Luis Camnitzer: el artista es un excéntrico y por lo tanto una especie de emigrado

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Usted plantea que ante todo somos individuos éticos. Ese individuo ético, ¿de qué manera se manifiesta en el arte?

El que seamos éticos no significa que actuemos éticamente, sino que nuestras decisiones deberían ser evaluadas éticamente. La ética es el pegamento que nos ata a la comunidad y que nos obliga a ser colectivamente responsables. El arte en ese sentido es un campo lleno de decisiones y por lo tanto tenemos que evaluarlas antes de compartir nuestra producción.

Hay quienes centran sus comienzos en una actitud muy radical. ¿Está de acuerdo?

No creo que se pueda generalizar. Pero pienso que partir de una posición radical ayuda a ver en dónde se da a torcer el brazo y por qué. Es bueno, siempre que no perdamos de vista la realidad en la que nos movemos. Hay realidades de las que, desgraciadamente, no podemos escapar, pero por lo menos tenemos que tener conciencia de la forma en que nos afectan para así minimizar su efecto corruptor.

Usted dijo con respecto a Trump: el tipo tiene el destino del mundo en la punta del dedo; sólo se trata de apretar un botón y ¡BOOM!—…también, nos guste o no, somos actores responsables del problema. ¿Cuál sería el lugar del artista en cuanto a ser parte del problema?

Hace algunos años escribí que el comportamiento ético es el único acto de resistencia que nos queda. Eso se aplica a cualquier ciudadano y por lo tanto también al artista. Somos parte del problema porque permitimos que gente como Trump llegue al poder y nos pueda someter a su irresponsabilidad egomaníaca. Trump es solamente uno de los ejemplos, un personaje que emula a Berlusconi sin lograrlo, lo que lo hace más patético y peligroso.

¿Por qué cree que el arte hoy, en general, tiende a evitar el compromiso político y social en sus obras?

No puedo decir que todo el arte evite el compromiso. Sigue en pie la disyuntiva de si el arte tiene que ser autónomo o no. El arte formalista lo evita, el arte de práctica social no. En realidad, no importa mucho, porque hay arte bueno y malo en ambos campos, pero lo importante al final es que el arte sea una forma de conocimiento y que el artista y el público aprendan algo en el proceso de hacerlo, de comunicarlo. Y eso no es un problema de contenido sino de empoderamiento.

En usted viven Alemania, Uruguay, Estados Unidos. ¿Cómo influye en sus obras el concepto de frontera, de migración?

Alemania no vive mucho en mí ya que tenía un año cuando mi familia emigró. En general, en nuestra sociedad, el artista es un excéntrico y por lo tanto una especie de emigrado. El concepto de frontera es artificial y no tiene importancia. Más importante es la distancia crítica, que por definición es anti-frontera.

¿Cuál es límite de la denuncia en arte para no caer en un simple panfleto y perdurar como obra de arte?

El límite está dado por el lugar en donde actúa el contenido. Si la obra se limita a expresar la opinión del artista, lo más probable es que la obra termine en panfleto. Si la obra se maneja en la evocación y se realiza en la imaginación del espectador, tiene más posibilidad de perdurar.

Lo que usted ha dado en llamar: Payocracia, ¿ha invadido el mundo del arte o ha quedado dentro, sobre todo, del ámbito político?

El término payasocracia se aplica a ciertas formas de gobierno (Berlusconi, Trump, Macri), a veces más obviamente ilustrado cuando los cómicos profesionales entran a la política, como Pepe Grillo en Italia y ahora posiblemente un candidato en Ucrania.

En Hospicio de utopías fallidas, en el Museo Reina Sofía, usted teoriza, como sucede siempre en su obra. Pero en una entrevista menciona que no sabía que el Reina Sofía en el pasado fue un hospital. ¿Qué tanto hubiese modificado su muestra el haberlo sabido?

Me pareció una coincidencia feliz. Si lo hubiera sabido de antemano quizás habría buscado otro título. De cualquier manera, el título se refería más a la revisión general de obra que a un filtro específico para un conjunto particular de obras.

Mi generación en particular, sin ser la única o la última, sufre de: división de personalidad. ¿Podría explicar esa división?

No se cual es el contexto de la cita, o a que división me refiero cuando dije eso.

Usted señala su conflicto con lo que llama: la generación del ego. ¿Sería una explicación de la distancia del arte, en general, con lo social y en especial con lo político?

