Javier Diaz-Guardiola: La gente suele decir que no entiende el arte contemporáneo y se equivoca

0
1128
Alberto Herrero

¿Qué función cumplen desde su experiencia las ferias de arte?

Una fería debería tener como cometido permitirle a los coleccionistas acceder a galerías y a artistas a los que no tienen acceso en su propia ciudad y contexto. El problema es que se han diversificado tanto, hay tal inflación de las mismas, que hoy por hoy son clones las unas de las otras y solo sirven para que hagan caja los que las organizan.

 

¿Es posible esperar un escenario de mayor inclusión de artistas al Mercado del arte desde Instagram?

Instagram es una red social que ayuda a dar visibilidad a determinados artistas y trabajos. En algunos casos ha servido para que algunos creadores salten de ahí al mainstream, y para que otros encuentren un mercado alternativo en el que ofrecer sus productos Estos días en Madrid, Cristina de Middel como comisaria incluye a Ana Hell, a la que ella no conocía personalmente, en una de las muestras de PhotoEspaña porque le gustó su trabajo en Instagram. Yo he descubierto a artistas interesantes a los que luego he ofrecido entrevistas por esta vía. Pero de ahí a considerar que sustituya a vías más convencionales, me resulta difícil creerlo.

 

¿Los críticos, hoy, contribuyen a construir una memoria histórica del arte?

La crítica tiene mucho de gustos y afinidades determindas tanto por un contexto espacial como temporal. En ese sentido, artistas que fueron rechazados por la crítica en el pasado son redescubiertos hoy porque son “leídos” bajo parámetros diferentes. La crítica es subjetiva. La memoria que pueda desarrollar, también lo será.

 

Hay quienes opinan que los críticos están más involucrados en el mercado de arte, pero no tienen influencia en él. ¿Es así?

Depende siempre del crítico y del mercado. La influencia de un crítico, por otro lado, no se basa únicamente en el impacto de una reseña. Hay críticos que son comisarios, críticos que realizan labores de ojeadores, críticos que son consultados por las galerías cuando estos quieren ampliar sus carteras de negocio… En ese sentido, la influencia en el mercado es clara.

 

Desde su criterio, ¿para qué y desde dónde se debe hacer la crítica?

Siempre digo que el del arte es un sistema con sus propias reglas y su propio lenguaje, no siempre al alcance de todos. El crítico, pues, realiza una labor de traductor-mediador que es necesaria. En ese sentido, la crítica se puede hacer desde mil púlpitos, pero se trata de que estos sean de calidad y fiables. En definitiva: no vale con que cualquiera se abra un blog y se ponga a despotricar en twitter.

 

¿Qué valor y peso ve usted que tengan las galerías de arte?

También las galerías cumplen su función. El problema en este caso es que no se puede ver a todas bajo el mismo prisma ni trabajando en igualdad de condiciones. No se puede decir que las galerías ya no tienen peso en el mercado o que no venden. Afirmar eso es provocar la risa de firmas como Hauser & Wirth, por ejemplo. Otra cosa es el modelo de galería que nos interesa: yo apuesto por galerías que representan a artistas pero también que les ayudan a producir, que los introducen en nuevos mercados, que les acompañan en su desarrollo creativo. Tener una galería no es poner un local y llenarlo de cosas.

 

Usted escribe para un medio importante de España. Hay sectores del arte que opinan que es muy raro que alguien que trabaje –o escriba– para un medio asuma una posición crítica sobre el funcionamiento interno del arte. ¿Lo cree así?

No entiendo la contradicción. ¡Ojalá el sector del arte fuera tan boyante en España que invirtiera tantísimo en publicidad en los medios que estos se encontraran en la tesitura de hacer o no una crítica mala contra los anunciantes! En cualquier caso, y aunque así fuera, ahí radicaría su poder y su independencia, su capacidad para estar por encima de estos condicionantes.

 

¿Los coleccionistas son tan influyentes como se dice? ¿Deciden precios e imponen artistas?

