Samuel Vásquez: El apoyo del Estado llega con la censura ya incorporada.

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  1. Usted dictó talleres. ¿Hasta qué punto se puede enseñar pintura?

Aún dicto talleres. Enseñar es mostrar. El Diccionario de Sombras de la pintura se puede mostrar a los demás y así le ahorramos tiempo insustituible al aprendiz de brujo. Hay profesores e intelectuales entre nosotros que gastan su vida escondiéndoles a los jóvenes los Libros Fundamentales para que no alcancen el conocimiento, la libertad y la autodeterminación y así seguir ejerciendo un poder cultural sobre ellos. De todas maneras, el arte es una alquimia que tiene su propio Grimorio: transmuta un mármol en Dios.

Están también las herramientas y las técnicas y sus innumerables posibilidades, y el laboratorio donde se ensayan las amalgamas de diversos materiales, donde igualan poéticamente su valor el barro y el oro.

De todas maneras, se empieza a pintar después de haber pintado, se empieza a escribir después de haber escrito. Las primeras obras son un palimpsesto sobre los propios garabatos del aprendizaje, un “pentimento” sobre sí mismo.

  1. La crítica actualmente ¿qué lugar ocupa?

La verdadera crítica es el silencio del papel en blanco antes de que el artista y el poeta empiecen su obra. De tal forma que la crítica queda inmersa en la obra misma.

La más importante crítica es la autocrítica. La peor censura es la autocensura.

  1. ¿Es posible pensar en la posibilidad de una crítica que no sólo tome al objeto como punto de análisis, sino también el entorno que lo conforma?

El arte no es únicamente el “objeto”. El arte es inmaterial. El objeto es sólo el soporte para hacer visible la idea, el tema, el poema. También hacen parte primordial del arte la poética anterior que lo motiva, la poesía objetivada en el papel, y la estética de la recepción del espectador.

  1. ¿Son hoy los museos legitimadores de artistas?

Los Museos, que querían ser un resumen coherente y suficiente de las expresiones esenciales del ser humano y buscaban constituirse en Templos del Arte, se han convertido en la Bolsa de Valores del Arte donde han involucrado indebidamente sus intereses económicos los curadores, los críticos, los galeristas y las casas de subastas, algunas veces con intereses políticos escondidos.

  1. Usted menciona en un texto: Foucault tiene confianza en lo imaginario. Esa confianza de Foucault ¿se perdió?

La imaginación, que era la loca de la casa, fue sustituida abruptamente por la virtualidad, que es la boba de la casa.

  1. Usted también menciona. La obra de arte no impone un monólogo soberano sino que plantea un diálogo invencible, como dice Malraux. ¿Hoy impera más el monólogo que el diálogo en arte?

La belleza brota del diálogo. Pero muchos, hoy, están entretenidos hablando con su espejo. Al espejo hay que arrancarle el azogue y convertirlo en ventana. No es para vernos a nosotros mismos, sino para hacer posible que otros vean.

  1. Pero en nuestro medio el crítico hace parte del Sistema, hace parte del Poder Cultural: estafa intelectualmente al espectador y chantajea al artista. Como «espectador de profesión» que es, padece el deber de leer todo, de mirar todo, de juzgar todo, perdiendo la libertad y la alegría de leer y de mirar del espectador común que es aleatoria y se fundamenta en el placer, en el goce. En su exhibicionismo intelectual de entendido ha castrado lo más maravilloso que es dado al espectador de arte:su orgullo de cámara. ¿Sigue siendo así para usted? ¿Qué sería: su orgullo de cámara?

Sigue igual y peor aún, porque a ellos se han sumado los curadores y los editores con su tiranía comunicacional y económica, a los que muchos artistas visuales y escritores siguen con una obediencia que indigna.

El orgullo de cámara es aquello maravilloso que nos es dado vivir y que es guardado con alegría por el silencio: no hace parte del espectáculo, ni de la farándula, ni de la hoja de vida.

  1. Pongo como ejemplo al escultor Negret ¿Qué o quién decide que un nombre de la genialidad de Negret en el arte, no sea reconocido con el peso que debería, en el país que lo generó?

