Lo que decían de Balzac sus contemporáneos

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M. Honoré de Balzac, quien no es descendiente ni está emparentado con el famoso Secretario General del Interior, es un muchacho gordo y muy sucio en su vestimenta, amanerado en su estilo y muy inclinado a gastar lo que no tiene.

Louis Veuillot, L’Universe, 5 de julio de 1837.

 

Uno de los peores defectos de M. de Balzac es el de haber creado un mundo imaginario, que él ha tomado tan seriamente que se obstina en considerarlo real.

Louis Reybaud, Le Constitutionnel, 15 de julio de 1840.

 

Balzac… tiene el aspecto de estar ocupado en acabar lo que comenzó… los cien libros que nadie leerá.

Sainte-Beuve, Portraits Contemporains, 1 de marzo de 1840

 

Se nos hace una tarea sumamente difícil hablar de los libros de M. de Balzac. Ese inagotable escritor se empecina en sus errores con una perseverancia que nos hace renunciar incluso a reprenderlo.

La Revue de Deux Mondes 1 de Dic. De 1832.

 

Balzac ha escrito muchos libros execrables y vergonzosos que no podríamos nombrar… el adulterio, el libertinaje y otros vicios que no mencionamos no han tenido un pintor, desde que Sade muriera en Bicêtre, más complaciente y descarado que Balzac.

Louis Veuillot, Mélanges, 1856.

 

La inmoralidad es una de las características generales de la obra de Balzac, digan lo que digan sus admiradores. Su lectura es malsana y corruptora. Pierre Larousse, Grand

Dictionnaire Universel du xix Siècle, 1869.

 

M. de Balzac escribe y habla un gran número de idiomas con una pureza y una facilidad que provoca el asombro de todos aquellos que no conocen esos idiomas. Citaremos entre otros, el indostano, el tártaro, el manchú y sobre todo el galimatías.

Le Charivari, 26 de junio de 1837.

 

Sin hablar de neologismos innumerables y absurdos, para no decir barbarismos, que él amontona en sus libros con una negligencia pretenciosa, podríamos encontrar veinte faltas por lo menos en cada página que muestran su irremisible falta gramatical. M. de Balzac es perfectamente ajeno a las más vulgares nociones de sintaxis. No existen, en el arte de escribir, principios por elementales que sean que él no parezca ignorar. En cuanto a los pronombres relativos y posesivos, los adverbios, el novelista se sirve de ellos como de aquellos destacamentos de caballería ligera que uno deja en medio de un ejército en derrota para acrecentar el desorden y la carnicería; son cuerpos de reserva destinados, en los momentos decisivos, a hacer la masacre de la lengua más completa.

Jacques Chaudesaigues, Les Écrivains Modernes, 1839.

 

¡Qué hombre hubiera sido Balzac si hubiera sabido escribir!

Gustave Flaubert, Correspondence, diciembre de 1852.