Vivimos en una sociedad muy hipócrita porque acentúa la colectivización y el anonimato para mantener un mercado global, mientras utiliza una retórica que enfatiza el orgullo nacional y el triunfo individualista. La educación nos prepara para sobrevivir económicamente dentro de esta configuración mientras que nos hace creer que nos ayuda a madurar como individuos independientes. El arte en esto tiene una función extraña, porque por un lado es una actividad individual e íntima, y por otro se trata de adapatar a los valores mercantiles determinados por una clase pudiente. Terminamos creyendo que somos “nosotros” e independientes, mientras en realidad somos una extensión servil de “ellos”. Cuando ese conflicto se hace patente, a veces surgen obras interesantes capaces de sobrevivir por un ratito antes de ser abosorbidas por esa estructura.

Unos de los problemas serios es la imposibilidad de los talentos emergentes de acceder a rutas de difusión de sus obras. ¿Qué tipo de poderes actúan para que esa imposibilidad de acceso se materialice y perjudique tanto?

En general diría que son los prejuicios imperantes. El canon dentro del cual funcionamos como artistas está bastante definido, podemos desafiarlo un poco pero no demasiado, porque si nos pasamos dejamos de ser clasificados como artistas. Luego están los prejuicios de clase, del chovinismo, de la moda, de las expectativas del mercado en general. Son todas limitaciones que determinan el campo en el que hay que trabajar. Aparte de eso está el hecho práctico de que las galería invierten económicamente en los artistas que promueven, por lo tanto tienen que tener un grado de confianza en que esa inversión dará réditos. Se espera que el artista produzca con cierta estabilidad por un tiempo prolongado. Es un poco como un matrimonio, y los matrimonios tienen tanto acuerdos explícitos como tácitos, y son estos últimos (o su ausencia) los que crean los problemas.

¿Las ferias de arte han sumado frivolidad, Payasocracia, o más ego a las nuevas generaciones?

Las ferias de arte tienenla ventaja de que son transparentes. Son ferias comerciales y declaran la obra de arte como mercancía y la tratan como tal. Hay cierta honestidad en esto que me obliga a aceptarlas. En todo caso critico al sistema que generó a las ferias, pero no a las ferias mismas.

Los curadores, los comisarios ¿qué han aportado?

Depende. Algunos aportan su propio divismo y ego. Otros ayudan a dar resonancia a artistas que por si solos no la lograrían. El buen comisario es un mediador que ayuda a transmitir el mensaje del artista. El mal comisario es el que solamente se transmite a si mismo.

¿Es cierto que el verdadero poder lo ostentan los coleccionistas?

En cierto modo sí, pero no se trata de individuos aislados, sino de un conglomerado complejo de personajes, muchas veces financiado por los coleccionistas aun si no dirigen la orquesta.

Usted suele señalar que le interesa más la pedagogía que hacer obra. ¿Sigue siendo así y por qué?

Sí, y cada vez más. Primero porque veo al arte como una manifestación pedagógica. Segundo, más concretamente, porque siento que la inversión de mi energía es más eficiente si pienso en sistemas educativos que si me dedico a hacer obras que terminan en algún muro relativamente escondido.

Leyendo distintas declaraciones suyas queda la sensación de que existen, en el arte, en la política, y en lo social, lecturas de la periferia y otras de la hegemonía. ¿De qué manera se manifiesta cada una?

Hay diferencias provocadas por el control y el flujo de la información. Ésta tiende a ser unidireccional entre centro y periferia, en donde el centro emite y la periferia recibe. O por lo menos, lo que emite la periferia queda dentro de ella. El centro trata de homogeneizar hegemónicamente el mercado y los valores que lo gobiernan. Con ello, en la medida que hay sometimiento, la comunicación local se va empobreciendo. Es en la resistencia contra este proceso que emprendemos estrategias de descolonización y de pensamiento independiente. Pero no sé si es una batalla que se pueda ganar a largo plazo.

¿Puede una adecuada publicidad, marketing, construir un artista? ¿Se abusa de esas herramientas hoy?

Sí y sí.

¿Existe alguna posibilidad de que el poder se distribuya equitativamente entre el mercado, el artista, las galerías, los museos y el público?

Creo que no. Pero por eso es fundamental aceptar que el arte es un instrumento cognoscitivo y no de producción, y que como tal tiene que estar integrado a todo el proceso educativo, no importa cuales sean las disciplinas que se enseñen.

¿En qué proyecto se encuentra?

En lograr que la gente entienda lo que acabo de decir.