La ignorancia y la mediocridad de la crítica, la curaduría, la prensa cultural, los funcionarios culturales privados y estatales.

Y como su legado quedó en manos de sus ayudantes de taller, sin ningún poder cultural, económico, social, político o comunicacional, no le ha sido abierto el espacio cultural e histórico que reclama y merece su rica y significativa obra, reduciéndose todo a un comercio ignorante del que todo el mundo desconfía. Es una de las mayores injusticias artísticas que se han cometido en Latinoamérica.

  1. ¿Cuál es su opinión del arte Conceptual?

Todo el arte ha sido conceptual. Hay concepto en Leonardo, hay concepto en Caravaggio, hay concepto en Van Gogh, hay concepto en Cézanne, hay concepto en Gabo y Tatlin… Lo que nos corresponde hacer es distinguir un artista conceptual de otro: Magritte de Dalí, Hopper de Warhol, Negret de Sebastián, Picasso de Guayasamín, Giacometti de Buffet. Hay que separar, clara y drásticamente, el grano de la paja.

Decía yo en “Para no llegar a Ítaca”: La crítica de las instituciones y el desprecio por el valor de cambio de la obra de arte son dos de las motivaciones primordiales de los artistas conceptuales. Se crítica al Museo como institución que neutraliza la fuerza señalativa y cuestionadora de las obras de arte; se critica a las Galerías de Arte por su vocación eminentemente comercial que ha reducido la obra de arte a su exclusivo valor de cambio; se critica al crítico por autoinstituirse en la conciencia del público; se critica al artista por oficiar de artista, por su mistificación del arte y su producción individualista, cómplice del arte-objeto: en una sociedad de consumo capitalista el objeto es mercancía, la mercancía riqueza, la riqueza poder: se critica el capitalismo, la mercancía, la riqueza y el poder.

Al hacer desaparecer el objeto artístico se supone que desaparece automáticamente el valor de cambio que el objeto mismo propiciaba, y queda la obra con su solo valor de uso. El valor de uso es un concepto marxista que estos artistas reelaboran junto con otros conceptos como la crítica del fetichismo de la mercancía artística y de la institucionalización del arte y del artista, y constituye el eje primordial del pensamiento antiobjetualista en el arte conceptual.

Pero, es increíble que lo ignoren, el valor de cambio no depende de la buena intención de los productores, sino que es inherente a las relaciones sociales vigentes. Creer que el valor de cambio se suprime por la sola buena voluntad del autor, es ingenuidad. La sociedad tiende a asimilar toda oposición para neutralizarla, y la más eficaz manera es institucionalizándola: Llevamos muchos años padeciendo la oportunista y vulgar institucionalización que se ha hecho de un artista tan anómalo como el mismo Marcel Duchamp.

 

Una ilusión muy extendida hoy en día, es que muchos artistas conceptuales piensan en procesos y debates, y se olvidan de que “un debate necesita una relación situada históricamente, en un contexto de características determinadas: existe la creencia de que el procedimiento es autónomo, lo que lo convierte en una nueva clase de formalismo”, como dice Benjamin Buchloh. “Otra ingenuidad del arte conceptual radica en la ilusión de que la transformación de la obra de arte en una intervención lingüística y textual, provoca indefectiblemente un aumento del número de espectadores (que ahora son lectores), y una inequívoca politización de las manifestaciones artísticas. Se trata de una ingenua puesta al día del ensayo de Walter Benjamin sobre la reproducción mecánica”.

De allí mismo deriva la actual preponderancia que dan a la fotografía. De allí mismo la idea extendida y aceptada de que, sin convenciones de ninguna índole, la fotografía posee una información directa y pura tal, que no necesita de conocimientos previos porque “la fotografía, como información, es accesible directamente a nivel de lectura espontánea”.

Duchamp ataca la funcionalidad simbólica de la pintura y de la imagen pictórica con los “ready-made”. Pretende acabar con lo simbólico reemplazándolo con un objeto, pero, ¿se puede reemplazar la poesía con una rosa?

