Pura López Colomé: Toda la poesía

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Pura López Colomé (México, 1952) es una de las poetas fundamentales de la poesía mexicana actual en los ámbitos de la creación y la traducción. Aunque igual se ha desenvuelto con autoridad en el ensayo, son estos ámbitos los que le han dispensado, en mi opinión, mayor número de adeptos, o bien, la distinción del lector y de la crítica. En realidad se trata de vasos comunicantes. Al fraguar sus propios poemas y poner en nuestro idioma los de los demás, trabaja a fin de cuentas con la misma sustancia, la de la poesía, ese común denominador que la ha llevado a tantear la relación con la obra personal y la ajena como un inmarcesible ejercicio de transcreación, para decirlo con Haroldo de Campos.

Si bien ha vertido al español a Rilke y a Brecht, la traducción de Pura López Colomé procede sobre todo del inglés e incluye versiones de William Carlos Williams, Hilda Doolittle, Samuel Beckett, Philip Larkin y, desde luego, Seamus Heaney, ofreciéndonos una de las aproximaciones más solventes del Premio Nobel irlandés 1995, entre las que se encuentran las de los volúmenes Isla de las estaciones y Viendo visiones, aparecidos en México en 1991 y 1998, respectivamente. El hecho de haber revisitado después algunas de estas voces a través del ensayo ⸺como lo constata en Afluentes, libro en dicho género publicado en 2010, e Imperfecta semejanza. Meditaciones y diálogos en torno a la traducción poética, de 2015⸺ nos permite deducir que, además de un espacio para la revelación y el conocimiento, Pura López Colomé ha asumido la poesía como una actividad lúdica por alternante, vaya, una instancia vital para el gozo anímico, donde los intereses o las preocupaciones literarios, en constante permuta, cobran la naturalidad de una querencia.

Lo que intento aseverar es que Pura López Colomé ha traducido por gusto la familia de autores entrañables con los que, por lo demás, ha venido conversando en su trabajo de invención. Basta echar un ojo a los epígrafes, que confirman las correspondencias entre la dimensión trascendental de la tradición lírica anglosajona, por llamarla de una manera, y la densidad espiritual latente en la poeta mexicana. No obstante, debido quizás a la levedad de su atmósfera, la poesía de Pura López Colomé escapa a las clasificaciones. Fiel a la constelación de recurrencias que la caracterizan —el ser, la memoria, el topos divino, los silenciosos rituales cotidianos—, apegada a un sistema de referentes de orden sagrado, resulta inasible a las definiciones. Y tal vez por ello, o sea, por una suerte de ubicuidad a la que está destinada en su condición de errante ingravidez.

Así, los Poemas reunidos 1985-2012 (Práctica Mortal, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2013) de Pura López Colomé nos muestran paradójicamente una suma poética cuya totalidad no garantiza una conclusión. Podemos advertir una inclinación mística y, a la par, un fuerte componente reflexivo sobre la naturaleza de las cosas, lo que añade un cariz filosófico distinto al religioso en una feliz alianza entre Platón y Lucrecio. Por otro lado, hay a lo largo de esta vasta compilación de setecientas páginas un realismo anecdótico que no solemos encontrar por lo general en la poesía de resonancia mística o de resolución intelectual. Porque la de Pura López Colomé no es tampoco, como se apuntó, una escritura sujeta a taxonomías. Junto al influjo del teólogo Jacob Böehme y los ecos del iluminado Angelus Silesius, la evocación de sor Juana y Emily Dickinson, o de la palabra trémula de Paul Celan, el recuento alcanza una frecuencia poética en la que la soledad y el contemptus mundi devienen un lugar ameno, la distancia propicia para experimentar la oquedad interior, el margen de extrañamiento del que surgen los poemas.

Leer de modo continuo el corpus poético de Pura López Colomé invita a visualizar la línea evolutiva de un proceso de búsqueda que ha tenido por señuelo la consecución de un misterio supremo, el que cobija la existencia material y la no menos inquietante materialidad del vacío; el enigma de las causas y los efectos que parecen venir de ninguna parte y dirigirse a ninguna otra. Pero lo meritorio es que la autora ha sabido incorporar a tal disquisición la mitología de la memoria, la observación de la realidad doméstica, el imperceptible e ignorado microcosmos de la física, las presuntas edades del tiempo y los accidentes de la geología, los fenómenos del azar y, recientemente en Via Corporis (Fondo de Cultura Económica, 2016), el cable de alta tensión del dolor catártico. Dueña de una prosodia a la medida del silencio o de la enunciación, a juzgar por el panorama global de los Poemas reunidos, Pura López Colomé ha concebido en versos cortos y de mediana longitud un ejemplo de coherencia retórica respecto al perfil de su poética, arriba delineada. Con una proyección textual que podríamos estimar minimalista, ha planteado distintas formas de rendimiento del espacio tipográfico, insuflando a su obra las suficientes variantes para reinventarla, abriéndola al futuro.