Puede que haya tres o cuatro coleccionistas en el mundo que son influyentes y que marcan tendencias con sus adquisiciones. Entre otras cosas, porque el ser humano es vanidoso, caprichoso y codicioso, de forma que si le ve a un vecino un buen coche y se compra uno igual, ¿cómo no va a querer tener un Jeff Koons o una Marina Abramovic como él? Pero últimamente siento que se les da una preponderancia a los coleccionistas en el mercado del arte a la hora de marcar tendencia que en absoluto les corresponde. Por dos motivos: uno, porque muchos coleccionan para especular. Dos: porque una colección siempre responde a gustos subjetivos. En ningún caso se está construyendo un relato de la historia del arte basado en la calidad y los méritos de los artistas.

 

Usted tiene un Blog llamado: Siete de Un Golpe ¿Qué intenta desde ese lugar?

El mío es un blog particular, que, como siempre digo, su principal destinatario soy yo mismo. Eso no quita que me alegre saber que agrada a los demás. Lo puse en marcha hace ya unos siete u ocho años porque necesitaba un contenedor en el que albergar todos mis textos periodísticos, que veía que se iban perdiendo más allá de lo publicado en papel. Necesitaba crear mi propia hemeroteca. Con el tiempo, también me ha servido como repositorio en el que incluir otro tipo de publicaciones como textos de catálogos, conferencias, artículos que me apetecía escribir pero que no se han publicado… Su nombre, “Siete de Un Golpe” es un guiño al sastrecillo valiente, que mató siete moscas de un solo golpe de cinturón, pero hace referencia a que en él se va recogiendo en, en sus comienzos, el texto semanal que yo escribía en ABC Cultural, el medio en el que hoy trabajo y del que coordino su sección de arte. Era la semana, siete días, resumidas en un solo golpe textual.

 

Es posible ver en su blog un espacio para artistas en el que se genera arte que no responde a un perfil de Mercado. ¿Es un intento de llegar donde los medios grandes no quieren o no pueden hacerlo?

En mi caso no es así porque mi blog es un reflejo de lo que hago en ABC y ABC Cultural. Que existan esas secciones en estos medios en los que trabajo y en mi blog personal responde más a una actitud personal, a una curiosidad inherente al periodista y a admitir y reconocer que el mundo de arte es plural, heterogéneo y para nada uniforme. Me interesan más esas voces porque es donde se van gestando respuestas diferentes a las oficiales.

 

Se cree que tanto hablar sobre el Mercado del Arte potencia su influencia. ¿Lo ve así?

Por mucho que yo repita que quiero ser millonario, eso no se cumple. Hablar del mercado del arte solo sirve para eso: para hablar y pasar el rato.

 

¿Quiénes son en verdad los que imponen precios?

“Imponer” es una palabra demasiado fuerte. El mercado tiene sus propias reglas, y los ajustes se terminan realizando de manera “natural”. Quiero decir que un artista o un galerista pueden pedir lo que quiera por un trabajo. Otra cosa es que haya alguien dispuesto a pagar esa cantidad. Sin duda, la demanda es la que decide muchos precios. Si hay poca oferta y mucha codicia, los precios suben solos. Si el galerista quiere especular a ese respecto, suben muchísimo más.

 

¿Instagram es un sitio que consulta para sus notas?

Uso instagram como divertimento, no deja de ser una red social, pero es una vía para conocer a artistas muevos, para estar al cabo de la calle de lo que van haciendo determinados museos o galerías, y, como no, un cuaderno personal en el que yo mismo voy publicando detalles de obras que a mí me han llamado la atención en mis paseos. Pero mi cuenta es un delirio, porque conjuga mis dos pasiones: el arte y los muñecos playmobil. Yo no tengo instagram para publicar 300 selfies diarios.

 

¿Los curadores son tan independientes como en ocasiones se presentan o de alguna manera responden a intereses?