El posmodernismo se cabreó con que la obra fuese ella misma la acción pictórica y no el relato de una acción. Que ella misma fuese un objeto abstracto sin objetividad, y sin abstracción de un tema anterior al acto mismo de pintar. Que ella misma fuese el caos y no la narración exaltada del caos.

El posmodernismo —filosófico y palabrero–, se asusta con la ausencia del discurso previo y del discurso posterior que estas acciones artísticas cometían, e impusieron con sus curadores eunucos que el previo manifiesto de intenciones, y el discurso estético posterior constituían lo más importante de las artes plásticas y visuales. Que el antes y el después de la obra es más importante que el ahora, el instante mismo de la obra. Ese ahora que es el momento del arte, cuando se encuentran obra y espectador en un diálogo callado, es el momento del silencio, un silencio que le ha sido esencial a la pintura desde los tiempos primeros. Las artes plásticas fueron las únicas que asumieron el silencio desde el principio. Todas las demás artes se alejan de él en su búsqueda, y éste se les hace cada vez más esquivo. Sin embargo, los artistas y curadores de hoy rompen ese silencio del que puede gozar la pintura y se empeñan en introducirle ruido.

Las artes plásticas eran unas artes que no hablaban, pero hacían hablar. Unas artes plásticas y visuales a las que les arrancaron los ojos, a las que les cercenaron las manos. En definitiva, el conceptualismo es un discurso al que no le hace falta la obra.

A partir de los nuevos curadores toda manufactura es academicismo condenable. Toda visibilidad es pasatismo deleznable. Así toda forma y toda composición quedan condenados al fuego, en la mayor inquisición que una contrarreforma artística haya realizado en la época contemporánea.

  • Usted ha afirmado: El gran fracaso de la crítica y la curaduría colombianas se evidencia en su incapacidad para ubicar en el contexto del arte latinoamericano a artistas colombianos fundamentales y significativos. ¿Sigue siendo su opinión o el tiempo la ha corregido?

Lastimosamente sigue siendo así, y siguen cubiertos por una mortaja de silencio artistas colombianos significativos para el arte latinoamericano como Santa María (treinta años anterior a Reverón), Negret (el más imaginativo escultor colombiano, fundador de la escultura contemporánea en América Latina), Ramírez, Roda, González; y a otros más jóvenes, como Óscar Muñoz y José Antonio Suárez, aún no se les ha hecho justicia.

  • ¿Cuánto ha sumado la poesía a su visión del arte?

Toda obra de arte ha de evaluarse de acuerdo con la poesía que contenga. La necesidad de Arte es una necesidad poética, por consiguiente su recepción también debe ser poética.

  • ¿Cuál es su opinión de las Ferias de Arte? ¿Las entiende como necesarias o es otro montaje del Mercado del Arte?

Como su nombre lo indica es un Mercado. Y me parece bien que se venda el Arte. Lo que me parece mal es la falta de criterio con se eligen las obras participantes en esas ferias, porque el amañado y malicioso comercio de las galerías se impone a cualquier criterio de significación, pertinencia o calidad.

  • ¿Las subastas son determinantes para los artistas en cuánto a poder instalar sus nombres?

En las subastas no intervienen los artistas sino los vendedores, los compradores y los calanchines. Ellos instalan los nombres como se instala un producto cosmético.

  • La memoria como una forma de la imaginación. ¿Cuánto influye la memoria en el proceso creativo?

Depende del tipo de obra. En unas es determinante el conocimiento, en otras la intuición, en otras la videncia, en otras la improvisación a la manera del jazz. En otras no es la forma sino la imagen lo definitivo, y en otras la sintaxis de las imágenes puede propiciar el encuentro de lo poético. Parafraseando a Max Bense, hay posibilidad de poesía cuando dos imágenes distintas se encuentran por primera vez.

