Las redes, como Instagram, ¿pueden ser lugares aptos para visualizar artistas? ¿Usted visita Instagram u otras redes?

Creo haber dejado clara mi opinión respecto a las redes. No visito ni tengo ninguna red. No creo que los medios sean malos, pro me parece que trivializan todo. Gracias a una colaboración privada, con la Galeria La Nave de las Salinas, la exposición Teoría de la Alegría tuvo una muy buena difusión a través de Instagram durante el verano pasado, pero lo importante de fondo era que la exposición era interesante, y eso era previo, y era fruto de una trabajo profesional e intelectual nuestro y era responsabilidad de los artistas que sus obras concitaran interés público.  Por otro lado, y contestando a una parte de su pregunta, diré que personalmente me resulta muy difícil hacerme una idea de la obra de los artistas a través de imágenes, ni siquiera mediante fotografías. Yo tengo que sentir y respirar el arte, lo empiezo a entender cuando estoy delante y usando todos mis sentidos. Para mí, el arte es una experiencia, lo siento en el cuerpo.

 

¿Cuál es hoy, desde su experiencia, la principal preocupación de un Museo para conservar y aumentar el interés del público?

La conexión con sus públicos de proximidad. Y soy optimista porque estoy comprobando que cuando el museo da un paso hacia la sociedad, la sociedad da un paso hacia el museo. En plena pandemia me puse a redactar un programa, que llamé Museo Terapéutico. Como decía Ernesto Sabato, “el arte no es una terapia, pero es terapéutico”. Pensé que en el momento en que abriéramos el museo de nuevo, teníamos que estar ahí, en donde fuéramos necesarios. Y cuando me puse en contacto con grupos organizados o colectivos, me encontré que todos estaban pensando en venir, pero no sabían muy bien cómo. El programa consiste en enseñar el arte desde una perspectiva emocional, más que enseñar arte, enseña como mirar el arte. La gente joven me dirá que, si no lo vuelco en las redes o en la web, no tendrá éxito, que “nadie” se enterará, y yo me pregunto ¿es eso lo importante? Si hago difusión mucha gente sabrá lo que hago, pero ¿cuánta podrá de verdad participar? Hay que buscar el equilibrio. Supongo que más allá de informar esta el hecho de haber vivido algo que merezca la pena.  Casi todos los museos durante la pandemia hemos hecho mucho por volcarnos en digital, y sin duda es interesante, pero el arte hay que vivirlo en directo. Ante las medidas paliativas nada sustituye a la experiencia real y analógica. El público ahora es la ciudadanía, las bolsas de turistas están de momento suspendidas y no sabemos todavía qué va a pasar mañana.

 

¿Existe en las artes visuales el concepto de curaduría de autor? ¿Usted esta de acuerdo que es posible una curaduría de autor?

Todo es posible y todo depende del talento. Un proyecto de autor, como dices puede resultar interesante si es respetuoso y obedece a un planteamiento intelectual de excelencia. A veces ocurre que las obras de arte resultan mejores que el proyecto, y eso ya sería algo. En mi experiencia es mucho mejor dejar que el proyecto emane a la inversa, que de las obras resulte una teoría o una idea y entonces éstas no se conviertan en “ilustraciones “de mi idea, sino que mi idea se construya a partir de ellas. Eso es lo que me parece interesante y creativo.

 

El poeta y curador Enrique Juncosa dice: Es estúpido, que los museos y las instituciones culturales se vean afectadas por los cambios políticos. ¿Lo cree así? 

Estoy absolutamente de acuerdo. Nunca he creído que la dirección de un museo pueda obtener resultados a muy corto plazo, la acción política sí. Contribuir al desarrollo cultural precisa un tempo y una dimensión que no necesariamente se adecua a los mandatos legislativos. Pero la invasión de las liturgias políticas es muy fuerte. Su iconografía se emula con frecuencia, incluso en el léxico, se habla por ejemplo de “política de adquisiciones”. Hay que reivindicar los tiempos propios de desarrollo y trabajo en un museo. La investigación lleva su tiempo. El medio y largo plazo es mucho más real, y da estabilidad a la comunidad y a la propia institución.

 

¿Cuáles son sus criterios, a la hora de colgar, de manera permanente, obras en el museo?

Investigar el arco cronológico y conceptual de las colecciones de un museo es prioritario, de ahí se sacan conclusiones y se puede programar la colección y se pueden trazar sus líneas vertebrales. Si no se conoce el estado de la cuestión o se conoce mal, se crece sin raíces y desnortado. Las colecciones de un museo responden a grandes narrativas y los conceptos de tiempo, analogías, contextos, afinidades, o divergencias, por ejemplo, se tienen que tener en cuenta. Hay que saber transmitir de una manera razonada e inteligible los fondos y hay que huir de lo tendencioso o falso o forzado o “políticamente correcto”. Cuando se investiga una colección se desvelan sus posibilidades. Y luego está el talento a la hora de colgar, como dices. De eso trata la museografía. Hay profesionales muy buenos a la hora de colgar. Prefiero ver una exposición magníficamente colgada de obras que no sean más que corrientes, que ver obras magníficas mal colgadas.

 

Usted menciona en una entrevista que, como directora de museo: hay que estar batallando con todo tipo de profesionales y otras muchas cosas. ¿Quiénes son esos adversarios?

 Como dice Rilke en su prodigioso libro “Cartas a un joven poeta”: “Ya sé que su profesión es dura y llena de contradicción con su modo de ser” …” Sólo le puedo aconsejar que considere si no son así todas las profesiones, llenas de exigencias y de enemistad contra el individuo, empapadas, como quien dice, del odio de los que se han encontrado mudos y malhumorados con el cumplimiento de un de un deber insulso y gris.” No sé qué más podría añadir.

 

¿En qué proyecto se encuentra?

 En estos momentos estamos preparando dos exposiciones de las colecciones del museo una de las cuales llevará consigo la remodelación de la exposición de las obras el Grupo Ibiza 59 y la otra mostrará las adquisiciones recientes. Al mismo tiempo trabajamos en una exposición sobre los años en Ibiza (entre 1968 y 1983) de Evru, que en aquel momento se llamaba Zush. Y estamos entusiasmados con el programa Museo Terapéutico, viendo como crece y nos enriquece.