Nadie es objetivo al cien por cien. Un comisario se guía por unos intereses tremendamente subjetivos que son sus propios gustos personales, que dieron pie a una formación y una especialización. Me costaría creer que un comisario especializado en aspectos de género haga una muestra sobre geometrismo abstracto. Ahora bien: eso no significa que la subjetividad de determinados comisarios no dé pie a proyectos brillantes. Aunque los hagas con tus amigos.

¿Qué cree usted que ha sumado el Arte conceptual a la historia del arte?

Confusión… Es broma. El arte conceptual es aquel que intenta demostrar que la idea es más importante que su consecución o formalización. Eso, para muchos, abrió la espita del “todo vale” en arte. Sin embargo, muchas veces se nos vende como arte conceptual algo que no tiene ningún tipo de sustento intelectual, o un montón de legajos en vitrinas.

 

¿Las subastas dieron visibilidad a los artistas o han deteriorado la imagen en general de los precios?

El mercado secundario debería ser una buena vía para recuperar para el mercado obra de artistas imposible ya de adquirir porque fallecieron. Es decir, en mi opinión, no tiene sentido que haya obra de creadores vivos en subastas. En ese caso, estamos ante verdaderos ejercicios de especulación. Y los precios, una vez más, dependen más del que demanda que del que oferta. Se puede pedir una riñonada por una obra si así se desea, pero si no hay comprador, de poco sirve.

 

¿Los museos han quedado rezagados del mundo del arte?

Yo creo que es justo lo contrario. Los museos y centros de arte (no todos, que tampoco se puede generalizar) se han preocupado por dejar de ser mausoleos en los que se acumulaban colecciones y polvo. Hoy tienden a ser espacios vivos, en los que rotan sus colecciones, se complementan con exposiciones temporales, se enriquecen con programas didácticos. Los museos cada vez están más obsesionados por las cifras de visitantes, ponen en marcha actividades para atraerlos (noche de los museos, jornadas gratuitas…). Hasta cuentan con comunity managers y redes sociales más o menos activas.

 

Desde los inicios del siglo XXI se ha vivido un boom en los precios de venta del Arte hasta la crisis del 2008. ¿Regresaron eso viejos tiempos de altos precios o los precios se amesetaron?

No nos engañemos: durante la crisis económica, el arte fue un valor refugio, de forma que los precios de los grandes no cayeron. Todo lo contrario: ante la inseguridad que daba invertir en ladrillo o en bolsa, un Tàpies, un Monet, eran valores seguros. Este no se devaluaría pese a los vaivenes de la economía. Por eso, en el periodo de crisis es cuando se dieron las ventas más estratosféricas en subastas. También el mercado del lujo fue el que más creció, como creció el número de millonarios. La gente de la calle y la gente con dinero viven en ligas diferentes. Con crisis o sin ellas. Así que los precios desorbitados nunca se desinflaron.

 

¿Tal vez el gran error del Mercado del Arte haya sido legitimar artistas desde los precios, caso Koons, Hirst y otros?

Artistas como los mencionados son, en la mayoría de los casos, grandes ejemplos especulativos. Pero no nos preocupemos tanto por el mercado del arte y más por la teoría y la historia del arte. ¿Dónde quedarán creadores como estos en un par de siglos? Eso es lo que nos tiene que obsesionar realmente. ¿Han aportado algo? ¿Escribieron nuevas páginas de la Historia? A los que pagaron una millonada por ellos ahora, esto les preocupará menos porque estarán ya criando malvas.

 

¿Cuál es, a su entender, el lugar actual del arte contemporáneo español en el mercado del arte?