Prefiero la memoria involuntaria que ya ha tenido un proceso de deglución y asimilación, y que está allá, en el interior, como un sustento anímico dispuesto a soportar las aventuras del espíritu, que esa otra memoria cruda obtenida con ligereza, por simple afán utilitarista, en periódicos viejos o internet, para ser usada de inmediato en “la obra del día” para el consumo voraz de la clientela, y que pretende remplazar la auténtica cultura reposada que ya está integrada al carácter del artista. Ahora las obras “visuales” y narrativas se han vuelto 99% de “investigación” y 1% de realización creativa. Esa investigación debió haber sido hecha hace diez o veinte años, y la información que propició ya debe estar decantada, reposada allá en el fondo de la memoria: ya debe haberse producido una fusión espiritual y debe haber pasado por el tamiz del carácter y la visión del artista.

  • Usted ha estado al frente de Bienales, como la de Medellín en su momento. ¿Las Bienales siguen siendo un foco importante para mirar el arte o han perdido la influencia y convocatoria que tenían?

Es increíble que algunas Bienales mantengan todavía las representaciones oficiales de países que nosotros suprimimos en Medellín hace ya 50 años. Allí el Estado finge de Curador de Arte, lo que es una perversión. Otras han sido tomadas por curadores, y los artistas apenas sirven de ilustradores de sus teorías, y los artistas aceptan, genuflexos, ser utilizados. Y, entre nosotros, muchos curadores terminan vendiendo obras, lo que configura una evidente incompatibilidad ética. Por ejemplo, durante muchísimos años en Medellín ejerció como curador de los dos museos más importantes de la ciudad un galerista comercial que sacaba provecho de su doble condición, pero artistas, universidades, centros culturales, críticos, curadores y periodistas le cohonestaban su gestión indecorosa con su silencio cómplice y con su apoyo irrestricto.

  • ¿Por qué cree usted que en la actualidad no se construye ningún movimiento o vanguardia? ¿Triunfó la unificación del lenguaje, el fin de la historia?

Dice el diccionario de la RAE que “la vanguardia es parte de una fuerza armada, que va delante del cuerpo principal”. Es un término que tomamos prestado de la jerga militar, lo que no me agrada de ningún modo. El que es capaz de adelantarse puede ser el más veloz, o el más arriesgado, pero el arte seguirá sostenido, realizado y alimentado, no por los que más corren sino por los que más poesía y significación logren introducir en su obra. Además, queda la pregunta ¿dónde queda la vanguardia? ¿hacia dónde corren? ¿hacia dónde se adelantan? ¿hacia el norte, hacia el sur, hacia el oriente? ¿es que el arte tiene una sola línea, una sola fila y todos tenemos que alinearnos como en una formación militar? Ni René Char ni Paul Celan, que son dos poetas fundamentales en el siglo XX, son de “vanguardia”.

Mientras más aferrados están a su ideología conservadora y retrógrada los momios propagan como un axioma indiscutible su trampa de “el fin de la historia”, “el fin de las ideologías”, “el fin de las utopías”. Pienso como María Zambrano que “la utopía es la belleza irrenunciable”.

El idioma del arte puede ser universal pero su lenguaje es determinado por circunstancias concretas, y a pesar de su aspiración a la universalidad no acude al esperanto. América hereda el idioma de Europa, pero su lenguaje es propio, como es propia su poética.

  • Hay quienes sostienen en el mundo de la curaduría que la mirada ha cambiado. Al punto de que la idea de tener un cuadro pieza única, ya no existe. Se perdió el contacto fetiche con la obra. ¿Es así?

Un fetiche posee sus propias energías, es inmanente. Pero para que un fetiche opere, para que se haga trascendente, alguien debe saber ponerlo en funcionamiento. Se sabe que nunca un fetiche falso propicia ningún acontecimiento mágico. Parece que estamos en la época de los falsos profetas, los falsos magos, los falsos artistas, las falsas culturas, los falsos fetiches, las falsas vidas.

  • Usted dice: Con la muerte de las ideologías instituimos una sola ideología: la ideología del poder. ¿Hoy el poder en el arte está en manos de curadores, comisarios y, sobre todo, de coleccionistas?

