Marta Gili: mi pasión por la foto no es una pasión intuitiva o visceral

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Se habla con insistencia de la relación de los museos con el público, ¿ha cambiado esa relación? Y de ser así, ¿qué tanto ha cambiado?

Han cambiado los museos y han cambiado los públicos. Muchos museos han pasado de ser espacios estáticos, de conservación de patrimonio, a lugares con dinámicas más abiertas y, a veces, algo proclives a la gentrificación. Los públicos se han diversificado; para algunos, el museo es un lugar en el que se observa la vida con distancia critica; para otros, el museo debe ofrecer ante todo entretenimiento. Y entre ambas opciones hay un sin fin de variedades.

Usted ha sido la primera mujer en dirigir uno de los grandes museos franceses. ¿Encontró algún tipo de rechazo, como mujer y como extranjera, por estar al frente de una institución tan importante?

El Jeu de Paume no es un Museo, en el sentido de que no tiene una colección. Es un centro de arte, y por tanto son las exposiciones y las actividades entorno a la palabra los ejes principales de su misión. Cuando fui nombrada directora en el año 2006, yo era casi la única mujer al frente de una institución artística, y además la única extranjera. Es verdad, fue difícil, pero aprendí a saborear las ventajas de ese exilio. Una toma distancia crítica respecto a lo dado por sabido y por hecho, y creo que eso ayuda a tomar decisiones que no son las previsibles y permite “atreverse” a tomar riesgos.

¿Hay machismo en los museos y en las artes visuales en general?

El machismo está en todas partes. En el arte también.

¿Cuál sería la función social de los museos?

Creo que es la función primordial, entendiendo por social todo aquello que compete a la vida vivida por los ciudadanos y ciudadanas. El Museo es un espacio publico de reflexión y de pensamiento, un espacio de también donde se comparten sensibilidades y experiencias.

¿Cuál sería la diferencia entre estar al frente (como fue su caso) de la Fundación de La Caixa y estar al frente de un museo?

Yo no estaba al frente de la Fundación “la Caixa”, que tiene una labor muy amplia, cultural, social y asistencial. Solamente era responsable del Departamento de Artes Visuales. La libertad de acción y de programación en el Jeu de Paume ha sido mucha más amplia e intensa que en la Fundación “la Caixa”.

Los museos, ¿pueden contribuir a la memoria emocional y colectiva del público?

Sí, los museos deben promover experiencias emocionales y de reflexión de todo tipo.

¿Por qué cree usted que la fotografía esté comenzando a ocupar un lugar importante en muestras, ensayos y en ventas?

Probablemente no exista una sola razón. Las imágenes forman parte de nuestro universo existencial, tanto para bien como para mal. Además, se han convertido, como todo lo que nos rodea, en un objeto de consumo más, de mercadeo. Así que creo que es saludable tomar distancia de las imágenes, como posiblemente habría que hacerlo con los objetos que consumimos.

Usted ha dicho: Cuando llegué (a París), el papel de cada institución artística y cultural estaba muy fijado de antemano. ¿Ya no es así?

Si, todavía es así.

¿Cuál es el límite, en la fotografía, para la denuncia política o social?

No hay límites. La denuncia es un primer paso, importante, pero el análisis y contextualización, así como la participación de las personas implicadas, también son esenciales.

Usted ha dicho: Hoy el Jeu de Paume es el espacio para hablar de los lugares políticos de la imagen. ¿Cuál sería ese lugar político?

Es el lugar en el que la fotografía participa de los debates multidisciplinarios de nuestra sociedad contemporánea y global.

Una foto ¿puede ser sólo un encuentro poético o además debe contarnos algo?

Una fotografía no nos dice nada. Puede decir lo que nosotros queramos que diga, o revelar lo que ella esconde, lo no dicho o lo no mostrado. A las imágenes hay que hacerlas hablar con un espíritu abierto, crítico e intelectualmente ambicioso.

Las ferias de arte ¿han contribuido a la difusión de la fotografía?

En muchos casos, sí lo han hecho. En otros, han participado en su transformación en objeto de consumo.

¿Qué tanto las tecnologías, las redes, ayudan a la labor de los museos?

Creo que, como todas las tecnologías, debemos ponerlas al servicio de las ciudadanas y los ciudadanos, en vez de estar a su servicio. Las tecnologías ni son buenas ni son malas. Depende del uso que les demos.

¿Cómo preservar la autonomía de un museo cuando interviene el mecenazgo privado?

Poniendo líneas rojas. No todo vale en honor del dinero.

¿Sigue siendo escasa la programación en los museos de artistas mujeres?

Creo que si, aunque después del #MeToo las cosas van mejorando. Sin embargo, no debemos bajar la guardia.

¿Qué influencia ha tenido #MeToo en la fotografía?

Como dije, ha sido importante para dar visibilidad a proyectos artísticos realizados por mujeres que estaban totalmente ninguneados.

Usted ha dicho: Mi pasión por la foto no es una de esas pasiones intuitivas o viscerales. ¿Desde qué lugar se vincula con la fotografía?

Para mí, las imágenes y el pensamiento van unidos. Creo que hoy más que nunca deberíamos reconsiderar nuestros prejuicios visuales, porque están íntimamente ligados a los prejuicios en nuestra vida vivida. Fotografiar o trabajar con imágenes se ha convertido en una responsabilidad social y política innegable. No todo vale.

¿Qué cree usted que han sumado los curadores, los comisarios, a la fotografía?

La curaduría es una mediación, entre la/el artista, la audiencia y la institución. Y como tal debe ser competente, abierta y crítica. Una buena curaduría abre múltiples posibilidades de reflexión y de emoción.

¿Hay límites para asumir riesgos e independencia, en el momento en que se organiza una muestra?

Los límites son porosos y artificiales. El objetivo supremo de toda exposición sería, para mí, el de tratar al espectador como un igual, sin otorgarse posiciones de poder o de autosuficiencia como curador/a o como institucion. Y eso, hoy en día, no es habitual.

¿En qué proyecto se encuentra?

En breve, voy a tomar la dirección de l’École Nationale Supérieur de Photographie de Arles, en el Sur de Francia. Es un proyecto que me emociona, justamente porque trata la formación, el intercambio y la transmisión de experiencias.