El mercado del arte en España es pequeño y débil. Sujeto a un montón de vaivenes y para nada protegido legalmente (no tenemos leyes de mecenazgo, el sistema impositivo es alto, el educativo no le da importancia a la disciplina…). Nada tiene que ver con la calidad y potencia creativa de nuestros artistas, que es histórica, y que tiene a sus espaldas una tradición que nos emparenta con autores como Velázquez o Goya, por nombrar a los más sobresalientes. Ahora bien, y aunque se va corrigiendo, en un mundo globalizado como el nuestro, la presencia de nuestros artistas en el mercado internacional es tímida. La culpa no es de los creadores. Son muchos los factores que influyen. Y esta situación no es exclusiva de nuestro país. Sin embargo, sigo pensando que en buena medida la culpa es de los “grandes curators” internacionales, que no hacen realmente su trabajo, que es el de buscar nuevos valores más allá de los ámbitos que conocen o que resultan exóticos, lo que se convierte en el único valor del artista de turno seleccionado.

 

¿El arte de hoy ha abandonado su compromiso social, ideológico de otros tiempos o el Street art ocupa ahora ese lugar?

La gente corriente suele decir que no entiende el arte contemporáneo y se equivoca. Creen que entienden la pintura barroca porque ven “figuritas” que identifican con seres humanos. Sin embargo, se vuelven a equivocar. En una sociedad anestesiada como la nuestra y tan superficial, hemos olvidado el significado alegórico de un montón de referentes contenidos en el arte antiguo (¿por qué los santos van vestidos de un color u otro? ¿Qué significan determinados símbolos de una pintura medieval como la presencia de determinadas flores? ¿Qué representa este o aquel dios mitológico?), de forma que, ante una pintura del pasado no nos enteramos de la misa la mitad. Por otro lado, en ninguna época anterior a la nuestra el artista ha gozado de tanta libertad y se ha preocupado tanto por los temas que preocupan a la sociedad. No recuerdo a los grandes maestros de la Historia hablando de fronteras, refugiados, del Sida, de cuestiones de género, de maltrato animal… El arte callejero tampoco es la panacea. En muchos casos hablamos de obras tremendamente superficiales, cuando no decorativos. Mira si no por qué está entrando en galerías y museos con tanta rapidez.

 

Las estadísticas dicen que: Hong Kong destaca actualmente como capital china del Arte Contemporáneo, con un 48 % del producto de ventas de las subastas, por delante de Pekín (37%) y Shanghái (8 %). ¿Es hoy Asia el gran protagonista en el Mercado en el arte?

No lo creo. Lo que hay allí es un mercado incipiente. Ya se intentó aupar a sus autores hace una década y aquello resultó ser un gran bluf, porque no se potenciaba calidad sino estrategia empresarial. Y no nos engañemos: el mercado está ahora mismo en oriente próximo. Los grandes jeques son los que se están dejando fortunas en Leonardos. Y es allí donde ha plantado su primera sede internacional el Louvre. ¿Casualidad?

 

Will Gompertz, actual director de Arte de la BBC y ex director de comunicación de la Tate Gallery londinense dice: el nivel de secretismo que hay en el mercado del arte es totalmente inaceptable. Hay que regularlo. ¿El arte se maneja a tontas y a locas?

Se ve que lo conoce bien. El arte es subjetivo. Es complicado “regular” nada en ese sentido. ¡Como si la Tate estuviera fuera de esta rueda! Muchos museos legitiman a artistas por el hecho de exponerlos. Estén vivos o muertos. Hacen que fijemos la atención en ellos. Y los revalorizan indirectamente. Es de necios pensar que una industria tan poderosa como la del arte se rige por ciencias infusas.

 

¿Cuál es la función del Estado, desde sus instituciones, que deba cumplir en el arte?

La misión fundamental del Estado debe de ser invertir en educación. Eso acabaría con muchos males que persiguen al mundo del arte. Luego vienen otras obligaciones, como proteger a sus creadores, legislando adecuadamente, conservar su patrimonio, fomentar sus tradiciones y exportarlas… Los Estados tienen mucho trabajo que hacer. No todo puede dejarse al libre mercado.

 

¿Arte e innovación dejaron de transitar de la mano en el mundo del arte?

En absoluto. Lo que ocurre es que no todos los años podemos tener a un Leonardo o un Picasso. Hacen falta tiempo y contextos.