El poder de comercialización y de divulgación está casi totalmente en manos de los centros económicos, informativos y políticos, pero el poder de realizarlo seguirá en manos de los poetas y los artistas. Una cosa es la realización, que yo llamo todavía “creación” (a pesar de los complejos monoteístas de muchos), otra cosa es su difusión y su comercio. Es bien diferente quien pinta un Van Gogh de quien lo promociona, lo subasta y lo vende a sumas que enloquecerían al querido Van Gogh.

Una cosa es quien manufactura un vaso, otra el agua en su interior, y otra quien toma el vaso y bebe su agua.

  • ¿Cuál cree usted que es el lugar del artista en el actual esquema de poder en el Mercado del Arte?

Cada artista elige su lugar personal, pero en el Mercado es el último de la fila. Y si osa salirse, por malestar o por ética, lo borran. Por eso el desborrador se ha hecho indispensable en una historia del arte, crítica y libre.

  • ¿Existe la Modernidad o ha quedado como una palabra establecida pero que ya carece de peso y, quizás, hasta de significado?

Todo arte auténtico es moderno. La modernidad de la obra es el pulso que hoy palpita en ella.

  • Hoy el Arte está atiborrado de toda clase de premios. ¿Cree en los premios?

Creo en el dinero que recibe el artista para su bienestar personal, pero no creo en las jerarquías que tratan de establecer con los premios.

  • ¿Qué tanto influye Instagram y las redes en general en arte?

El arte no tiene nada que hacer en un basurero. Pero hay recicladores maravillosos que sacan de la basura abono y energía.

  • ¿Quién o qué legitima a alguien para ser considerado curador, comisario?

El poder económico o político de las élites culturales.

Ojalá siempre fuese su fuerte su intuición, su fina sensibilidad y su alta cultura. Debemos recordar que la intuición toca más allá que las manos y va más allá que los ojos.

  • Alguien definió a los coleccionistas como quienes tienen más cuadros de los que pueden usar o ver. ¿Está de acuerdo?

Aunque el coleccionismo es una patología ansiosa por poseer lo que no se es capaz de hacer, no todos los coleccionistas son iguales. Hay algunos de fina sensibilidad e intuición, y hay otros sin olfato ni visión que todo lo ven apenas como una inversión económica, y muchos vendedores de arte se aprovechan de su ignorancia e impotencia para venderles dioses falsos.

  • ¿Cuál es el papel que el Estado debería tener en el Arte?

Todos hacen fila para obtener los favores del Estado… pero lo ideal sería que no se inmiscuyera para nada. La cultura oficial es una policía que desea vigilar todo, sea en un Estado Fascista, Comunista, o Neoliberal. El apoyo del Estado llega con la censura ya incorporada. Las censuras ejercidas a obras importantes entre nosotros ya son proverbiales. No podemos olvidar que todo censor alberga una paranoia que siempre le hace creer que lo están ofendiendo. La censura es la ocultación de un deseo. Es una especie de autocastración de un sentimiento que nos avergüenza porque tiene el poder de provocarnos. Hay una promesa en el deseo, que el censor busca impedir que se cumpla. Dice Coetzee: “Un censor que dicta una prohibición […] es como un hombre que trata de impedir que el pene se le ponga erecto”. La censura busca paralizar al artista y obligarle a caminar por el único callejón que le es permitido, para que interiorice las prohibiciones hasta hacerlas suyas, y posteriormente actúe (olvidando que le han sido impuestas), creyendo que son parte de su carácter, de su pensamiento, de su talante. Decía Osip Mandelstam: “Divido toda la literatura mundial entre obras autorizadas y obras no autorizadas. Las primeras son todas basura; las segundas aire robado. Quiero escupirle la cara a cualquier escritor que primero obtiene permiso y luego escribe”. Cuando algunos artistas han conciliado con los censores se abre un espacio neutro, gris, (quisiera decir sucio) que un artista honesto y transparente seguramente no utilizará.

 

  • ¿Cómo ve hoy el Arte en Colombia?

Incierto. Como siempre ha sido y deberá ser. Parte de las certezas son hoy Doris Salcedo, Óscar Muñoz, José Antonio Suárez, Clemencia Echeverri, Juan Manuel Echavarría.